La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Breviario

 

HYMNUS / HIMNO

O beâte Mundi Auctor (1)
(Die XXV Julii. In festo sancti Christophori et comitum ejus. Ad Vesperum, in Laudibus / 25 de julio. San Cristóbal y compañeros. Vísperas y Laudes).
Nota: 10 de julio en el calendario actual.

    O Beâte Mundi Auctor,
Atque rerum Cónditor,
Qui non es accéptor omnis
Persónæ, nec múnerum;
Sed, dum quisque te requîrit,
Ades clementíssimus:

   Qui beâtum cœli civem
Christóphorum mártyrem
Éximens à cænulénto
Limo pravi gérminis,
Glorióso tuo nutu
Præsciéndo ádtrahis:

   Spreta quoque vir devôtus
Géneris flagítia,
Ut veritâtis sequerêtur
Prómptior vestígia;
Ac proínde tuâ, Christe,
Potirêtur grátiâ.

   Deciúsque Imperâtor
Captum à Comítibus,
Necti suis hunc Beâtum
Nítitur milítibus;
Quem virîlem prorsùs esse
Bello adprobáverat.

   Elegánsque statúrâ,
Mente elegántior
Visu fulgens, corde vibrans,
Et capíllis rútilans;
Ore Christum, corde Christum
Christóphorus ínsonat.

   Iste nempe línguæ nostræ
Nésciens elóquia,
Christi in virtûte dari
Sibi Patrem ímprecans:
Illicò, Deo favénte,
Loquebâtur ómnia.

   Tunc deínde Áulam Christi
Precatûrus adhærens,
Postulâta impetrâvit
Virgam suam fróndere;
Virtûte corroborâtus
In agône próficit.

   Veritâtis plena fide
Ínsequens vestígia
Mílitum se persequéntum
Frágmina multíplicat,
Quod véherent saturáti
Plena cuncti sáccula.

   Ad fidem Christi proínde
Evocáti mílites
Cum beáto Christóphoro
Fonte almo lavácri
Expiáti gestiébant
Rudiménto grátiæ.

   Vatem hunc, deínde isti
Conligâtum mílites,
Unâ voluntâte sistunt
Décii conspéctibus;
Quem diro sermône Sanctos
Prótinùs adgréditur.

   Nec moratus Rex crudêlis
Furibúndus ácriter,
Sanctum jubet Christóphorum:
Pensum radi úngulis;
Denudátis ejus costis,
Cárnibus excérperent.

   Aquilînam tunc deínde,
Sanctámque Galléniam
Veheménter pœnis actas
Litat Christo Mártyres:
Pugiône consecrâvit
Memorátos Mílites.

   Ígnibus post hæc Beâtum
Députat atrócibus:
Ádtigit núsquam illum
Flammæ Pyrus válidus;
Nam secus, ut aurum fulgens
Rútilans adgréditur:

   Sóciis dehinc ad astra decem
Missis milítibus;
Quos pro Christo dessecâvit
Gládius tyránnicus;
Ense idem verberátus
Æthera provéhitur.

   Inde omnes, te precâmur
Sponsor fidelíssime,
Ut tuæ promissiônis
Fœdera non ádneges,
Quæ cum sancto Christóphoro
Pepigísti dúlciter:

   Sed per eum mereâmur
Ádsequi cæléstia,
Amputâta prorsùs à nobis
Ómnia piáculâ;
Et fúlgeat perénnis
Deus in ætérna sæcula.
   Amen.

 

   Oh santo autor del mundo y principio de las cosas, que no haces acepción de personas ni de ofrendas, sino que, lleno de clemencia, estás presente en aquéllos que te buscan.

   Que, sacando al mártir Cristóbal, santo ciudadano del cielo, del cenagoso lodo de su envilecido origen, por tu gloriosa voluntad lo atraes hacia ti predestinándolo.

   Para que el celoso varón, menospreciando las ignominias de su origen, siguiera con decisión los pasos de la verdad y por tanto, Cristo, se apoderara de tu gracia.

   El emperador Decio se esfuerza en unir a sus soldados a este santo, capturado de entre sus compañeros y cuya valentía había probado en la lucha.

   Distinguido por su estatura y más distinguido aun por su espíritu, de rubios cabellos, de brillante mirada y de corazón ardiente, Cristóbal hace resonar a Cristo en su corazón y en su boca.

   Pues aunque él desconocía nuestra lengua, pidiendo al Padre que le sea dada por el poder de Cristo, al punto con la ayuda de Dios lo hablaba todo.

   Entonces acercándose al templo de Cristo para orar, consiguió lo que pedía, que su vara floreciera; fortalecido por este milagro, venció en el combate.

   Siguiendo los pasos de la verdad con fe plena multiplica los pedazos de pan de los soldados que le perseguían, de manera que todos, saciados llenaron sus bolsas.

   Llamados después los soldados a la fe de Cristo, purificados junto con el santo Cristóbal en las santas aguas del bautismo, se alegraban con las primicias de la gracia.

   Atando entonces los soldados al santo, se detienen con un solo deseo en presencia de Decio, a quien el santo al instante ataca con duras palabras.

   Sin demora el cruel rey, fuera de sí, ordena que cuelguen al santo Cristóbal y lo despellejen violentamente con garfios, que descubran sus costillas y las arranquen de las carnes.

   Luego [el rey] inmola a Cristo como mártires a las santas Aquilina y Galénica, después de hacerles padecer crueles tormentos; con la espada consagró a los soldados recordados.

   Después manda al santo a la terrible hoguera, pero en ninguna parte le toca la llama del fuego devorador, lo mismo que ataca al oro dándole brillo y resplandor.

   Son enviados a los cielos diez mil compañeros, a quienes degolló por Cristo la espada del tirano; después también él es golpeado por la espada y llevado a los cielos.

   Por eso todos te suplicamos, garante fidelísimo, que no reniegues del pacto de tu promesa que gustosamente sellaste con san Cristóbal.

   Sino que por él merezcamos alcanzar los cielos y que, arrancada de nosotros en adelante toda maldad, Dios eterno resplandezca por los siglos perdurables.   
   Amén.

1. Breviarium Gothicum, f. CCLXX.
Traducción: Castro Sánchez, J. Himnos de la antigua liturgia hispánica en Sacris Erudiri nº 42, año 2003,  pp. 164-165.

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