La Ermita. Rito hispano-mozárabe

ORACIONES Y TIEMPOS LITÚRGICOS HISPANO-MOZÁRABES

Oraciones hispano-mozárabes Cotidiano. Comentarios a las lecturas del Tiempo de Cotidiano

 

Cotidiano

COMENTARIOS A LAS LECTURAS
DEL
TIEMPO DE COTIDIANO HISPANO-MOZÁRABE
*

ADOLFO V. IVORRA ROBLA

ÍNDICE
Séptimo Domingo.
Octavo Domingo.
Noveno Domingo.
Décimo Domingo.

DOMINGOS DE MARCOS

SÉPTIMO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Is 51,1-3
Psallendum: Sal 18,13-14
Apóstol: Rom 12,16-21
Evangelio: Mc 1,35-44
Laudes: Sal 27,9

Comenzamos los que podríamos llamar «domingos de Marcos», cuatro domingos cotidianos (VII-X) en los que se leen las perícopas de este evangelio. El cambio de evangelista no implica un cambio de temática general. El evangelio de hoy nos habla de la predicación de Cristo, de cómo expulsaba demonios. En la única curación que se menciona, la del leproso, descubrimos una resonancia con el domingo tercero, donde también se narra la curación del leproso. Las palabras finales de Jesús son las mismas: ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les conste. Por tanto, con su instauración del Reino, Jesucristo no se pone por encima de la ley o de abroga, sino que consciente de su limitación edifica el Reino de Dios sobre ella. La curación del leproso se presenta como una “limpieza”, dando a entender que aunque la enfermedad pueda no tener relación con los pecados personales del enfermo, sin embargo, toda enfermedad –como la muerte misma– es consecuencia de ese pecado de origen de nuestros primeros padres.

La profecía de hoy mira, en cambio, a nuestros “padres” en la fe, Abrahán y Sara. Al primero se le aplica del título de padre, porque por su confianza en el plan divino se edificó el Pueblo de Dios. Sara, la que nos dio a luz. Ante la aflicción de su Pueblo, el Señor lo consuela y convierte su desierto en un edén, su yermo en paraíso. El psallendum no responde propiamente a la profecía, sino que prepara al apóstol: se pide al Señor que nos libre del orgullo, y es precisamente esto de lo que nos previene san Pablo en su carta a los Romanos. Nos exhorta a la humildad, a no mostrar suficiencia. En el contexto del texto se podría decir que con esta actitud no pretende una actitud que tenga valor en sí misma, sino que por medio de ella confesamos la grandeza de Dios. Al hacernos humildes no sólo evitamos pecados ya conocidos en la historia de la salvación, sino que esa misma actitud moral es una confesión del poder de Dios. En el mismo sentido y de forma más clara está la exhortación a buscar la paz y la buena reputación. No se trata de olvidar sin más las afrentas del enemigo, o de llamar al enemigo amigo. No. Así actuaríamos como los pecadores que llaman a una cosa otra, al mal bien, etc. No se pide ser insensible sino de confesar una vez más la superioridad de Dios, que es el Juez del mundo: Amigos, no os toméis la venganza, dejad lugar al castigo, porque dice el Señor en la Escritura: Mía es la venganza yo daré lo merecido.

También san Pablo, siguiendo la enseñanza de Cristo, invita a hacer el bien a los enemigos. Da una razón: así le sacarás los colores a la cara. El malvado, aún en su maldad, tiene la capacidad de reconocer lo que es justo. Cuando da mal y recibe bien reconoce que no es tratado como merecen sus actos. Se avergüenza al reconocer que tiene delante a alguien que es mejor que él.

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OCTAVO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Is 49,1-6
Psallendum: Sal 19,5.7.3
Apóstol: Rom 16,17-20
Evangelio: Mc 5,21-34
Laudes: Sal 27,9

La Liturgia de la palabra de este domingo es un canto a la confianza en Dios. Ante las dudas del profeta, el psallendum responde: cumpla el Señor tus proyectos. En la profecía de Isaías descubrimos que en nuestra misión de reunir a Israel -esto es, a los elegidos de Dios- es Él quien nos protege y guía. En la misión de establecer el Reino de Dios entre los hombres nos sabemos precedidos por la disposición divina, puesto que Él mismo nos llamó desde el seno materno, pronunciando nuestro nombre.

En el evangelio esa confianza en Dios se refleja en el episodio de la mujer que padecía flujos de sangre. La selección de perícopas de este domingo excluye el desenlace de la curación de la hija de Jairo, dándonos a entender que la instauración del Reino -aquí por la curación de los enfermos- no es un cálculo matemático donde los resultados están previstos de antemano, sino que está abierto a una mayor realización. La fe de la hemorroísa fue la causa de su curación. La «fuerza» que sale de Jesús nos muestra cómo Él es el ungido de Dios, que su humanidad es puente entre su divinidad y la creación, entre su ser divino y la humanidad débil y enferma. El vestido, que es prolongación del cuerpo del que lo lleva -por eso dice Jesús que alguien le ha tocado a él, no a su vestido-, es el objeto de la gran confianza que tiene la mujer en el poder de Jesús. Lleno del Espíritu de Dios, la fuerza y el poder de Cristo no tiene fronteras, sólo exige la fe en Dios y en su omnipotencia. La curación corporal incluye así la curación espiritual, por eso con el canto de laudes de hoy decimos: salva a tu pueblo.

La parénesis de san Pablo a los Romanos que hemos escuchado revela otro aspecto de la instauración del Reino: el Dios de la paz no tardará en aplastar a Satanás bajo vuestros pies. La confusión doctrinal por los que crean disensiones y escándalos opuestos a la doctrina son asociados por el Apóstol con la acción de Satanás, padre de la mentira. La verdad de Dios que nos trajo Cristo es un bien preciado que nos aleja de las tinieblas, de la idolatría, de la acomodación al mundo. En esta lectura del apóstol la derrota definitiva de Satanás no se centra, como suele ser habitual, en destruir su poder de tentar al hombre o de producir males, morales o físicos. El padre de la mentira no quiere que se reconozca al Dios Trino con fe viva, por eso se aprovecha de la confianza natural que tenemos en Dios para desfigurar su rostro. La única solución que tenemos es estar en guardia y evitar a esos que crean disensiones. La conducta que propone san Pablo es la que ha realizado, con mayor o menor acierto sin duda, pero con empeño, la Iglesia a través de los siglos. Pero no compete sólo a la jerarquía eclesiástica sino a todo miembro de la Católica.

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NOVENO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Is 46,10-13 (1)
Psallendum: Sal 27,4 (2)
Apóstol: Rom 13,10-14 (3)
Evangelio: Mc 10,17-31
Laudes: Sal 27,9; 32,3

El conjunto profecía-apóstol de este domingo expone las relaciones entre Dios y el hombre. El profeta Isaías nos muestra a un Dios que devuelve la paz a su Pueblo, que está con él y lo colma de consuelo y alegría. El consuelo divino se debe a los enemigos del Pueblo de Israel. Por eso el psallendum clama: dales conforme a la malicia de sus hechospágales con su misma moneda. En el fondo se sigue la temática del domingo anterior: la justicia se debe dejar a Dios, que dará a cada uno según sus obras. Y ese Dios de justicia es también Dios de paz, como se veía en el apóstol del domingo anterior. El apóstol de este domingo, completamente parenético, muestra en cambio las actitudes del hombre para con Dios. El hombre debe amar, porque amar es cumplir la ley entera. La urgencia de actuar de modo conveniente se expresa en la imagen del día que fenece, acompañado con la dualidad tinieblas/luz. Aunque estamos “de noche”, debemos dejar las actividades de las tinieblas y conducirnos como en pleno día. A la imagen del día se une la del vestido: vestíos del Señor Jesucristo. A la hora de hablar de la dignidad del cuerpo san Pablo recurre al vestido, porque por medio de él se da una visión más noble del cuerpo, ocultando sus imperfecciones fruto de la naturaleza o del paso del tiempo.

El evangelio va más allá de lo que exponen profecía y apóstol, e invita al seguimiento radical, a no tener apegos a las cosas de este mundo. La crítica a los ricos no se dirige a los que tienen riquezas, sino a los que viven apegadas a ellas. Por eso los apóstoles se espantan: Entonces, ¿quién puede salvarse? Si Jesús se refería a los ricos en sentido económico, los apóstoles no se habrían sorprendido: a lo largo de la historia de los pueblos, los ricos suelen ser un mínimo porcentaje de la población mundial. En cambio, los que viven apegados a las cosas materiales son “legión”. Por otro lado, el Señor propone la limosna como un acto de misericordia de valor especial: dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo.

El evangelio de este domingo tiene también otro sentido, especialmente comentado durante mucho tiempo en la Iglesia para hablar de las actitudes propias de aquellos que se consagran a Dios (religiosos). Más allá de las explicaciones dadas a partir de este texto evangélico, es claro que el que quiere seguir a Jesús de cerca -invita al rico a ser parte del grupo que está con Él- debe vivir para la misión, libre de las ataduras del sæculo, de la mundanidad. Por eso Pedro, en nombre del colegio apostólico, le dice: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Como en el caso de la limosna, el seguimiento radical de Jesús tiene un gran significado y recompensa: recibirá ahora, en este tiempo, cien veces másy en la edad futura, vida eterna.

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DÉCIMO DOMINGO DE COTIDIANO

Profecía: Jer 7,1-7
Psallendum: Sal 25,6-8
Apóstol: 1Cor 1,3-9
Evangelio: Mc 10,46-52
Laudes: Sal 32,3

Al final de los «Domingos de Marcos» cambiamos de profeta mayor en la profecía: Jeremías. Este profeta nos acompañará buena parte de los «Domingos de Lucas», junto con el profeta Ezequiel (éste a partir del domingo XVI). También hoy se deja de leer la carta de san Pablo a los Romanos, que habíamos escuchado hasta este domingo, exceptuando el domingo VI. Aparentemente este cambio de profeta no introduce una temática diferente: se insiste en las actitudes que el creyente debe tener con Dios. Sin embargo, este domingo, mientras el evangelio vuelve sobre la instauración del Reino, el binomio profecía-psallendum y el mismo apóstol tienen un significado litúrgico-moral.

La conducta moral recta es la condición sine qua non para que el Señor se haga presente en el templo, no la repetición es el Templo del Señor. La actitud interior que exige Jeremías en nombre de Dios se expresa en el psallendum: Lavo mis manos en la inocencia y ando en torno a tu altar. La presencia de Cristo en la liturgia no depende de los hombres ni de su actitud moral. Tampoco el efecto santificador de los sacramentos. Pero en el culto veterotestamentario, al no producir la santificación per se sino por la esperanza en el Mesías, es necesaria una actitud moral concorde con esa esperanza. Pero este talante, necesario para el culto del Antiguo Testamento no es contingente en el nuevo. Aunque no lo recoja el evangelio de este domingo, Jesús resalta también la dimensión moral del culto (cf. Mt 5, 23s y par.). Lo mismo el apóstol de hoy: no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. También el cristiano espera, no ya la manifestación del Mesías, que ya ha ocurrido de la cual hace memoria, sino de la manifestación definitiva, del advenimiento glorioso de nuestro Señor. Para dar el trasfondo litúrgico cristiano a esta idea, en la lectura de 1Cor de este día se recoge una fórmula litúrgica, que en nuestro rito se hace antes de la anáfora: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En el texto litúrgico se amplía: La gracia de Dios, Padre todopoderoso, la paz y el amor de nuestro Señor Jesucristo y la comunión con el Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros. La respuesta de la asamblea, distinta de otras tradiciones litúrgicas -que repiten el y con tu espíritu-, deja entrever la dimensión moral: Y con los hombres de buena voluntad. Y siguiendo con la dinámica propia que habíamos descrito al aludir a Mt 5, 23s, después de este saludo -más que bendición- sigue el rito de la paz.

El evangelio no es de Mt 5, sino de Mc 10. Desde un punto de vista temático quizás hubiera sido preferible el texto de Mateo. Sin embargo, la selección actual va por otros derroteros. El evangelio de hoy se limita a continuar con la temática general de este tiempo, el Reino de Dios. La curación del ciego Bartimeo, y la fe que muestra al llamar a Cristo Hijo de David y confiar en Él, son una breve muestra de que es necesaria la fe para la iluminación, para conocer cuál es la verdad de Dios. Y en el caso de este domingo, cuál es la verdadera actitud del creyente en la liturgia.


Notas:
* Publicado en:
lexorandies.blogspot.com.es, 2010 - 2012.
Reseñas bíblicas de los Laudes añadidas por La Ermita (N. de La Ermita).

1. Debe decir: Is 66,10-13. (N. de La Ermita).
2. Debe decir: Sal 24,7. (N. de La Ermita).
3. Rom 13,10-14a. (N. de La Ermita).

 

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