La Ermita. Rito hispano-mozárabe

ORACIONES HISPANO-MOZÁRABES

Oraciones hispano-mozárabes Cuaresma hispano-mozárabe. Comentarios a las lecturas dominicales de la Cuaresma

 

Cuaresma (7)

COMENTARIOS A LAS LECTURAS DOMINICALES
DE LA
CUARESMA HISPANO-MOZÁRABE
*

ADOLFO V. IVORRA ROBLA

Lecturas dominicales de Cuaresma. Ilustración de las Arma Christi.

ÍNDICE
Primer Domingo.
Segundo Domingo.
Tercer Domingo.
Cuarto Domingo.
Quinto Domingo.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Primer domingo de Cuaresma, Años I y II:
Profecía: 1Re 19,3-14
Psallendum: Año I: Sal 78,8-9a. Año II: Sal 77, 19b-20a.23-24a
Apóstol: Cor 5,20-6,10
Evangelio: Mt 4,1-11

En el primer domingo de Cuaresma, en las primeras vísperas, se despide solemnemente el aleluya. El himno de ese oficio no cesa de repetir: “Alleluia perenne”. Sin embargo, el ayuno cuaresmal comienza el lunes. Por tanto, este primer domingo es un inicio parcial de la Cuaresma hispana, y esto se refleja en que todavía tiene un carácter festivo (Prenotandos, n. 154) y en que todavía encontramos una lectura profética en vez del binomio lectura sapiencial-histórica. La primera lectura y el evangelio tienen un ambiente común: el desierto. En la Profecía, Elías tiene que atravesarlo para llegar al Horeb, lugar de la presencia de Dios. En esa lectura del libro de los Reyes se introduce el tema de la austeridad alimenticia que, en apariencia, puede ser insuficiente para atravesar el desierto. Alimentado en varias oportunidades con sólo pan y agua, Elías logra atravesar el desierto. Este hecho se reflejará en la eucología del día. Su trayecto mismo refleja el tiempo cuaresmal, que repetirá el evangelio: cuarenta días y cuarenta noches. En el desierto Elías es auxiliado por un ángel. Cristo, en cambio, es conducido por el Espíritu. Elías sólo se enfrentó al hambre corporal y a la persecución del rey Ajab. Cristo se enfrentó a las tentaciones del diablo. El final del camino de Cristo es el comienzo de su ministerio público, en presencia del Padre.

La lectura profética recoge la queja del profeta Elías, que dice que los israelitas han abandonado la alianza con el Señor de los Ejércitos. En el ámbito del inicio de la Cuaresma esto debe interpretarse como una invitación a la conversión. En efecto, el Apóstol exhorta a reconciliarse con Dios. De este modo, la Liturgia de la palabra se hace eco de la Cuaresma como el tiempo en el que el ordo de los penitentes se preparan para la reconciliación con Dios, el Viernes Mayor (A la hora de nona para la indulgencia). Entre las privaciones que sufrió el Apóstol los “días sin comer” y las “noches sin dormir” reflejan la austeridad alimenticia y las vigilias de oración. San Pablo pudo superar todas estas dificultades porque Dios escuchaba sus súplicas. Asimismo, la Cuaresma es también un tiempo de oración suplicante, en donde el orante se dirige a Dios en medio de la fragilidad de su condición humana y de las adversidades concretas de su vida.

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SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

Segundo domingo de Cuaresma, Años I y II:
Lectura sapiencial: Prov 14,33-15,8
Lectura histórica: Gén 41,1-45a
Psallendum: Sal 26,9b-10.7
Apóstol: Sant 2,14-23
Evangelio: Jn 4,3-42

Las lecturas de este domingo se puede decir que sintetizan lo dicho esta semana, dando importancia a las obras penitenciales. En general, la lectura de Santiago vuelve, como ayer sábado, a resaltar la importancia de las obras para el cristiano: Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe. Abrahán, modelo de fe, también expresó por sus obras la fe de su corazón. Así, el cristiano en esta cuaresma debe manifestar con sus obras la fe en Cristo. La moderación en las palabras se alude en la lectura sapiencial, pero lo importante es la verdadera abundancia que habita en la casa del honrado: En casa del honrado hay abundancia, la renta del malvado se disipa. Los labios del sensato destilan experiencia, la mente del necio es insensata. El Señor aborrece la conducta del malvado, la oración de los rectos alcanza su favor. Así, oración, obras y rectitud de intención están relacionadas.

La lectura histórica del libro del Génesis nos invita también a la prudencia y a la previsión. Ambas virtudes nos llevan a ser ecuánimes y a no ser derrochadores. La historia de José, que repudiado por sus hermanos llega a interpretar los sueños del Faraón egipcio, nos revelan la importancia de la sabiduría y la sensatez. A los siete años de abundancia suceden otros de escasez. En la abundancia es difícil darnos cuenta que no perdurará por siempre nuestra comodidad. Sin embargo, siempre hay signos que nos invitan a ser prudentes. Los sueños del Faraón advertían de la desgracia futura, pero él era incapaz de verlo. Es necesaria la intervención del hombre honrado, cuyos labios destilan experiencia como decía la lectura sapiencial. José se convierte así en el modelo veterotestamentario que se nos ofrece este domingo. Pero él es además humilde: no se presenta como el hombre necesario para salir de la crisis, sino que dice al Faraón: que el Faraón busque un hombre sabio y prudente y lo ponga al frente de Egipto. Pero la salida es evidente: sólo José puede encargarse.

La importancia que se da hoy a la prudencia y a otras virtudes “intelectuales” se debe a que el evangelio de hoy nos invita a conocer mejor a Dios. Así lo vemos en las palabras de Jesús a la Samaritana: Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Señor nos invita a adorar a quien conocemos, ese Dios que es Padre, Verdad y Espíritu. En otras palabras, Jesús nos invita a ofrecer un culto trinitario. Si la lectura sapiencial era la única que aludía a la oración como práctica cuaresmal, es ahora el evangelio el que pone a la oración al Dios Trino en el centro. A diferencia de los samaritanos, los cristianos conocemos a quien adoramos. Junto a esto, la alusión al agua que da Jesús, que hace en el que la beba que sea fuente de agua que salta hasta la vida eterna, sirve a los catecúmenos para que comprendan la importancia del bautismo eclesiástico. En él, ellos aprenderán a orar al Dios Uno y Trino. En esta semana, por tanto, se exponen todas las prácticas cuaresmales y el sentido general de la cuaresma hispana.

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TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Tercer domingo de Cuaresma, Años I y II:
Lectura sapiencial: Prov 20,17-28
Lectura histórica: Núm 22,2-23,10
Psallendum: Sal 35,8a.11-12
Apóstol: 1Jn 1,5-9
Evangelio: Jn 9,1-38

Este domingo tiene una fuerte impronta catecumenal. Como ya se puede intuir del título de la misa (del ciego de nacimiento), la luz es el signo que atraviesa las lecturas de hoy. Eso no impide que la lectura sapiencial desarrolle también los temas propios de la cuaresma, como la moderación en las palabras. El primer versículo, sin embargo, contiene una alusión eucarística al hablar de la aparente dulzura del pan sustraído. La lectura de Proverbios nos previene contra la venganza e insta a poner la confianza en el Señor. El tema de la luz sale al hablar de la relación con los padres, uno de los diez mandamientos: Al que maldice a su padre y a su madre se le apagará la lámpara en plena oscuridad. La relación con los progenitores guarda una cierta vinculación con la relación que debe existir entre el hombre y Dios. No en vano desde el Antiguo Testamento Dios tiene un título que sobresale de entre los demás: Padre. La advertencia de esta lectura sapiencial, entendida dentro de la relación entre Dios y el creyente, hace que comprendamos la luz como algo que debemos cuidar nosotros mismos. Así, además de concebir la luz como don de Dios -cuestión típicamente bautismal-, la Liturgia de la palabra de hoy nos da un concepto de luz como gracia, entendida desde la típica perspectiva oriental: sinergia.

El Apóstol secunda esta comprensión moral de la luz, cuando al definir a Dios luz sin tiniebla alguna, nos invita a vivir según la luz, es decir, según Dios: si vivimos en la luz, lo mismo que Él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de pecados. Como era de esperar, también se nos invita a la penitencia, entendida como aspecto esencial de la vida según la luz, pues también así se limpian nuestros pecados: si confesamos nuestros pecados, Él, que es fiel y justo nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Y es que Cristo nos transforma interiormente al darnos su luz. Es la enseñanza fundamental del evangelio de hoy: Jesús, con el barro, hace que el ciego vea. Éste va a lavarse, alusión al bautismo, pero es Jesús, como en el relato de la creación del Génesis, quien con el barro modela al nuevo hombre que, liberado de las tinieblas, puede contemplar la realidad del mundo en su verdad. La tiniebla que impide ver a este ciego -y a todo hombre- no se debe al pecado personal, sino a la misma debilidad humana. Por eso dice Jesús: Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.

El conocimiento de la realidad del mundo en su verdad es lo que concede Dios a Balaam en la lectura histórica del libro de los Números. Este adivino, a quien le encargan maldecir al Pueblo de Dios, recibe la revelación de Dios, y se niega a maldecir aquello que es bendito. Por medio de esta revelación de lo que es el pueblo de Israel, Balaam reconocerá a Dios como el único y verdadero. De modo semejante, la catequesis cuaresmal que son las lecturas proclamadas en presencia de los catecúmenos, harán que éstos descubran la verdad de las cosas, además de ayudarles a reconocer al Dios Uno y Trino como el Señor de la historia.

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CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Cuarto domingo de Cuaresma, Años I y II:
Lectura sapiencial: Eclo 14,11-22
Lectura histórica: 1Sam 1,1-20
Psallendum: Sal 70,5.19b-20a.21b.10b-12a.3c-5a
Apóstol: Sant 3,14-18
Evangelio: Jn 7,2-30

El título de este domingo se debe al evangelio propio de este domingo: en medio del día de la fiesta subió Jesús al templo y se puso a enseñar. En el evangelio de Juan de hoy se nos presentan unos temas que son propios de la cuaresma como el valor de la ley y de la circuncisión, pero además la alusión al dogma trinitario, tan fundamental para los catecúmenos: yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado.

Sin lugar a dudas, todas las lecturas nos hablan de las características propias del bautizado. Éstas deben ser conocidas ya de antemano por los catecúmenos, y por ello se insertan en medio de la cuaresma. En el evangelio todos se preguntan cómo Jesús puede decir lo que dice: ¿Cómo es éste tan instruido, si no ha estudiado? La respuesta de Jesús es también la nuestra: Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. Del mismo modo, hacemos también nuestras las demás palabras: yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado. ¿Quién nos ha enviado? El mismo Jesucristo, que a su vez fue enviado por el Padre. El contexto bautismal del evangelio está contenido en el sentido propio de la fiesta de los Tabernáculos, que duraba ocho días -signo bautismal en el cristianismo 1- y que «estaba caracterizada por las oraciones que pedían la lluvia» 2, con una procesión a la piscina de Siloé.

La lectura histórica también tiene un sentido bautismal al hablarnos de la consagración de Samuel, un importante profeta. También su vocación profética es la nuestra. De la esterilidad del pecado hemos sido concebidos para una vida nueva, que conlleva una misión divina. Por eso las demás lecturas nos dan connotaciones sapienciales. El apóstol del día lo resume diciendo que la si la sabiduría no viene del cielo es terrena, animal, diabólica. Por eso la sabiduría que destilan nuestros labios y que expresan nuestras acciones también no procede de nosotros mismos, sino que es participación de esa sabiduría divina.

Pero no sólo salimos de Dios, sino que a Él debemos volver. En la exhortación a practicar la justicia del Eclesiástico intuimos esta realidad, cuando instruye al justo: practica la justicia antes que mueras, porque en el Abismo no hay que buscar placeres. Si no hay placeres, ¿hay en cambio justicia? La lectura cristiana, punto final de una evolución en el pensamiento escatológico de los libros inspirados, nos dice que allí estaremos con el Justo. Con plena armonía, nos encontraremos que en la realidad definitiva no habrá ni llanto ni dolor (cf. Ap 21, 4).

1. Me refiero especialmente a los bautisterios de ocho lados.
2. J. Chapa (ed.), Introducción a los escritos de san Juan. Evangelio, Cartas y Apocalipsis, Pamplona, 2011, 127.

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QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

Quinto domingo de Cuaresma, Años I y II:
Lectura sapiencial: Eclo 47,24-29; 48,21-23a; 47,31b
Lectura histórica: 1Sam 26,1-24
Psallendum: Sal 37,22.8.18.20b-21
Apóstol: 1Jn 5,16-20
Evangelio: Jn 11,1-52

La vida y la muerte son los temas de la Liturgia de la palabra de este domingo. La lectura histórica nos habla del cuidado que tiene David de no matar al ungido del Señor, Saúl. Aunque David será el rey, no se atreve a quebrantar la ley de Dios, que indica que es Él el dueño de la vida y de la muerte. Desde la resurrección de Cristo, que celebraremos en la Vigilia pascual, sabremos mejor que Él tiene las llaves de la muerte y del Hades (Ap 1, 19), no nosotros. Después de la muerte encontramos la justicia, tal como decíamos el domingo anterior, y que hoy nos lo explicita la lectura histórica: El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Por tanto, la mirada del bautizado se dirige a esta realidad: la retribución después de la muerte.

Y Salomón descansó con sus padres. Esta frase de la lectura sapiencia de hoy, tomada del libro del Eclesiástico, se encuentra claramente en relación con el evangelio: Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo. Entonces le dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, se salvará. Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Esta sugerente idea de la muerte como sueño, aunque de algún modo desmentida en el caso de Lázaro, se ha expresado en varias oraciones de la Iglesia. Pensemos, por ejemplo, en la oración de las completas romanas del viernes, donde el cuerpo de Cristo yaciente en el sepulcro lo imitamos al dormir. También la liturgia romana, lo mismo que la hispana, reservan este evangelio de hoy en su selección de evangelios exequiales.

La reflexión sobre la vida y la muerte nos hace capaces de descubrir el «eco eterno» que tienen nuestras acciones. San Pablo nos dice hoy que hay pecados que son de muerte (mortales) y otros que no lo son. Nuestras malas acciones nos pueden separar de Dios o romper nuestra relación con Él. Es una realidad que se tiene que tener en cuenta durante toda nuestra vida. Pero el resultado no es la desesperación. Al contrario, el Apóstol nos habla de la importancia del bautismo, pues todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el engendrado de Dios le guarda, y el Maligno no llega a tocarle. Hemos nacido de Dios por el primer sacramento, y estamos llamados a mantener en nosotros esa condición primera de nuestro ser cristiano. La última frase acerca del Maligno tendrá una resonancia en algunos Padres, que hablarán del pecado como una manera en que el diablo vuelve a tener «derechos» sobre el alma del pecador. Cristo nos ha liberado del poder de las tinieblas, pero el pecado nos aleja de Él para sumergirnos de nuevo en ellas. El bautismo nos concede una dignidad y facilita nuestra vida de gracia, pero también conlleva una gran exigencia moral. De esta exigencia se habla en toda la cuaresma a los catecúmenos, pero también a nosotros se nos recuerda su importancia.


Nota
* P. Adolfo V. Ivorra Robla en http://lexorandies.blogspot.com.es (Domingo I, Domingo II, Domingo III, Domingo IV, Domingo V) 2009-2012 Hemos corregido la cita de la lectura sapiencial del Domingo V, que estaba incompleta. N. de La Ermita
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