La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Breviario

 

HYMNUS / HIMNO

Adsunt, o populi, festa celebria (1)
(Die XIII Augusti. In festo sancti Hippolyti martyris. Ad Vesperum, in Laudibus / 13 de agosto. San Hipólito, mártir. Vísperas y Laudes)

  Adsunt, o populi, festa celebria,
Quæ felix revehit temporis orbita,
In sese rediens axe volubili:
Laudem sidereo redite Principi.

   Hic namque Hippolytus tempore terrea
Despectus, nivea scandit ad æthera,
Cum solvens animam corpore, vividam
Cœlestem meruit sumere lauream.

   Dum dux belligerus esset hic agminis,
Jussis Cæsareis carcere Martyrem
Servandum recipit, qui Cruce prævia
Dat cæcis oculis perdita lumina.

   Cernens Hippolytus signa faventia,
Mox Christo Domino credit, et impia
Spernens dæmonici dogmatis idola,
Junctis Christicolis vocibus increpat.

   Tunc Cæsar rabido fervidus impetu
Os sanctum lapide scindere præcipit:
Longe dissiliunt fragmina dentium;
Sed vox Unigentium prædicat unicum.

   Ferreis percalidus unguibus artifex
Armat spiniferi spicula cardui:
Corrupta penitus viscera Martyris
Perfundunt rosei flumina sanguinis.

   Hinc ad cornipedum terga ferocium
Innexu religant: tractus in aspera,
Vitalem subito liquit anhelitum,
Dirum quo valuit vincere sæculum.

   Ob hoc suppliciter Rex Deus omnium
Rogantes petimus, Martyr ut inclytus
Adsistat miseris fautor, et impetret,
Confessis veniam corde piacula.

   Sit vita locuples, frugibus affluens,
Rerum prospicitas congrua polleat:
Bellum dispereat, pax bona profluat,
Virtutes vigeant, crimina transeant.

   Sit Patri ingenito gloria maxima,
Sit compar Genito, atque Paraclito,
Unus qui retinet sceptra perenniter
Vivens perpetuis tempora sæculis.
   Amen.

 

   Llegaron, pueblos,
estas santas fiestas
que nos vuelve a traer el discurrir del tiempo,
cantadle gloria al Príncipe del cielo.

   Porque este Hipólito, que despreció en el tiempo lo terreno,
sube a los altos astros,
cuando desata el alma de su cuerpo
y merece alcanzar la corona fulgente del martirio.

   Siendo aquí un jefe militar notable, por mandato del César
recibió un prisionero para guardarle en prisión estrecha.
Era un cristiano, que haciendo con su diestra
la señal de la cruz, a los ojos de un ciego, vuelve la luz perdida.

   Capta Hipólito estas señales milagrosas,
cree enseguida en Cristo y desprecia a los ídolos,
y arenga, a voz en grito,
a los fieles cristianos.

   Monta el César en cólera y en un rabioso ímpetu,
manda con una piedra romper la boca santa:
saltan lejos los dientes destrozados;
pero su voz potente sigue ensalzando a Cristo.

   El sicario cruel, con las uñas de hierro,
ara profundamente en el cuerpo del mártir,
aparecen las vísceras,
manan ríos de sangre.

   Le atan posteriormente sobre un toro furioso,
que le arrastra por tierra
y le cornea fiero,
hasta que exhala el último suspiro.

   Por eso, suplicantes, Rey y Señor de todos,
te pedimos, humildes, que tu mártir
cerca esté de los míseros, los pobres,
impetrando el perdón de los pecados para los que te alaban.

   Que la vida se muestre abundosa de frutos,
que las gentes prosperen en vivir agradable,
cese la guerra, se establezca la paz,
florezcan las virtudes y se acaben los crímenes.

   Al Padre no nacido la gloria sempiterna,
al Hijo y al Espíritu un honor semejante,
que canten en el cielo los ángeles y santos
y cantemos nosotros, desde esta obscura tierra.
   Amén.

1.Breviarium Gothicum, f. CCLXXXI.
Traducción: Gómez-Chacón y Díaz Alejo, Balbino, Oficio Divino. Liturgia de las Horas según el Rito Hispano-Mozárabe. Tomo IV: Propio de los santos. Agosto-diciembre (obra inédita facilitada a La Ermita en febrero de 2016).
Otra traducción.

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