La Ermita. Rito hispano-mozárabe

ORACIONES HISPANO-MOZÁRABES

Oraciones hispano-mozárabes Cuaresma hispano-mozárabe. El tiempo de la Entrega del Señor (De Traditione Domini)

 

Cuaresma (5)

 

Introducción

Con el Domingo IV de Cuaresma se inicia en la liturgia hispano-mozárabe un tiempo denominado tradicionalmente como "De la Entrega del Señor" o "De Traditione Domini". Así aparece en los manuscritos -donde al Domingo IV también se le llama de Vicesima- y en el Breviarium Gothicum, -que sigue siendo el libro oficial del Oficio Divino para este rito-. Y aunque los prenotandos del actual Misal no se refieren a este periodo con un nombre específico, si se mencionan las características propias de este tiempo al indicar cómo "a partir del IV Domingo, al de la penitencia de la Iglesia, se asocia el tema de la Pasión del Señor" (prenotandos Missale Hispano-Mozarabicum In. 154 y II, n. 12).

El P. Pinell nos ofrece en su libro Liturgia hispánica 1. algunos detalles interesantes sobre este tiempo cuaresmal que reproducimos a continuación:

El tiempo de la Entrega del Señor (De Traditione Domini)

El evangelio del domingo de la cuarta semana, Mediante die festo, establecía una división de la Cuaresma en dos mitades. La segunda mitad, por su mayor proximidad a los días en que se conmemoraba la Pasión, se consideraba un tiempo especial, al que se designaba De Traditione Domini (la entrega del Señor).

En la misa, no eran muchas las particularidades ambientales del tiempo De Traditione Domini. Podemos señalar la que resultaba de las dramáticas discusiones entre Jesús y los fariseos, que hacían presagiar la persecución y condena del Señor. A ellas se asistía escuchando la lectura evangélica según san Juan. Contribuía sin duda a la percepción de tal dramatismo el quejido conmovedor de los threni, cuyo texto eran un verdadero mosaico de frases extraídas del libro de Job, de Jeremías, Isaías y de las Lamentaciones. Los ejecutaba un solista. Sus autores optaron por una obra artística de expresividad monocorde, en la que se emitiera el clamor del dolor humano, de un sufrimiento físico y moral al mismo tiempo.

Durante la primera parte de la Cuaresma, la voz plañidera de los threni era la de la Iglesia, que gemía penitente por sus pecados. Al llegar el tiempo De Traditione Domini, resonaban, en los gemidos de aquel canto, los sufrimientos de Cristo acusado, perseguido y maltratado.

Trenos del Miércoles IV de Cuaresma.
Monjes de Silos (Octubre de 1968).

El intento de comunicarse con la Pasión de Cristo, viviéndola interiormente a través de los textos proféticos o sapienciales del Antiguo Testamento, se conseguía sobre todo en el oficio, con los medios que le eran propios.

Desde la más remota antigüedad, las iglesias habían asumido el Salterio como libro de su propia oración, procurando descubrir en él las resonancias de lo que Jesús habría podido pensar y sentir dirigiéndose al Padre con aquellas palabras. Seguían en esto el ejemplo de varios autores del Nuevo Testamento.

Para acomodar los salmos a la oración de la Iglesia, en el ámbito del rito hispánico, se recurría, desde el siglo IV, a dos elementos complementarios: las antífonas y las oraciones derivadas de los mismos salmos. Los comentarios patrísticos habían señalado algunos salmos con el distintivo de «mesiánicos» y, de estos, algunos eran considerados verdaderas profecías de la Pasión.

Aplicando estos criterios, a principios del siglo VII, autores hispánicos compusieron el ingente repertorio de antífonas, responsorios y oraciones destinado al tiempo De Traditione Domini. Las antífonas ponían de relieve las frases del salmo, que mejor podían ser asumidas como voz de «Cristo paciente» 2. De ese modo, se osaba, por decirlo así, penetrar en el interior de Jesús, captar y compartir sus sentimientos, sufrir con él la persecución, las ofensas y la incomprensión de sus enemigos.

La contemplación de la Pasión de Cristo quedaba por ello sumamente enriquecida en detalles y matices; se veían los hechos mejor encuadrados en el enigmático pero admirable plan de Dios. Sin negligir para nada los efectos de una compasión afectiva ante el dolor físico de Jesús, se tendía a condensar mayor amplitud de datos en el concepto de redención que debe iluminar la fe de la comunidad orante.

El conjunto orgánico de esos elementos -a) ayuno corporal; b) abundancia de lecturas; c) interiorización de la Pasión de Cristo en la plegaria- se introduce hasta el corazón mismo de la Semana Mayor. Las tres primeras ferias que siguen al Domingo de Ramos deben considerarse pertenecientes todavía el tiempo De Traditione Domini.


Notas:
1. Pinell, Jordi OSB, Liturgia hispánica. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1998, pp. 289-290.
2. Bayés Turull, Gabriel, Las oraciones de antífonas y responsorios para el tiempo De Traditione Domini en el oficio hispánico. Lección inaugural del curso académico 1976-1977,  Facultad de Teología de Barcelona. Sant Cugat del Vallès, 1976.

 

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