La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Breviario

 

HYMNI / HIMNOS (1)

Hortator ille primus et doctor novae
(Sabbato. Ad tertiam / Sábado de Cuaresma. Tercia)
   Hortator ille primus et doctor novae
Fuit salutis: nam sacrato in flumine
Veterum pietas lavit errorum notas:
Sed, tincta postquam membra defaecaverat,
Coelo refulgens influebat Spiritus.

   Hoc ex lavacro labe dempta criminum
Ibant renati non secus quam si rudis
Auri recocta vena pulchrum splendeat:
Micet metalli sive lux argentei
Sudum polito praenitens purgamine.
   Honor, potestas.

   Él fue el primer predicador y maestro de la nueva salvación; pues en un río sagrado lavó las manchas expiadas de antiguas faltas, pero una vez que había limpiado los salpicados cuerpos, penetraba en ellos el Espíritu brillando desde el cielo.

   De este bautismo salían renacidos, tras haber disipado la mácula del pecado, no de otra forma a como hermosamente brilla una vena fundida de oro en bruto o a como relumbra la luz del metal argénteo con su sereno resplandor cuando se pule la escoria.
   Honor, poder, etc.

Nullus bibendi, nemo vescendi memor
(Sabbato. Ad sextam / Sábado de Cuaresma. Sexta)
   Nullus bibendi, nemo vescendi memor,
Jejuna mensas pubes omnis liquerat:
Quin et negato lacte vagientium
Fletu madescunt parvulorum cunulae,
Succum papillae parca nutrix denegat.

   Greges et ipsos claudit armentalium
Solers virorum cura, ne vagum pecus
Contingat ore rorulenta gramina,
Potum strepentis neve fontis hauriat,
Vacuis querelae personant praesepibus.

   Mollitus his, et talibus, brevem Deus
Iram refraenat, temperans oraculum,
Propere sinistrum: prona nam clementia
Haud difficulter supplicem mortalium
Solvit reatum, fitque fautrix flentium.
   Honor, potestas.

   Ninguno se acuerda de beber, nadie ya de comer, la juventud toda había abandonado las mesas sin probar bocado e incluso se humedecen por el llanto las cunitas de los pequeñajos, que gimen al negárseles la leche: parca nodriza les priva del jugo de sus senos.

   El cuidado diligente de los caporales encierra también a los propios rebaños, a fin de que el ganado suelto no toque con su hocico las gramas cuajadas de rocío ni encuentre bebida en sonorosa fuente: por los pesebres vacíos resuenan quejas.

    Ablandado por tal comportamiento Dios refrena su breve ira, templando propicio su sentencia negativa; y es que su proclividad a la clemencia sin gran esfuerzo anula el pecado suplicante de los hombres y tórnase abogada de los compungidos.
   Honor, poder, etc.

(1) Traducción de Luis Rivero García en Prudencio, Obras I. Himnos cotidianos (Cathemerinon): himno de los que ayunan. Ed. Gredos, Madrid 1997, pp. 192-201

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