La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

EL OFICIO DIVINO O LITURGIA DE LAS HORAS

Breviario

 

HYMNUS / HIMNO

Urbis Romúleæ jam toga cándida
(Die I Maii. In festo Sancti Torquati et comitum ejus episcoporum. Ad Vesperum, in Laudibus / 1 de mayo. San Torcuato y compañeros obispos. Vísperas y Laudes)

   URbis Romúleæ jam toga cándida
Septem Pontíficum déstina prómicat,
Missos Hespériæ, quos ab Apóstolis
Adsígnat fídei prisca relátio.

   Hi sunt perspícui lúminis índices
Torquâtus, Tésiphons, atque Hesychius;
Hinc Indalétius, sive Secúndus est,
Juncti Euphrásio, Cæciliôque sunt.

   Hi evangélico lámpade præditi
Lustrant Occíduæ partis aréntia;
Quò sic cathólicis ígnibus árdeant,
Ut cedant fácibus furna nocéntia.

   Accis contínuò próxima fit Viris
Bis senis stádiis, quâ procul ínsident:
Mittunt ádseclas escúla quærere,
Quo fessa dápibus membra refícerent.

   Illic discípuli Idôla Géntium
Vanis inspíciunt rítibus éxcoli:
Quos dum sic ágere flétibus ímmorant,
Terréntur pótiùs áusibus ímpiis.

   Mox insâna fremens turba satéllitum,
In his cùm fídei stígmata nósceret,
Ad pontem flúvii usque per árdua
Incúrsu céleri hos agit in fugam.

   Sed pons præválido múrice fórtior
In partes súbitò pronus resólvitur,
Justos ex mánibus hóstium éruens,
Hostes flumíneo gúrgite súbruens.

   Hæc prima fídei est via plébium,
Inter quos múlier sancta Lupária
Sanctos adgrédiens cernit, et óbsecrat,
Sanctôrum mónita péctore cónlocans.

   Tunc Christi fámula obséquio parens
Sanctôrum státuit cóndere fábricam,
Quò Baptistérii unda patésceret,
Et culpas ómnium grátia térgeret.

   Illîc Sancta Dei fémina tínguitur,
Et vitæ lavácro tincta renáscitur:
Plebs hic contínuò pérvolat ad fidem,
Et fit cathólico dógmate múltiplex.

   Post hæc Pontíficum chara sodálitas
Partîtur próperans septem in úrbibus,
Ut divîsa locis dógmata fúnderent,
Et sparsis pópulos ígnibus úrerent.

   Per hos Hespériæ fínibus índita
Inlúxit fídei grátia præcocax:
In signis váriis, atque poténtiâ
Virtûtum, hómines crédere próvocant.

   Ex hinc justítiæ frúctibus ínclyti
Vitam multíplici fœnore términant,
Consépti túmulis, úrbibus in suis:
Sic sparso cínere, una corónâ est.

   Hinc te turba potens única séptiès
Orâtu pétimus péctoris ábdita;
Ut vestris précibus, sidus in ætheris
Portêmur sócii cívibus Ángelis.

   Sit trino Dómino glória único,
Patri cum Génito, atque Paráclito;
Qui solus Dóminus Trinus et Unus est,
Sæclôrum válidè sæcula cóntinens.
   Amen.

(*) REsplandece ya la brillante toga de la ciudad de Rómulo, el cónclave de los siete obispos, que, según el antiguo relato de la fe cristiana, habían sido enviados a Hesperia por los apóstoles.

   Estos son los propagadores de la brillante luz: Torcuato, Tesifornte, Isicio, después está Indalecio y Segundo; se unieron a Eufrasio y Cecilio.

   Pertrechados con la luz del evangelio recorren los áridos parajes de occidente, para que ardan por el fuego de la fe, para que la negrura de sus pecados ceda ante la luz.

   Sin demora se acercan a Acci, se detienen a doce estadios de ella y envían a sus servidores a buscar alimentos para reponer sus cansados miembros con la comida.

   Allí los discípulos ven que los ídolos de los gentiles son adorados con vanos ritos; cuando con lágrimas intentan detenerlos de obrar así, más bien son aterrorizados por su impía osadía.

   Enseguida la turba de infieles llena de cólera y fuera de sí, cuando reconoció en éstos las señales de la fe, en rápida carrera los pone en fuga por lugares escarpados hasta el puente del río.

   Mas el puente, más fuerte que el fuerte múrice, de pronto se inclina y se parte arrancando a los justos de las manos de sus enemigos y precipitando a éstos en el abismo del río.

   Éste es el primer camino de la muchedumbre hacia la fe; de entre ella Luparia, santa mujer, se acerca a los santos, los mira y les suplica, acogiendo en su corazón los consejos de los santos.

   Entonces la sierva de Cristo, obedeciendo a los santos, decidió levantar una iglesia, de donde se derramara el agua del bautismo y por su gracia limpiara los pecados de todos.

   Allí es bautizada la santa mujer de Dios y renace bañada por el agua de la vida; en seguida el pueblo corre a la fe y se multiplica en la creencia católica.

   Después de esto el amado colegio de los obispos con premura se reparte en siete ciudades para derramar la doctrina en sitios distintos y esparcir su fuego, abrasando a los pueblos.

   La gracia de la fe dada por ellos a las tierras de Hesperia resplandeció muy pronto, y el poder de los milagros manifestándose en distintas señales invita a los hombres a creer.

   Después ellos, conocidos por los frutos de su santidad, acaban su vida con acrecentado provecho; fueron enterrados en sus ciudades y así, aun distribuidas sus cenizas, hay una sola corona.

   Por esto, cenáculo único siete veces poderoso, con la secreta oración de nuestro corazón te pedimos que por vuestras súplicas seamos llevados al cielo en compañía de los ángeles.

   Sea la gloria al Señor uno y trino, al Padre con el Hijo y el Paráclito, que es solo Señor uno y trino, sosteniendo con poder los siglos de los siglos.
     Amén.   

(*) Traducción tomada de Castro Sánchez, J. Himnos de la antigua liturgia hispánica en Sacris Erudiri nº 42, año 2003,  pp. 277-278.

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