La Ermita. Rito hispano-mozárabe

ORACIONES HISPANO-MOZÁRABES

Oraciones hispano-mozárabes Letanías de Pentecostés

 

Letanías de Pentecostés

 


Introducción.

Letanía es una palabra de origen griego que se refiere a toda oración, invocación, súplica o deprecación elevada a Dios junto con ayunos y limosnas. Desde los primeros siglos pasó a significar en la Iglesia aquellas jornadas en que los cristianos se reunían para practicar el ayuno y elevar súplicas y plegarias, generalmente en las vísperas de ciertas fiestas y solemnidades. Con el paso del tiempo su significado se fue restringiendo a las oraciones en sí y dentro de ellas a cierto tipo de oraciones.

El Calendario del Misal Hispano-Mozárabe (prenotando 15) marca como periodos penitenciales -además de la Cuaresma- los siguientes:

  • Inicio del año.
  • Letanías de Pentecostés.
  • Letanías de san Cipriano.
  • Letanías de san Martín.

Son los mismos periodos a los que se refiere san Isidoro de Sevilla en su tratado De los oficios eclesiásticos (598-615) 1, lo que nos da una idea de su antigüedad.

Las letanías hispanas eran, antiguamente, jornadas de penitencia y oración que se celebraban durante tres días. Salvo en el caso de las letanías de Pentecostés, que siempre se celebran antes del domingo, en las demás ocasiones, si eran interrumpidas por un domingo, se pasaban a la semana siguiente. Los concilios de la época hispano romana y visigótica suelen prescribir como práctica penitencial para estos días la abstinencia de carnes y vino.

Que fueran precisamente tres días se debía, según san Isidoro, (Cf. Jon 3), al ejemplo de los ninivitas, que arrepentidos de sus viejos vicios, se entregaron todos, durante tres días, al ayuno y a la penitencia y, cubiertos de saco, alcanzaron la misericordia de Dios 2.

Las Letanías de Pentecostés también reciben el nombre (por ejemplo en el Antifonario) de Letanías apostólicas (litaniæ apostolicæ).

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Origen.

En el Concilio de Gerona de 517, c.2  se estableció para la Tarraconense que: "las letanías, acabada la solemnidad de Pentecostés, se tengan la semana siguiente desde el jueves al sábado y durante este triduo se guarde la abstinencia".

San Isidoro también sitúa estas letanías después de Pentecostés como disposición para recibir al Espíritu Santo y explica que durante los cuarenta días desde Pascua a la Ascensión  no se debía practicar ningún ayuno, al ser éste un tiempo de alegría en que había de suspenderse todo signo de tristeza:

El segundo tiempo de ayuno canónico, comienza al día siguiente de Pentecostés, en conformidad con lo que dice Moisés: Desde el comienzo de la siega contaréis siete semanas (Dt 16,9).

Sostienen muchos que este ayuno se introdujo por la autoridad del Evangelio a partir de la ascensión del Señor, tomando como referencia histórica aquel testimonio domínico, cuando dijo: ¿Acaso pueden los amigos del novio llorar, cuando con ellos está el novio? Llegarán días en que se os quitará el esposo y entonces ayunarán (Mt 9,15). Así dicen que, durante aquellos cuarenta días después de la resurrección del Señor, en los que, según se lee, dialogaba con sus discípulos, no ser conveniente ni ayunar ni llorar, puesto que estamos alegres. En cambio, cumplido el tiempo en que Cristo, subiendo a los cielos, dejó de mostrarse con presencia corporal, es entonces cuando se implantó el ayuno, para que por humildad del corazón y la abstinencia de carnes, merezcamos recibir el Espíritu Santo prometido 3

La Iglesia hispana adelantó posteriormente estas letanías a los días previos a Pentecostés precisamente para reforzar su carácter de preparación a esta fiesta. Así, los textos de la misa en el Liber Sacramentorum indican que la preparación de la venida del Espíritu Santo debía hacerse mediante las prácticas cristianas del ayuno, la penitencia, la caridad y la oración.

Las letanías de Pentecostés se encuentran presentes en los diversos libros litúrgicos hispano-mozárabes como el Liber Sacramentorum, el Antifonario de León, el Liber Ordinum, el Oracional de Verona, etc. así como en el Missale Mixtum y el Breviarium Gothicum y también en el actual Missale Hispano-Mozarabicum.

El número de días de que constaban oscilaba, según las fuentes, entre tres y cuatro, incluyendo el sábado. Al sábado se le consideraba por lo general como un día de letanías y por tanto con más carácter penitencial que de vigilia, aunque el Missale Mixtum y el actual Missale Hispano-Mozarabicum titulen la misa de este día como vigilia de Pentecostés.

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Misas en el Misal Hispano-mozárabe.

El Misal Hispano-mozárabe actual (1991-1995) incluye dos misas antes de Pentecostés, para el viernes y el sábado, bajo los siguientes títulos:

La misa del sábado cuenta con lecturas para los Años I y II y, a diferencia de lo que ocurría en el Missale Mixtum, sigue, como el viernes, el esquema habitual de tres lecturas y no el propio de las misas penitenciales con cuatro.

Las oraciones y las lecturas del primer día son de marcado carácter penitencial. La Illatio de la misa del viernes resume con claridad el espíritu que debe guiar al fiel que espera la llegada del Espíritu Santo.

Dignum et iustum est, nos tibi Deo laudes et grátias ágere: a quo promíssam pollicitatiónem Spíritus exspectántes, hos dies ob expiatiónem nostri et in ieúniis ágimus, et in sacrifíciis honorámus. Nunc nempe séries illa incúmbit témporis, quo afflictióni inhærére debémus et lácrimis. Étenim sponso corporáliter commoránte in terris non est lícitum ieiunáre discípulis.

Ídeo proinde nobis necésse est, ut, qui gáudia iam domínicæ ascensiónis perégimus, promíssum exspectántes Spíritum nos in abstinéntiis affligámus; quo per contritiónem cordis et abstinéntiis affligámus; quo per contritiónem cordis et abstinéntiam carnis purificáti, suscípere mereámur Spíritum veritátis.

Cui mérito omnes Ángeli et Archángeli non cessant clamáre cotídie ita dicéntes: Sanctus, Sanctus...

Es digno y justo que te dediquemos alabanzas y acción de gracias a ti, Dios, de quien esperando la promesa del Espíritu, pasamos estos días en ayuno para expiación nuestra, y los honramos con sacrificios. En efecto, corresponde ahora el periodo temporal en que debemos dedicarnos a la mortificación y las lágrimas, ya que, mientras vivía corporalmente el Esposo sobre la Tierra, no era lícito a los discípulos ayunar.

Por lo tanto es necesario que quienes hemos celebrado ya el gozo de la Ascensión del Señor, nos mortifiquemos con el ayuno, aguardando al Espíritu prometido; para que purificados por la contrición del corazón y la abstinencia de la carne, merezcamos recibir al Espíritu de la verdad.

Al cual, merecidamente, todos los Ángeles y Arcángeles no cesan de aclamar diariamente diciendo: Santo, Santo... 4

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Oficios en el Breviario.

El Breviarium Gothicum proporciona oficios para miércoles, jueves, viernes y sábado antes de Pentecostés con los títulos siguientes:

El Breviario Gótico 5 prepara la fiesta de Pentecostés con un «oficio de ayunos» durante los cuatro días anteriores. Que se trata de una preparación a Pentecostés se deduce sobre todo de las lecturas. Recojamos las más representativas: En la feria IV, se lee la profecía de Ageo (2,5-9): «Mi espíritu está en medio de vosotros... Vendrá el Deseado de todas las gentes y llenaré de gloria este templo...»; con lo cual se aplica al Espíritu Santo una profecía mesiánica, que, por otra parte, en lo que respecta a la figura del «Deseado de las gentes», es una interpretación de la Vulgata. En Tertia y Nona se lee Act 10, que relata la conversión de Cornelio y la venida del Espíritu sobre aquel grupo de paganos. La feria V contiene la profecía de Ezequiel sobre la liberación de los cautivos y la efusión del Espíritu sobre la casa de Israel (Ez 39,28-29) en Tertia, la del nuevo Pastor y la abundancia mesiánica (Ez 34) en Sexta y la promesa de un espíritu nuevo (Ez 11,19) en Nona. En estos dos días y también en la feria VI y el Sábado se leen pasajes de los Actos que relatan intervenciones y  «venidas» del Espíritu Santo en las primeras comunidades cristianas (Act 8,13,15,20).

En cuanto a las oraciones hay dos pares que conservan la referencia  a Pentecostés. Se trata de las Completurias y Benedictiones de Laudes y Vísperas, que se repiten cada día. Las de Laudes están tomadas del Sacramentario y participan del doble carácter de penitencia y expectación. Las segundas insisten en lo mismo, pero además son interesantes sus referencias a las dos venidas de Cristo, a la Resurrección y a la Ascensión. Pero a excepción de estas oraciones todas las demás adolecen de un tono impersonal en cuanto que el mundo exuberante de oración que encierran -penitencia, ayuno, humildad, alabanza- no tiene relación directa con Pentecostés.

El Antifonario 6

El Antifonario oscila también continuamente entre los dos polos de penitencia y expectación durante los cuatro días de «letanías apostólicas». La idea de Pentecostés como «promesa» aparece poco a poco haciéndose más insistente a medida que se acerca la fiesta. Las antífonas de Maitines de la feria V giran en torno de la «visita» de Dios que nos va a consolar, con palabras recogidas de Ps 79,15: «Mira desde el cielo, Señor Dios, y ve y visita esta viña que plantó tu diestra». A esta súplica se sucede en la feria VI la respuesta de Dios que promete la salud y la consolación: «Yo soy, dice el Señor, y mi alianza conmigo. Convertíos a mí... y os consolaré velozmente». Las referencias a la alianza y al consuelo que trae Dios son una clara alusión al Consolador y a la alianza en el Espíritu -tema este último que no recoge la liturgia hispánica- A partir de las vísperas del Viernes y durante todo el Sábado el cuerpo de antífonas y responsorios es un mosaico de textos bíblicos. Las promesas de Dios se concentran en la idea del «espíritu»: «Os daré un corazón nuevo y pondré en vuestros corazones un espíritu nuevo» (Ez 11,19); «Derramaré mi espíritu sobre toda carne y vuestros hijos profetizarán» (Joel 3,1); esta última promesa había sido aplicada a Pentecostés en el mismo días del acontecimiento por san Pedro (Act 2,18). A ello se unen las peticiones por un corazón puro y un espíritu recto (Ps 50,12), y por el envío del Espíritu para que todo sea creado y se renueve la faz de la tierra (Ps 103,30), A estos textos del A.T. que se aplican al Espíritu Santo se juntan además las promesas de Cristo, en las que se intenta poner muy de relieve el matiz de seguridad y confianza, a la par que son una invitación a la oración: «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros se os dará el Espíritu Santo que pedís» (Aplicación directa al Espíritu Santo del texto de Jn 15,7). «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá» (Jn 14,13). Pero como se ve se insiste más en la actitud ante la promesa que en el contenido de ella.

Ilustración del Devocionario Mozárabe p. 97


Notas

1. San Isidoro de Sevilla, De los oficios eclesiásticos. Introducción y traducción del latín por Antonio Viñayo González. Editorial Isidoriana. León, 2007.
2. San Isidoro de Sevilla, op.cit.,
Capítulo XLII. De la costumbre de ayunar tres días, p. 96.
3. San Isidoro de Sevilla, op.cit., Capítulo XXXVIII. Del ayuno de Pentecostés, pp. 92-93.
4. Missale Hispano-Mozarabicum, pp. 537-538.
5. Lo que sigue está tomado de Martínez Sáiz, Pablo; El tiempo pascual en la liturgia hispánica. Desarrollo, estructura y contenido teológico, Instituto Superior de Pastoral, Madrid 1969, pp. 207-208.

6. Tomado de Martínez Sáiz, Pablo; El tiempo pascual en la liturgia hispánica. Desarrollo, estructura y contenido teológico, Instituto Superior de Pastoral, Madrid 1969, pp. 206-207.

 

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