La Ermita. Rito hispano-mozárabe

ORACIONES Y TIEMPOS LITÚRGICOS HISPANO-MOZÁRABES

Oraciones hispano-mozárabes Cotidiano. Comentarios a las lecturas del Tiempo de Cotidiano

 

Cotidiano

COMENTARIOS A LAS LECTURAS
DEL
TIEMPO DE COTIDIANO HISPANO-MOZÁRABE
*

ADOLFO V. IVORRA ROBLA

ÍNDICE
Vigesimoséptimo Domingo.
Vigesimooctavo Domingo.
Vigesimonoveno Domingo.

DOMINGOS DE LUCAS (V)

VIGESIMOSÉPTIMO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Ez 28,21-23
Psallendum: Sal 78,8-9
Apóstol: Ef 4,17-24
Evangelio: Lc 19,1-9
Laudes: Sal 117,25

El contenido de este domingo gira en torno a la conversión. Este tema que pudiera parecer cuaresmal, afecta a toda nuestra existencia cristiana. Desde la perspectiva del apóstol, debemos renunciar a nuestra vida pasada, a nuestro “paganismo”: no viváis más como los paganos, con la cabeza vacía, con el pensamiento a oscuras y ajenos a la vida de Dios. San Pablo nos muestra la inmoralidad de la vida alejada de Dios, y por eso nos invita a cambiar vuestra actitud mental y a revestiros de ese hombre nuevo creado a imagen de Dios, con la rectitud y santidad propias de la verdad. Y ese hombre es Cristo. La rectitud y santidad nos recuerdan la armonía original del hombre, de Adán, que es restaurada en el nuevo Adán, Cristo. El paganismo se muestra como una vida sin Dios, aunque pudiera tener la connotación de una vida religiosa. Y ese era el problema que afectaba al judaísmo anterior y contemporáneo a Jesús: vivir religiosamente pero sin vivir según Dios. Aunque el judaísmo represente nuestro «pasado» salvífico, no obstante, no acarreamos con sus culpas, sino que hemos sido lavados en la sangre del Cordero. Por eso, aunque en la breve profecía de Ezequiel se habla del castigo de Dios, en el psallendum clamamos: No guardes para nosotros culpas de los antepasados. También detectamos una continuidad con la temática del domingo pasado: la glorificación de Dios. Dios dice por boca del profeta que, por medio del castigo, se cubrirá su gloria. En efecto: Sabrán que yo soy el Señor cuando haga justicia contra ella y brille en ella mi santidad. En castigo tiene un sentido medicinal, reconocer quién es Dios, que a él se debe toda alabanza y que debemos vivir según la Alianza que Él hizo con nosotros.

Poner la mirada en Dios y no en nosotros mismos es fundamental para una verdadera conversión. En el evangelio Zaqueo, que también era hijo de Abrahán como los judíos a los que profetizaba Ezequiel, sale de sí mismo y va a la búsqueda de Jesús. Él no pasa desapercibido para el Señor, a pesar de su baja estatura. La conversión del corazón produce la alegría divina. En otro pasaje evangélico Jesucristo adoctrinaba acerca del gozo que hay en el cielo por un pecador que se convierte. Y esa alegría se plasma en el deseo de Cristo de alojarse en la casa de Zaqueo. La felicidad se hace recíproca: Zaqueo se alegra de que su conversión ha sido acogida. Y por ello ese movimiento interior del corazón se hace externo: Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. Esto, que podría traducirse en la pobreza futura de Zaqueo, es en realidad salvación. Por eso en el canto de laudes cantamos: Danos salud, Señor, danos prosperidad, esto es, danos, Señor, la capacidad de convertirnos a ti, y así, alcanzar la salvación, la verdadera prosperidad.

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VIGESIMOCTAVO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Ez 28,25-26
Psallendum: Sal 85,16.11
Apóstol: Ef 4,25-32
Evangelio: Lc 19,11-28
Laudes: Sal 117,16

La Liturgia de la palabra de este domingo sigue en líneas generales la temática del anterior, pidiendo en el psallendum que el Señor enseñe sus caminos, de forma que podamos alcanzar la salvación. La profecía esta vez no pronuncia sentencia ni habla del castigo, sino que alude a la reunión de los dispersos, a cuando la casa de Israel sea reunificada de entre los pueblos. Sobresale la importancia de la seguridad: sus habitantes estarán seguros, no habrá pueblo que luche contra ellos.

El apóstol de hoy tipifica la función que tiene la segunda lectura en la liturgia romana: dar una parénesis, un aleccionamiento moral. La prudencia en el hablar, el valor del trabajo honrado frente al robo, la verdad frente a la mentira. En la lectura de Efesios la verdad aparece como una nota propia de la Iglesia: Dejaos de mentiras, hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros. La verdad debe resplandecer en los miembros de la Iglesia, lo mismo que el perdón. También se alude al Espíritu Santo de Dios, que informa, da vida a la Iglesia.

En el evangelio también se nos remite a las virtudes morales. La capacidad de poner en obra los dones que Dios nos da es fundamental para recibir de Él el premio de la bienaventuranza eterna. En la parábola de las minas, Jesús muestra la dinámica propia del Reino de Dios. Se trata de un Reino en el que sus miembros tienen encomendados dones, dados por el mismísimo Rey. También es una alusión a los dones que recibieron los apóstoles, los empleados que son distintos al pueblo que aborrece a Jesús y que no quiere que sea su rey. Con esto se hace una referencia a la pasión que Cristo sufrirá, y que queda aludida en el último versículo: Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén. Será en Jerusalén donde se dará el rechazo definitivo del pueblo a su Rey. Cabría preguntarse si el empleado holgazán no representará a Judas Iscariote, al que también le fue dado un don como a los demás, pero que no lo puso a valer. Evidentemente, esta parábola puede tener un sentido literal “histórico”, y así lo manifiestan los exégetas cuando afirman que el rey pudiera ser un rey judío que tenía que ir a Roma para ser así proclamado rey de Israel. Sin embargo, la lectura alegórica de este pasaje nos da las claves para comprender mejor la relación entre don y tarea, entre gracia y voluntad. ¿Cómo no ver en los enemigos que son condenados a muerte a aquel pueblo de Israel que rechaza al Señor como Rey y es sustituido por la Iglesia?

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VIGESIMONOVENO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Ez 34,22-30
Psallendum: Sal 85,2.3-4
Apóstol: Col 3,1-11
Evangelio: Lc 20,9-18
Laudes: Sal 134,3

Las lecturas de este domingo siguen en buena medida la intención de los dos anteriores, especialmente el del domingo pasado. El evangelio de ese domingo aludía al final al rechazo que sufriría Cristo, Rey de su pueblo que no lo quería como tal. En el evangelio de hoy, con la parábola de los viñadores homicidas, esto se hace evidente. Esta parábola ha sido siempre interpretada como una clara alusión a la pasión que Jesucristo tenía que sufrir. Rechazado por algunos, se convertirá así en la piedra que desecharon los constructores, que es ahora la piedra angular. Todo el que cae sobre esa piedra se estrellará, y si ella cae sobre alguno, lo hará trizas. Como los viñadores homicidas, los que rechazan a Cristo como Rey se engañan a sí mismos. Su condenación es patente.

La profecía de este domingo prepara esta parábola, pero también la sitúa en su contexto propio. En el domingo anterior, la seguridad era una nota característica del Israel que ha vuelto a la Alianza, que ha vuelto a reconciliarse con Dios. Aquí también vuelve a mencionarse la seguridad, donde no volverán a ser botín de las naciones ni los devorarán las fieras salvajes; vivirán seguros, sin sobresaltos. Si hace dos domingos el castigo servía para que el pueblo recapacitase y reconociese a Dios vivo y verdadero, ahora la liberación sirve para ese mismo propósito. Pero lo más importante de esta profecía de hoy es la alusión al Pastor. Con gran similitud intencional con la imagen del Rey, el Pastor es figura de Cristo: Les daré un pastor único que las pastoree: mi siervo David; él las apacentará, él será su pastor. Será el Hijo de David, ese a quien clamaba el ciego del Vigesimosexto domingo Cotidiano, el que apacentará a su pueblo y restaurará la alianza y traerá la salvación a su pueblo (psallendum).

El apóstol, que esta vez está tomado de la carta a los Colosenses, tiene la misma intencionalidad que el apóstol del domingo pasado: dar consejos morales al nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia. Poniendo como meta a Cristo exaltado, que está sentado a la derecha del Padre, san Pablo invita a dar muerte a todo lo terreno. Además de estas recomendaciones éticas, también se alude a una característica fundamental del Reino de Dios, del que Cristo es Rey y Pastor: En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres: porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.


Notas:
* Publicado en:
lexorandies.blogspot.com.es, 2010 - 2012.
Reseñas bíblicas de los Laudes añadidas por La Ermita (N. de La Ermita).

 

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