La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Breviario

 

HYMNUS / HIMNO

O cœlôrum alme Princeps (1)
(Die XXIX Septembris. In festo sancti Michaelis, archangeli. Ad Vesperum / 29 de septiembre. San Miguel, arcángel. Vísperas)

   O Cœlôrum alme Princeps
Míchaël potíssime,
Summi Regis Christi summus
Portitórque rútilus,
Agius nuncupâtus Míchaël,
Quis, ut Dóminus?

   Tu polôrum aulæ basis,
Tu thronôrum civis es:
Dominatiônum arce tu
Virtutúmque præminens;
Principátuum, Potestâtum
Lux corúscans énites.

   Chérubim deínde sacro
Tu cluis igníchoro:
Séraphim deínde pollens
Cœtu nixus Augústo:
Arcem vehens Legiônum
Primus ritè Sénior.

   Tu quatérno seniôrum
Órdine cursu viges:
Tu bis duo senatôrum
Globo quarto flumen es:
Conditôris throno situs
Ritè missus adstans

   Tu ter terno sacro vultus
Angelôrum órdine,
Mille cénties urbánâ
Legiônum compâge:
Juge carmen Trinitâtis
Cóncrepans ter Agie.

   Tu perénnis Dei summi
Vultum, pedésque tegis:
Ínvicem tribúsque illis
Innuens adspéctibus
Uriéli, Gabriéli,
Raphaéli socius.

   Hincque flantes flavos flammis
Bis ternis volátibus,
Scílicet tegéntes summa
Ante mundi exórdia:
Immâne! perácto fine,
Cuique sunt novíssima.

   Tu creâtus, Creatôris
Obsequens officio;
Húmilem prælâtus axem
Non linquis fastígio:
Ille dum réfuga pléctitur
Ínsolens in tártaro.

   Inde tibi summa virtus
Pollet, vigor ínclyte
Tenebrósis dominári
Turbis dæmoníacis,
Judicâre censor suis
Zábulum cum ángelis.

   Tu plebis Judææ salus,
Cœlo missus lator es,
Almo vati jubar ferens
Daniéli oráculo:
Fortem, inquit, te belláre
Pro fidéli pópulo.

   Inde nos quæsumus, alme
Miles victor ínclyte:
Éxhibe cunctis renátis
Nunc demum baptísmate;
Quæ præstábas olim piè
Véteri ænígmati.

   Tu rémove tela lapsa,
Sontes iras dæmonum:
Pelle ulcus, arce morbum,
Aufer omne scándalum;
Pax, salus, fidesque fervens
Omnem tegat ánimum.

   Ecce cuncti conglobáti
Revolúto témporis
Anno, allelúia Aulæ tuæ
Dedicâtum sólvimus;
Sit ratum ut regi Christo
Tu fave, dum vívimus.

   Præbe nobis mente cæcis
Esse mundos córpore,
Ne cadâmus cœno molli
Sáucii libídine;
Quo surgâmus ad salûtem,
Tu cleménter súbleva.

   Témpora fave tranquílla,
Auge pacis fœdera;
Ensis urbis nostræ fines
Hostîlis non díssecet:
Labes ullum, plagæ ullum,
Te duce, non trucídent.

   Discat sexus, omnis ætas
Cassa mundi línquere:
Verum Christi callem clives
Discâmus concúrrere:
Quo queâmus cœli portam
Tránsitum pòst pétere.

   Últimò die, cum ille
Resurgéndo fúlserit,
Non reôrum sorte vincti
Mancipêmur tártaro;
Sed urbáno lucis loco
Deputêmur líbero.

   Duplex tunc honor, dum Sanctis
Digna merces rédditur;
Non indígnis mala nobis
Óbligent, quæ géssimus;
Sed nutándi transferâmur
Ex fide sidéribus.

   Quo tibi precánti, alme
Míchaël fortíssime,
Hierúsalem gloriósæ
Sint eníxi cármine;
Ut imménso perfruâmur
Rite lucis lúmine.

   Laudem soli Trino fantes
Númini multímodam;
Spíritûs, Patris, et Agni
Mox adépti déxteram,
Gaudeâmus, exultêmus
Affátim per sæcula
Amen.

 

   Oh santo príncipe de los cielos,
Miguel poderosísimo,
sumo y rutilante mensajero
del sumo rey Cristo,
dos veces santo, llamado Miguel
¿Quién como el Señor?

   Tú eres base del palacio celestial,
tú eres ciudadano de los tronos,
tú sobresales en el alcázar
de dominaciones, virtudes,
principados, potestades,
brillando cual resplandeciente luz.

   Tú gozas de renombre
en el sagrado coro de fuego de los querubines,
poderoso apoyándote
en el augusto coro de los serafines,
marchando el primero por antigüedad,
según el rito, a la cabeza de las legiones.

   Tú destacas por tu rapidez
en los cuatro órdenes de ancianos,
tú eres el  cuarto rayo
en los cuatro grupos de senadores,
estando, según el rito, junto al trono del creador
como su mensajero.

   Tú, apoyado en los nueve coros
sagrados de ángeles,
en compañía de cien mil
legiones celestiales,
cantas sin cesar a la Trinidad
el canto "tres veces santo".

   Tú eternamente cubres
el rostro y los pies
del Dios sumo,
saludándolo alternativamente
en unión de las tres figuras:
Uriel, Gabriel y Rafael.

   Soplando después
con vuestras seis alas
las encendidas llamas,
ocultando lo más alto
antes del comienzo del mundo
y lo más bajo y lo último, llegado su fin.

   Entregándote tú creado
al servicio del Creador,
aún elevado a lo alto,
no abandonas este mundo de aquí abajo,
mientras aquél tránsfuga del cielo
es castigado en el tártaro.

   Tú, salvación del pueblo judío,
fuiste enviado desde el cielo,
cual vengador, iluminando
al santo profeta Daniel con un oráculo;
dice que tú peleabas
con valor por el pueblo fiel.

   Por eso nosotros te pedimos,
santo soldado, vencedor ínclito,
desvela ya por fin
a todos los que han renacido por el bautismo
lo que antes mostrabas piadosamente
bajo el viejo enigma.

   Desvía tú los peligrosos dardos
y las culpables iras de los demonios,
aleja las plagas, aparta la enfermedad,
quita todo escándalo,
que la paz, la salud y la fe ferviente
protejan todos los espíritus.

   He aquí que todos, reunidos,
transcurrido el año,
cumplimos el anual rito
de consagración de tu templo:
que sea grato a Cristo rey
y tú ayúdanos mientras vivimos.

   Concédenos dignidad de espíritu
y que seamos puros de cuerpo,
para que no caigamos en el cieno
heridos por el peso de la pasión;
ayúdanos con clemencia
para que nos levantemos a la salvación.

   Danos tiempos tranquilos,
provee tratados de paz,
que la espada enemiga no diezme
a los habitantes de nuestra ciudad,
que bajo tu guía la destrucción de las plagas
no perjudique a ninguno de los puros.

   Que todos, de cualquier sexo y edad,
aprendan a abandonar las vanidades del mundo,
que aprendamos a recorrer, obedientes,
la verdadera senda de Cristo,
para que podamos encaminarnos a la puerta del cielo
después de la muerte.

   Que cuando brille
aquel último día de la resurrección,
no seamos entregados al tártaro,
atados por la suerte de los condenados, s
ino que seamos asignados
al libre y sagrado lugar de la luz.

   Que entonces, cuando a los santos
se les devuelve un digno honor
dignamente duplicado,
no sea un impedimento, en nuestra indignidad,
el mal que hicimos, sino que, pudiendo cambiar por la fe,
seamos llevados a los cielos.

   Donde adornados en tu honor,
santo Miguel fortísimo,
nos esforcemos en el canto
de la Jerusalén gloriosa,
de manera que gocemos justamente
de la inmensa luz de la luz.

   Que, alabando de mil formas
a la Trinidad sola,
y alcanzando la derecha del Espíritu,
del Padre y del Cordero,
nos alegremos y llenemos de gozo
por siempre.
Amén.

1.Breviarium Gothicum, ff. CCC-CCCI.
Traducción: Castro Sánchez, José. Himnos de la antigua liturgia hispánica en Sacris Erudiri nº 42, año 2003,  pp. 241-242.

Se recuerda que hasta la fecha no existe traducción oficial de Breviario.

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