RITO HISPANO-MOZÁRABE

 

MÚSICA LITÚRGICA.

 

CORO DE MONJES DEL MONASTERIO DE SANTO DOMINGO DE SILOS

Carátula EP (vinilo) Misa mozárabe. Monjes de Silos

MISA MOZÁRABE

    ÍNDICE
  1. Contenido del disco. Con comentarios tomados del libreto incluido en el EP.
  2. Presentación. "Cantos de la Misa Mozárabe", texto tomado del libreto incluido en el EP.
Texto disponible 3. Textos litúrgicos disponibles en latín y español. El EP va acompañado de los textos litúrgicos en latín y español.
  Enlace a la Abadía de Sto. Domingo de Silos.

 


1. CONTENIDO DEL DISCO

Texto disponible 1 Per gloriam nominis tui, Christe (1:23)

De origen tardío, esta solemne oración figura en el Missale mixtum secundum Regulam beati Isidori del año 1500. La entona el celebrante en el instante mismo de llegar al altar. Su melodía, de grandes vuelos, es la misma que los misales españoles y los pasionarios de rito romano han aplicado desde el siglo XVI a la angélica o Exsultet del Sábado Santo. En sus líneas principales se asemeja al canto de varias lamentaciones de Semana Santa, conservado en un códice gregoriano del siglo XIII, del archivo de Silos; y en diversos pasajes recuerda también melodías mozárabes muy antiguas. Sube hasta el la, apoyándose sucesivamente sobre las tres dominantes, re, mi, la.

Texto disponible 2 Gloria (2:18)

Este himno que apenas difiere del que está en uso en la Liturgia romana, ha llegado a nosotros con tres recensiones distintas en el Antifonario de León, escrito probablemente en el siglo X. El Padre G. PRADO lo ha insertado en su Supplementum ad Kyriale ex codicibus hispanicis excerptum, editado por la Casa Desclée. El diseño melódico de este canto, mi, sol, la, la, si, sol, la, es muy frencuente en el repertorio musical litúrgico de todos los ritos cristianos, y puede afirmarse con seguridad, que tiene raigambre primitiva. Es el motivo básico del Te Deum romano, del Gloria gregoriano de la Missa Brevis, y del mismo Pater Noster mozárabe.

Texto disponible 3 Trisagio (2:17)

El Trisagio, de origen bizantino, pasó muy pronto al rito hispano-visigótico. Aquí le añadieron los tropos que siguen a cada una de las invocaciones. Cántase únicamente en los días solemnes a continuación del Gloria. Tal como le conocemos hoy, se encuentra en uno de los Cantorales de Cisneros. Por el Antifonario de León, antes aludido, cabe deducir que también se cantaba en griego. la melodía es airosa y de contornos elegantes. Acentúa muy bien el sentido del texto, llegando a veces a adquirir el conjunto un carácter marcadamente dramático.

Texto disponible 4 Ad pacem (1:46)

Esta antífona se canta mientras los ministros y clérigos reciben el ósculo de la paz. Procede asimismo tomada de un Cantoral de Cisneros. Tiene bostante melódico con sus dos dominantes, re y la sucesivamente, y es notable la proporción de su estructura por el equilibrio entre la prótasis y la apódosis de la melodía.

Texto disponible 5 Sanctus (0:53)

Es un simple recitado con alguna inflexión de modo IV gregoriano, que le da un encanto y un sabor arcaico extraordinarios. El cambio de cuerda en la cuarta frase, preparado por la clivis de David, le presta un gran efecto de crescendo. Acaba con un trisagio en griego.

Texto disponible 6 El Símbolo (3:30)

El credo era ante todo para los visigodos y mozárabes la confesión pública y comunitaria de la fe cristiana. No era el individuo, sino la comunidad cristiana la que confesaba su fe. Por eso no se dice en sus textos Credo in unum Deum..., Confiteor..., Expecto..., en singular, sino en plural, Credimus..., Confitemur..., Expectamus... De ahí también la sencillez melódica que se observa en todas las recensiones musicales antiguas. En nuestro caso se trata de un simple recitado que tiene en cada frase la misma cadencia.

Texto disponible 7 Pater noster (1:23)

Es una de las joyas auténticas del repertorio mozárabe. Lo canta el celebrante en nombre de toda la comunidad, y ésta se une asintiendo en masa a cada invocación con un amén, así sea. Con un rotundo amén. Musicalmente, este Pater noster es una de las piezas más primitivas del repertorio litúrgico. Como queda dicho del Gloria seleccionado para esta grabación, entronca en los más antiguos ritos cristianos.

Texto disponible 8 Ad accedentes (1:43)

Es la antífona que se canta mientras los fieles se acercan a comulgar. Sólo se conocen unas seis de esta clase en todo el repertorio mozárabe. La más usada y también la más conocida entre nosotros es Gustate et videte, ya en uso entre los orientales en el siglo IV. La melodía es hierática, sencilla y sumamente ágil. Lo más notable en ella es la dulzura de sus cadencias.

Texto disponible 9 Refecti (0:30)

Esta antífona se canta como acción de gracias después de la comunión. Por la sencillez y hasta por la ingenuidad que se advierte en su línea melódica, al interpretarla deja la sensación de que Cristo, a quien reciben las fieles en la comunión eucarística, prolonga después de la misa su presencia en las almas.

Duración aproximada: 15:48


Ficha
CORO DE MONJES DEL MONASTERIO DE SANTO DOMINGO DE SILOS
Director: ISMAEL FERNÁNDEZ DE LA CUESTA

Grabación realizada por los equipos móviles de FONÓPOLIS en la Abadía de Santo Domingo de Silos (Burgos)

Cantos Ordinarios de la Misa Mozárabe supervisados por el Rmo. P. D. Pedro Alonso Alonso, Abad mitrado de Silos.

Recopilación y selección por el R. P. Casiano Rojo y R. P. Germán Prado.

Madrid (España), 1966

 

Inicio página

2. PRESENTACIÓN. CANTOS DE LA MISA MOZÁRABE.

Se recogen en este disco varias composiciones musicales que, entre todas, integran una Misa completa. Son piezas vetustas, de diversas procedencias, que mantienen entre sí el lazo común de su origen mozárabe. Lo más claro y lo más limpio que hoy se puede obtener como vestigio de una liturgia que, ya en una edad temprana, se hizo famosa en el mundo. Debemos ver en ella uno de los estratos fundamentales, no solo de su arte musical, sino también de la religiosidad de nuestros antepasados, de sus formas tradicionales de piedad y devoción.

En este sentido, hemos querido comunicar a estos cantos ese valor total de la liturgia que, más allá de lo que puramente es música, pueden hablar de lo que fue la vida religiosa de un pueblo, en aquello que mejor expresa su intimidad y su hondura, que es el acento de su plegaria.

En lo que queda de la liturgia mozárabe podemos descubrir una de las más preciosas reliquias de la vitalidad que desbordaba en la primitiva Iglesia española. Es el sello de lo hispánico que, ya en nuestros orígenes cristianos, aparece dando vida o los formas litúrgicas de la Iglesia universal. En su primer esquema, la liturgia mozárabe es la liturgia de los primeros cristianos, tal como fue importada desde Roma. Pero muy pronto se acusarán en ella sus rasgos característicos de riqueza de expresión, profundidad de doctrina y lo exuberancia de sus ritos y oraciones. El sello de la religiosidad española, que mantendrá estas notas a lo largo de los siglos, se acusa fuertemente en nuestro liturgia durante la época visigoda. Sobre su riqueza teológica y sobre su fuerza expresiva, gravita la preclara influencia de los Padres toledanos y sevillanos, de San Ildefonso, San Eugenio y San Julián de Toledo; de San Leandro y San Isidoro de Sevilla; de San Quirico de Barcelona.

El entusiasmo popular de las iglesias recién llegadas del arrianismo y la dirección canónica y espiritual de los Concilios de Toledo, contribuyeron a que la Iglesia visigótica adquiriese enorme personalidad, de la que fue expresión religiosa y artística la liturgia que llamamos mozárabe; que no ha de entenderse como algo cerrado y exclusivista, porque estaba abierta a la influencia de todas las demás liturgias que por entonces vivían en el ámbito cristiano. Sobre todo se acusa el rostro de la galicana, de la ambrosiana, de la africano, y aún de la bizantina que penetró por el contacto directo que suponía la ocupación por Bizancio de parte de los costas orientales de la península.
Valores nuevos se le incorporan a la caída del Imperio Visigodo. Esta liturgia perdura en las zonas arabizadas de España, convive en cierto modo con la poderosa cultura califal, se hace expresión de un mundo de infinitos matices, cuya trama histórica será muy difícil desentrañar. Ese mundo es la simbiosis de lo hispano árabe, cuyo centro vital es la propia Córdoba del califato, ciudad árabe en sus formas, pero en la que perdura la vida de los monasterios cristianos con el ejemplo heroico de sus mártires, San Eulogio, Santa Calumba, Santa Flora, San Pelayo...

Así se forma la liturgia mozárabe, que hasta fines del siglo XI tiene su vida oficial en todos los territorios de la actual España. Allá, hacia el año 1080, hubo de ceder el paso a la liturgia romana, que se impuso en nuestras Iglesias por decisión de Roma, con el apoyo de los reyes, y no sin que mediasen muchos forcejeos y resistencias por parte del pueblo y del clero, apegados a las formas antiguas de su oración. Y desde entonces, la liturgia mozárabe o hispano-visigoda deja de ser una liturgia auténtica viva. No es rezada por el pueblo. Cesa la tradición oral de sus cantos. Se corta su normal evolución musical. Queda como fosilizado en el siglo XI , con el grave inconveniente que supone para su perduración el hecho de que en aquella época no se había llegado aún a las formas actuales de la notación musical. Una gran riqueza de cantos y melodías que en su mayor parte, hoy, por falta. de clave, no podemos descifrar.

En Toledo, no obstante, continuó por especialísima concesión, un pequeño brote de la vieja liturgia, con momentos de verdadera postración, que parece llegan a un total aniquilamiento. El Cardenal Cisneros, en su afán por restaurar España, la sacó del olvido. Fundó allí mismo la capilla mozárabe que hoy subsiste. Mandó publicar un Misal y un Breviario mozárabes, y en su época se transcribieron los varios cantos de esta liturgia que hoy se conservan en Toledo. Un importante depósito musical, pero que hubo de quedar muy afectado por las influencias gregorianas de la época. Algunos códices litúrgicos se conservaron también en Silos, en León y en San Millán de la Cogolla.

En definitiva; hoy contamos, ante todo, con veintiuna auténticas melodías mozárabes, encontradas en un manuscrito de San Millán, y además las contenidas en los citados cantorales. De estas últimas no tenemos la debida garantía de su pureza. Cortada la tradición oral de las antiguas melopeas, fueron transcritas en mal momento. No se hacía gala de una fidelidad excesiva ni del respeto debido a los viejos textos. Se saltaban con excesiva agilidad las dificultades inherentes a la obra de restitución correcta, aunque su labor era por demás difícil. Debían presentar con notación diastemática, indicadora de los intervalos precisos, toda aquella enmarañada escritura, que no apuntaba sino simples notas, y que las agrupaba bien fuese por exigencias de la duración de los sonidos, o por la expresión, por el ritmo o la modalidad.

De los mencionados cantorales y manuscritos están tomadas las piezas registradas en este disco. Con objeto de dar cierta unidad de conjunto a la grabación, tan sólo hemos seleccionado melodías que pertenecen al ordinario de la Misa y van cantadas por el coro. Todas ellas son de indudable interés musical, aun cuando por las razones indicadas al esbozar la historia de los códices, no se puede garantizar la autenticidad y pureza rigurosamente mozárabe de todos sus detalles. En su reconstrucción hemos admitido las normas ya clásicas de la paleografía musical, siempre con las dificultades inherentes a la indudable escasez documental. Como base de este trabajo, hemos empleado los de los Padres Casiano Rojo y Germán Prado, muchos de ellos editados, y también algunos inéditos que se encuentran en el archivo de Silos.

En nuestra interpretación, seguimos las conocidas normas de la escuela de Solesmes. Hoy es absolutamente imposible decir con exactitud si es o no genuina una interpretación del canto mozárabe. Perdida la tradición oral y deformadas muchas de sus melodías en las transcripciones de los siglos XVI y XVII, no queda, en realidad, otro recurso que aplicar a estos textos, en aquellos problemas que por sí mismos no se resuelvan, los criterios que se emplean en la interpretación del más antiguo gregoriano, con el que, sin duda, estuvo emparentado el mozárabe en aquella gran comunidad de ideales de vida y formas artísticas que se fraguó en la edad media.

Y, por último, siempre que salgamos al campo de las grabaciones musicales recordemos que un coro de monjes no es un coro de profesionales de la música. Los monjes acuden al coro para rezar y cantar las divinas alabanzas. Así lo hemos hecho también nosotros con esta Misa mozárabe. Por razones históricas y espirituales hemos puesto en la ejecución de estos cantos nuestro más emocionado sentimiento. Al grabar estas melodías junto a la maravilla del claustro románico de la Abadía de Silos, recordábamos a los monjes que allá, en los orígenes, de este monasterio, cantaban en mozárabe las alabanzas al Señor. Sentíamos esa continuidad de la vida de oración que es la liturgia, hecha realidad en los viejos cantos de esta Misa.

 

Índice liturgiaÍndice discosInicio página

© La Ermita - España MMXII