La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Breviario

 

HYMNUS / HIMNO

Solémne festum ples benígna prómite (1)
(Die XIX Januarii. In festo sanctorum Sebastiani et ejus comitum. Ad Vesperum / 19 de enero. San Sebastián y compañeros. Vísperas)

   Solémne festum ples benígna prómite
Sebastiáni mártyris Sanctíssimi,
Quo mundum línquens regna cœli póssidet:
Omnes sonóro júbilo concínite,
Christôque vota corde puro réddite.

   Hic litterârum clarus, et Christícola,
Et Medioláni índolis indígena,
Charus Tyránno erat: nam Princípibus
Sub veste ad hoc mundiáli mílitans,
Fídei ut digna mulcêret allóquia.

   Duo gemélli ac fidéles mílites
Marceliânus frater et Marcus pius,
Christi dùm pronâ nomen mente cólerent,
Multántur diro carceráli vínculo;
Mox audiéndi óptimo Præsidi.

   Ad hæc paréntes, vel modéstæ cónjuges,
Mugîtum dantes, ac peténtes cárcerem,
Cum blandimántis amicôrum nóxiis,
Natos demónstrant, ejulándo flágitant;
Non ut obîre áppetant, sed dégere.

   Inter paréntum láchrymas vel cónjugum,
Christi cœpérunt mílites molléscere,
Mentésque pœnæ ad dolóres fléctere:
Sed tunc eôrum coram erat cœtibus
Sebastiânus bélliger fortíssimus.

   Mox quibus sese objíciens in médio,
Consúlto cunctos ínstruens allóquio,
Mundîque falsa esse lucra índicat;
Cœléstis regni prædicans insígnia,
Vitam finíri propter Christum ímperat.

   His dùm Beâtus áptiùs discérneret
Chorus, cùm lumen rádians ab æthere,
Sebastiânum áfficit mox lúcidum,
Et palliâtus júvenis sub lúmine,
Quo fertur eum ímbui pleníssimè.

   Ædes sunt intrà acta hæc Nicóstrati,
Cujúsque prior Zoë uxor crédidit,
Annos elínguis quæ bis ternos dúxerat,
Effécta jussu éloquens tunc Mártyris
Ejúsque dicta ritè prorsùs ínsequi.

   Nam se notâbat Ángelum prospícere
Sacrum tenêre ante ipsum códicem,
Per quem digésta hauriêbat síngula:
Conféstìm omnes ad hoc credi clámitant,
Ablutionémque ócyùs expóstulant.

   Sed sempèr cautus, atque dignus præsagus
Sebastiânus, ímperat Nicóstratum,
Ut vinclis tenti tráditi carcéribus
Forent coácti; cùm jam tunc credéntibus
Baptísma cuncti consequántur áptiùs.

   Quod ritè factum crédidit et Cláudius
Natis cum charis, et cum chara cónjuge:
Cùm Polycárpus advocâtus Présbyter,
Qui persequéntum erat metu látitans,
Hic baptizándis nomen dare ímperat.

   Tunc nomen dantes univérsi próprium,
Sexdêna et octo utrorúmque séxuum
Per eum tincti sunt pio in gúrgite:
Et jam renáti sub divína grátia,
Dies per decem læta psallunt cántica.

   Romæ Præféctus urbis sed Cromátius
Ad sciscitándum vocat sic Tranquíllinum.
Qui de natôrum díceret arbíitrio;
Fidémque Christi illi plenè íntimans,
Ipsum credéndo sese natum índicat.

   Cujus edóctus sospitâte árbiter,
Venîre Sanctos íillicò clam præcipit:
Venâlem pensans esse Christi grátiam,
Despóndet auri infinîta póndera,
Artus medéri lánguidos expóstulat.

   Non hoc potíri distrahéndo opînes,
Nisi Christum credas priùs, Sancti ínquiunt:
Tuo medêla erit nulla córpori;
Adest ipse, vovet statìm Præses crédere,
Adémptâ omni péctoris formídine.

   Sed mox beátior cernit eum cómmodè,
Deôrum ficta priùs monstra frángere,
Cultûram nempè nóxiam omnem péllere,
Cunctis delíctis abnúere prótinùs:
Quod ut agâtur, optat ille prómptior.

   At tunc cœpérunt Mártyres contérere
Délubra vana óperis mechánici:
Decôrus adstat júvenis Cromátio,
Qui cuncta curat, solvit, et podágricos
Nodos supérno prótinus caláthico.

   Sebastiáni próvido consílio
Tunc ægrotári æmulat Cromátius:
Præféctus rei alter ait públicæ;
Abjécta mundi istîus ut dispéndia,
Futûra vitæ rudiménta cápiant.

   Credit cum patre dulcis et Tibúrtius,
Omnísque credit própria família,
Quater et dena céntiès promíscua
Sacro ablûta lavácro discrímina,
Charismatúmque consequúntur grátiam.

   Antestári magnum galústum potíssimum,
Sanctos tuéndo qui cólligit Cromáticos
Sacris præcéptis, própriis in ædibus;
Quos ille omnes sic fovet et cómmovet,
Ut pompa nullum sæculâris óccupet.

   Furor sed quia íngruit tyránnidis,
Hoc nullâ potest ratiône cóntegi,
Ex sacro scripto jussus et Cromátius,
Causâ ut medéndi lóngiùs ab óppido
Suo, adîret cum suis commércio.

   Sanctos utrósque tunc monet inténtio
Sebastiânum, Polycárpum sanctúmque,
Ut, quis de illis iret cum eúntibus;
Sed ambo quærunt passiônis bravîum:
In urbe ambo residêre ámbiunt.

   Sumus sed Papas Polycárpus cómmonet,
Ut adquisîtam plebem nollet línquere,
Novéllam Christi rore ubi ínriget:
Mox conticéscens sacer ad hoc sénior,
Blandúmque vatis ánnuit impérium:

   Tunc apud Papam remanêre Mártyres
Marcelliânum, Marcum, Tranquillinúmque,
Tibúrtium, Castólium, Nicóstratum;
Cum fratre verò Cláudio, vel fílio
Sebastiânum et Zoë sanctíssimam:

   Hos autem ipse sancta in Ecclésia
Christo minístros ritè omnes cónsecrat,
Expléntque sacra végeti mystéria:
Pollent divérsè sínguli offíciis,
Et prærogátâ sanitâtum grátiâ.

   Sit Trinitáti sempitérna glória,
Honórque summus et potéstas ínclyta;
Quæ Trínitas Pater, Patrísque Fílius
Cum Spíritu, unus Deus substántià
Per cuncta regnat sæculôrum sæcula.
Amen.

 

   Haz pública, pueblo fiel, la solemne festividad de Sebastián, santísimo mártir, el día en que, abandonando el mundo, se hace dueño del reino celestial; cantad todos con resonante júbilo y alabad a Cristo con corazón puro.

   Éste, cristiano conocedor de las letras y natural de Milán, era querido del tirano, estando al servicio de los príncipes en su vestido terreno para esto, para que sus palabras dignas de fe dieran la paz.

   Dos gemelos, Marceliano y su piadoso hermano Marco, leales soldados, cuando daban culto a Cristo con corazón dispuesto, son castigados con una espantosa prisión, para ser oídos después por el magistrado Cromacio.

   Ante esto, sus padres y sus virtuosas esposas llorando se dirigen a la cárcel, entre los perjudiciales halagos de los amigos les enseñan a sus hijos y con lamentos les piden que no busquen la muerte sino la vida.

   En medio de las lágrimas de sus padres y esposas los soldados de Cristo comenzaron a ablandarse y a doblegar sus mentes ante los dolores del castigo, pero entonces Sebastián, valiente guerrero, estaba presente en aquella reunión.

   Al punto se mete en medio de ellos instruyendo a todos con sus prudentes palabras, les revela que son falsas las ganancias de este mundo y, predicando las maravillas del reino celestial, les manda que por Cristo pongan fin a su vida.

   Cuando el santo oportunamente pronunciaba estas palabras, una brillante luz desde el cielo iluminó al punto a Sebastián y se vio a un joven vestido del "pallium", cubriéndolo completamente bajo la luz.

   Esto sucedió en casa de Nicóstrato, cuya esposa Zoe fue la primera que creyó; ella, que había vivido seis año muda, recupera entonces el habla por mandato del mártir y sigue sus palabras piadosamente.

   En efecto, ella gritaba que veía que un ángel tenía delante de él un libro sagrado, por medio del que [Sebastián] sacaba cada una de las cosas que decía; enseguida todos gritan que creen y con presteza piden el bautismo.

   Pero Sebastián, siempre ansioso y digno previsor, ordena a Nicóstrato que los que estaban encadenados y los que estaban encarcelados se unieran a los ya creyentes y todos alcancen el bautismo de forma mejor.

   Hecho esto piadosamente, también creyó Claudio junto con sus hijos queridos y su querida esposa; entonces fue llamado un santo sacerdote, que estaba escondido por miedo a quienes le perseguían; éste ordena que los que van a ser bautizados le den su nombre.

   Entonces todos, sesenta y ocho de uno y otro sexo, dan su nombre, son bautizados por él en el agua santa y, ya renacidos bajo la gracia divina, durante diez días entonan alegres cantos.

   Era entonces gobernador de la ciudad Cromacio; ante esto pregunta a Tranquilino qué decía de la voluntad de sus hijos, y él, dándole a conocer plenamente la fe de Cristo, le manifiesta que había sido curado por adorarle.

   Informado el magistrado sobre la salud de éste, ordena que los santos vayan rápidamente a su presencia a escondidas; piensa que es venal la gracia de Cristo, promete enorme cantidad de oro y pide que sean curados sus miembros enfermos.

   "No pienses que vas a conseguir esto con dinero, a no ser que antes creas en Cristo", dicen los santos, "no habrá medicina para tu cuerpo"; él a su vez, quitando todo el miedo de su pecho, promete creer al punto en estas cosas.

   Mas enseguida los santos le exhortan convenientemente a romper antes las falsas estatuas de los dioses, a desprenderse de todo el pernicioso culto, a renunciar inmediatamente a todos sus pecados; lo que vivamente desea él que se haga.

   Y cuando los mártires comenzaron a romper los vanos templetes de la ciencia astrológica, junto a Cromacio se detiene un bello ángel que le cura todo y con un ungüento divino hace desaparecer completamente los nudos gotosos.

   Por el clarividente consejo de Sebastián Cromacio finge entonces que está enfermo, y llega otro prefecto de la república; de este modo, tras abandonar los asuntos del mundo que le demoraban, aprende los rudimentos de la vida futura.

   Con el padre creyó también su bondadoso hijo Tiburcio y creyó toda su servidumbre, mil cuatrocientos hombres y mujeres; sus faltas fueron lavadas por el sagrado bautismo y todos consiguen la gracia de los carismas.

   Era Papa entonces el obispo Gayo; por sus sagrados preceptos Cromacio reúne en su propia casa a los santos para protegerlos, a los cuales ayuda y aconseja para que no se apodere de ninguno la vanidad del siglo.

   Pero esto no puede mantenerse oculto por ningún medio, ya que se desata el furor de la tiranía; por un escrito sagrado se ordena a Cromacio que se alejara de su ciudad a la frontera con los suyos para cuidarlos.

   La solicitud mueve entonces a ambos santos, a Sebastián y al santo Policarpo, sobre quién de ellos iría con los que se marchaban, mas ambos buscan el premio de la pasión y ambos piden permanecer en la ciudad.

   Pero el sumo pontífice advierte a Policarpo que no abandone al pueblo ganado y que bañe a los neófitos con el bautismo de Cristo; callando inmediatamente ante esto el anciano sacerdote, asintió a la suave orden del obispo.

   Entonces quedaron junto al Papa los mártires Marceliano, Marco, Tranquilino, Tiburcio, Castorio, Nicóstrato con su hermano Claudio y con su hijo, Sebastián y la santa Zoe.

   A todos ellos consagra, según el rito, ministros de Cristo en su santa iglesia y con ánimo cumplen su sagrado ministerio; cada uno sobresale de forma diferente por sus funciones y por la gracia de curar a ellos concedida.

   Sea a la Trinidad la gloria sempiterna y el sumo honor y el poder ínclito, Trinidad que, Padre, Hijo y Espíritu, un solo Dios en substancia, reina por todos los siglos de los siglos.
Amén.

  

1. Breviarium Gothicum, ff. CXCII-CXCIII.
Traducción: Castro Sánchez, J. Himnos de la antigua liturgia hispánica en Sacris Erudiri nº 42, año 2003,  pp. 251-253.

Se recuerda que hasta la fecha no existe traducción oficial de Breviario.

Volver

 

Índice himnosInicio página

© La Ermita - España MMIII-MMVIII