La Ermita. Rito hispano-mozárabe

ORACIONES Y TIEMPOS LITÚRGICOS HISPANO-MOZÁRABES

Oraciones hispano-mozárabes Cotidiano. Comentarios a las lecturas del Tiempo de Cotidiano

 

Cotidiano

COMENTARIOS A LAS LECTURAS
DEL
TIEMPO DE COTIDIANO HISPANO-MOZÁRABE
*

ADOLFO V. IVORRA ROBLA

ÍNDICE
Decimonoveno Domingo.
Vigésimo Domingo.
Vigesimoprimer Domingo.
Vigesimosegundo Domingo.

DOMINGOS DE LUCAS (III)

DECIMONOVENO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Jer 23,2-8
Psallendum: Sal 54,23; 36,5
Apóstol: Ef 1,16-23
Evangelio: Lc 18,10-14
Laudes: Sal 77,2

La Liturgia de la palabra de hoy tiene un profundo sentido eclesiástico. Profecía, psallendum y apóstol aluden a la edificación de la Iglesia de Dios. La acusación del profeta Jeremías contra los pastores del pueblo de Israel -sacerdocio levítico- se realiza dentro de las imágenes típicas de la concepción cristiana de sacerdocio: el pastor. Y es que Jesús será el buen pastor del que habla Jeremías, sobre todo cuando dice: Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Pero esto no lo hace solo. Para ello dispone de verdaderos pastores. Se podría decir que vienen en sustitución de los anteriores: Les pondré pastores que las pastoreen: ya no temerán ni se espantarán y ninguna se perderá oráculo del Señor. Todo esto lo hace el Padre por medio de Jesucristo, que en Jeremías tiene las connotaciones propias del tiempo de Navidad, pues se habla de su realeza, de su origen davídico, etc. Todas estas imágenes son propias de las lecturas navideñas. No obstante, es buen pastor que trae tras de sí a sus pastores -el sacerdocio del Nuevo Testamento- es un rey justo, el ideal propio del Antiguo Testamento cuando se refiere al Mesías. Las acciones de Dios en la historia, la liberación del pueblo de Israel, etc., hacen que expresemos nuestra confianza en Él por medio del psallendum.

La carta de san Pablo a los Efesios, comprendiendo el evangelio como iluminación, exhorta a comprender por medio del don de Dios la esperanza a la que nos llama. El poder de Dios derrotó las potestades angélicas contrarias a su voluntad y se lo dio a la Iglesia. En ella se encuentran los nuevos pastores, los que no dejarán a la grey a su suerte. También las potestades se encuentran por debajo del ser eclesial. No en vano cuando Cristo confirió el primado a Pedro mencionó esta cuestión: Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16,18). El orden de los exorcistas recibió de forma estable esta potestad dada por Cristo, que hoy ejercen de forma habitual los presbíteros en el bautismo y en alguna ocasión en el exorcismo solemne.

Esta gran potestad de los nuevos pastores se fundamenta en el mandato de Cristo, pero también implica una actitud interior de humildad ante los dones concedidos. Este es el sentido de que encontremos hoy el evangelio de Lc 18. De los dos modelos morales, el publicano es el ejemplo a seguir. Nadie es completamente justo ante Dios. Este texto debió ser importante para un clero y un monacato penitente como el de la época visigótica, pues podría caer en la tentación de creerse superior por sus prácticas de piedad y, como hemos dicho, por la potestad concedida por Cristo. Y esto también vale para hoy, pues la potestad de Cristo, conferida a los pastores actuales, es la misma que en los primeros siglos, en la edad media, etc.

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VIGÉSIMO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Jer 30,3.7-17
Psallendum: Sal 59,13-14
Apóstol: Ef 5,1-8
Evangelio: Lc 17,11-19
Laudes: Sal 79,15

En el psallendum del domingo anterior ya cantábamos que había que poner la confianza en el Señor. Y esto es precisamente a lo que se nos invita hoy en las lecturas, especialmente en el binomio profecía-psallendum. En Jeremías los pecados del pueblo son irreparables. Sin embargo, el Dios de Israel y Judá se compromete a destruir a los enemigos del pueblo de las promesas. Esos enemigos son los pueblos extranjeros a los que el pueblo de Dios sucumbió por medio de alianzas, asunción de cultos idolátricos, etc. El mismo apóstol de hoy hace alusión al apego al dinero como idolatría. Por ello, el nuevo pueblo de Dios no puede poner su confianza en otro ser que no sea Dios: pues vana es la salvación que viene del hombre. Así como Dios intercedió por su pueblo en el pasado librándolo del destierro, así también por medio de Cristo nos ha liberado de las tinieblas y nos ha hecho hijos de la luz. Y es así como uno de los leprosos curados exteriormente en el evangelio, vuelve a dar gracias, reconociendo el poder de Dios.

Con Dios haremos proezas decimos, y esto lo hacemos por la fuerza que viene de lo alto, pero también por seguir a Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor. De ahí que el Apóstol diga que lo nuestro es alabar a Dios. En efecto, la muerte de Cristo, en toda su crudeza y fealdad, es un sublime acto de culto. Con la confianza puesta en Él, nosotros también comprendemos nuestra vida como un culto agradable al Padre, incluso en los momentos de “martirio”. Pero la visión del evangelio de hoy es positiva: el leproso vuelve a dar gracias por su curación exterior, y haciendo esto recibe la curación interior, la justificación por la fe. El publicano del domingo pasado se justificó por su humillación ante sus pecados, el leproso de hoy se justifica por su acción de gracias ante las proezas que Dios ha realizado en él. Como es común en la predicación de la Iglesia, es necesario reconocer que a Dios no podemos acudir sólo cuando nuestros pecados nos agobian o las adversidades del mundo nos acechan, sino que también debemos dar gracias por todas las cosas que recibimos de Él.

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VIGESIMOPRIMER DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Jer 30,18-31,1
Psallendum: Sal 60,3-4
Apóstol: Ef 2,1-10
Evangelio: Lc 17,20-37
Laudes: Sal 88,14

La liturgia de hoy es una llamada a la vigilancia. Como si se tratase del Adviento, los textos de hoy nos exhortan a tomarnos en serio nuestra vida cristiana. Fuimos justificados por la fe que recibimos en el bautismo, por eso no puede haber en nosotros deseos ni actos viles. Por los pecados estamos muertos, esto es, no hay vida eterna en nosotros. Somos obra de Dios dice el apóstol, por lo que debemos transparentar en nuestras acciones al Dios de la vida, en las buenas obras. La actitud beligerante de Dios contra los enemigos de Israel en la profecía nos indica cómo no se pueden tolerar las actitudes extrañas al reino de Dios. Los enemigos del pueblo elegido se han vuelto así contra Dios, por lo que serán castigados. Ante esta radicalidad sólo podemos clamar que en Dios encontramos refugio. Será en ese pueblo de las promesas donde nacerá el salvador: Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella [...] Al cabo de los años llegaréis a comprenderlo. La asamblea del Señor será estable, dice también. Cristo y la Iglesia se nos presentan in nuce.

Pero es en el evangelio donde encontramos la necesidad a esa vigilancia. No es casualidad que la descripción del reino de Dios esté vinculada con el fin de los tiempos. En efecto, sólo con la consumación del tiempo y la instauración de todas las cosas en Cristo el reino de Dios llegará a su plenitud. El reino de Dios está dentro de vosotros dice el Señor, pero también es un reino que no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí. El reino se desarrolla en el tiempo de la Iglesia militante, pero será en la Iglesia definitiva, en la celeste, en la que ese reino vendrá totalmente. Por eso se invoca la oración dominical en la celebración eucarística: venga a nosotros tu reino. Está en nosotros, pero no lo está del todo. Por eso habla Jesús de su venida gloriosa. Como el mismo reino de Dios que está entre nosotros y casi no lo percibimos, así será también su consumación: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.

Este domingo suele caer antes de las letanías previas a la fiesta de san Cipriano, así que bien puede tenerse como una especie de toma de consciencia necesaria para llegar al día de las Letanías antes del día de san Cipriano, de carácter penitencial.

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VIGESIMOSEGUNDO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Jer 31,10-14
Psallendum: Sal 63,3; 19,3
Apóstol: Ef 2,11-22
Evangelio: Lc 18,1-8
Laudes: Sal 94,1

Las lecturas de hoy están inconexas entre sí de una forma palpable. El psallendum pide auxilio y seguridad frente a los malvados, pero el contenido de la profecía de Jer 31 es la alegría por la redención del Señor: Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Quizás la súplica del psallendum esté relacionada en algo con el evangelio de la viuda y del juez injusto. Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. Estos hombres son los que se sirven a sí mismos. Y sólo por cosas mundanas reaccionan: la súplica insistente de la viuda es la causa de que se decida a aplicar la justicia. El juez conoce la ley y la justicia, pero no las sigue. Dios ha redimido a su pueblo, pero él sigue muy ocupado en sus asuntos. Sin embargo, aunque en sí mismo sea un obstáculo para la construcción del Reino de Dios, hay “mecanismos” mundanos que hacen que él, al margen de su voluntad y por razones que nada tienen que ver con Dios, también contribuya a hacer presente la justicia. El psallendum pide el auxilio desde el santuario, esto es, pide el auxilio divino. Y ante la insistencia de sus fieles Dios no puede quedar indiferente. Impassibilis est Deus, sed non incompassibilis dirá san Bernardo (Sermo 26, 5).

La carta de san Pablo a los Efesios nos vuelve a presentar otra reflexión en torno a la Iglesia. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu. El tiempo de Cotidiano presenta en sus lecturas el establecimiento y consolidación del Reino de Dios. A este Reino confluyen paganos e israelitas, que ahora están en Cristo Jesús.


Notas:
* Publicado en:
lexorandies.blogspot.com.es, 2010 - 2012.
Reseñas bíblicas de los Laudes añadidas por La Ermita (N. de La Ermita).

 

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