La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Himnos de la Hymnodia Gotica

 

HIMNOS DE LA LITURGIA MOZÁRABE.

Blume, Clemens,
HYMNODIA GOTICA.
Die Mozarabischen Hymnen des alt-spanischen Ritus (1)
 

Himnos en tiempo de guerra
ÍNDICE
Tristes nunc populi, Christe redemptor / Los campos están yermos por el abundante polvo.
Saevus bella serit barbarus horrens / Las nubes han cubierto la bóveda del cielo.

 

 Tempore Belli / En tiempo de guerra
   Tristes nunc populi, Christe redemptor,
Pacem suppliciter cerne rogantes,
Threnos et gemitus, cerne dolorem,
Maestis auxilium desuper adfer.

   Dire namque fremens, en, furor atrox
Gentis finitimae arva minatur
Saeve barbarico murmure nostra
Vastari, perimens ut lupus agnos.

   Defensor quis erit, ni pius ipse
Succurras miserans, auctor olympi,
Humano generi crimina parcas,
Affectos venia dones amare?

   Abram praesidio pertulit olim
Reges quinque tuo, conditor aevi,
Haud multis pueris nempe parentem
Prostratis reducens hostibus atris.

   Moyses gelidi aequora ponti
Confidens populum torrida carpens
Deduxit, refluens undaque hostera
Extemplo rapiens occulit omnem.

   Tercentisque viris Amalecitas
Deiecit Gedeon iussus adire,
Oppressum populum gente feroci
Liberavit ope fretus opima.

   Haec tu, cunctipotens, omnia solus,
In cuius manibus sunt universa,
In te nostra salus, gloria in te,
Occidis iterum vivificasque.

   Maior quippe tua gratia, Iesu,
Quam sit flagitii copia nostri.
Contritos nec enim maestaque corda, Clemens, vel humiles spernere nosti.

   Salva ergo tua morte redemptos,
Salva suppliciter pacta petentes,
Disrumpe frameas, spicula frange,
Confringe clipeos bella volentum.

   Iam caelum gemitus scandat amarus,
Iam nubes penetret vox lacrimarum
Vatum, contritio plebis anhela;
Salvator placidus, iam miserere.

   Entristecidos ahora tus fieles, Cristo redentor, mira a los que piden con súplicas la paz, mira sus lamentos y gemidos, su dolor, y envía desde arriba tu auxilio a los afligidos.

   Pues he aquí que la furia cruel de un pueblo vecino, bramando terriblemente, amenaza devastar cruelmente nuestros campos con bárbaro fragor, como el lobo que mata a los corderos.

   ¿Quién será nuestro defensor, a no ser que tú, autor del Olimpo, en tu bondad nos socorras misericordioso, seas indulgente con los crímenes del género humano y concedas tu perdón a los amargamente afectados?

   Con tu ayuda, creador del tiempo, Abram sostuvo en otro tiempo a cinco reyes, liberando ciertamente con unos pocos siervos a su pariente después de abatir a los crueles enemigos.

   Moisés, tomando con fe el seco camino del gélido mar, condujo a su pueblo, y el agua desbordándose al punto arrebató y sepultó a todos los enemigos.

   Gedeón, habiéndosele ordenado atacar, con trescientos hombres expulsó a los amalecitas y, confiado en tu abundante ayuda, liberó a su pueblo oprimido por una gente feroz.

   Todo esto tú solo, Todopoderoso, en cuyas manos está el universo, en ti nuestra salud, en ti nuestra gloria, tú matas y de nuevo vivificas.

   Tu gracia, Jesús, sea en verdad mayor que la abundancia de nuestras infamias, pues en tu clemencia no sabes desdeñar a los contritos ni a los corazones afligidos ni a los humildes.

   Salva pues a los que has redimido con tu muerte, salva a quienes pedimos con súplicas el pactos, rompe las lanzas, quiebra las flechas, destroza los escudos de los que desean la guerra.

   Escale ya el cielo nuestro amargo lamento, atraviese ya las nubes la voz de las lágrimas de los obispos y la anhelante contrición de tu pueblo; ten ya misericordia, dulce salvador.

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Tempore Belli / En tiempo de guerra  
   Saevus bella serit barbarus horrens.
Frendens bella furor semper acervat
Ac respergit ovans caede recenti
Multa strage supcr laetus anhelans.

   Terret continuo fervida bello
Gens effrena, suis vasta catervis
Findens innumeris aequora ponti,
Perturbat rigidis arvaque telis.

   Vertit terga suis hostibus, ecce.
Diris ipsa cohors christicolarum
Ac per prona tremens invia perque
Turpi pulsa fugit fessa pavore.

   Gens impune ferox milia vexat,
Et crude lacerans milia truncat;
Lymphis lota sacris corpora foedis
Passim nuda iacent tradita corvis.

   Aedes inde sacras, templa dicata
Aras atque Deo sanctificatas,
Exsultans valido cuncta triumpho
Invadit spolians praedo superbus.

   Urbes urit edax barbarus ignis,
Communesque domos urit et almas;
Vinctos praedo senes ducit, ephebos,
Nuptas et viduas atque puellas.

   Casum virgo feram, virgo sacrata,
Casum virgo suum deflet amarum,
Amissumque dolet virgo pudorem
Leti ferre volens virgo laborem.

   Hoc peccata malum grande merentur
Vere nostra Deus plurima sancte,
Sed nunc suppliciter poscimus omnes,
Iam clemens famulos aspice tristes.

   Immensus penetret fletus olympum,
Ascendatque pias clamor ad aures,
Moysi nam meritis Amalecitas
Iesus stravit agens nomine clarus.

   Iesu, nate Dei cunctipotentis,
Virtus vera, salus summa labore,
Pax et certa quies ac decus omne,
Tu nunc esto tuis fautor alumnis.

   Emptis parce tua morte, rogamus,
Instaurans animos pelle timorem,
Hostes comminuens sparge fugatos,
Pacis perpetuae munera confer.

   Laus et perpes honor, gloria patri,
Laus aeterna tibi, gloria, fili,
Una spiritui gloria sancto,
Sicut semper erat, nunc et in aevum.

   El bárbaro horrible siembra cruelmente las guerras, su furia destructora junta una guerra con otra siempre y las esparce exultante por la reciente matanza, jadeando contento por el estrago general.

   Un pueblo enfurecido y desenfrenado siembra el terror con continuas guerras, surcando las vastas llanuras del mar con catervas sin número, y perturba los campos con rígidas flechas.

   He aquí que la cohorte misma de los cristianos vuelve la espalda a sus crueles enemigosb y, agotada, huye temblando por pendientes y por parajes impracticables, empujada por un vergonzoso pavor.

   El feroz pueblo los veja impunemente a millares y, golpeándolos cruelmente, los degüella a millares; los cuerpos purificados por las sagradas aguasc yacen desnudos por doquier, entregados a los siniestros cuervos.

   Después, el altanero bandido, exultante por su sólido triunfo, invade los sagrados recintos, los templos consagrados y las aras santificadas para Dios, saqueándolo todo.

   El fuego bárbaro abrasa devorador las ciudades y abrasa los edificios públicos y venerables; el bandido se lleva atados a los ancianos, a los jóvenes, a las casadas, a las viudas y a las doncellas.

   La virgen llora su terrible suerte, la virgen consagrada", la virgen llora su amarga suerte y se duele la virgen por su pudor perdido, queriendo la virgen arrostrar la desgracia de la muerte.

   En verdad, Dios santo, nuestros innumerables pecados merecen este tan gran mal, pero ahora te pedimos todos con súplicas: mira ya clemente a tus afligidos siervos.

   Que nuestro inagotable llanto atraviese el Olimpo y nuestro grito se eleve hasta tus misericordiosos oídos, pues por los méritos de Moisés Jesús abatió a los amalecitas actuando ilustre por su nombre'.

   Jesús, Hijo de Dios todopoderoso, fuerza verdadera, salud suma en la enfermedad, paz y descanso seguro y todo honor, sé tú ahora defensor de tus hijos.

   Te rogamos que perdones a los que compraste con tu muerte, fortalece su ánimo quitándole el temor, destruye a nuestros enemigos dispersándolos y poniéndolos en fuga, danos el don de la paz perpetua.

   Alabanza y honor perpetuo, gloria al Padre, alabanza eterna y gloria a ti, Hijo, gloria juntamente al Espíritu Santo, como era siempre, ahora y por la eternidad.

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NOTAS

1.Blume, Clemens, Hymnodia Gotica. Die Mozarabischen Hymnen des alt-spanischen Ritus, Himnos nº 205  (pp. 281-282 ) y nº 206 (pp. 282-283).
Traducción: Castro Sánchez, José (introducción, traducción, índices y notas) - García Ruiz, Emilio (col.), Corpus christianorum in translation, 19. Himnodia Hispánica. Ed. Brepols, Turnhout 2014, himnos nº 205. En tiempo de guerra (pp. 539-540) y nº 206. En tiempo de guerra (pp. 541-542).

 

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