La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

ARTÍCULOS HISPANO-MOZÁRABES

 

 

PONERSE DE RODILLAS EN EL RITO HISPANO

ADOLFO IVORRA ROBLA

Calendario Litúrgico del Rito Hispano-Mozárabe. Año litúrgico 2009-2010.
Conferencia Episcopal Española, Madrid 2009, pp. 40 y 47

 


En los últimos años se ha introducido la costumbre de ponerse de rodillas en algunas partes de la anáfora en el rito hispano. El misal actual no contiene ninguna normativa al respecto. Quizás esa parquedad ceremonial del misal haya contribuido a que algunos celebrantes imiten los modelos ceremoniales de los ritos circundantes, que en nuestro caso es la costumbre de arrodillarse en el rito romano durante, por lo menos, la recitación del Relato de la institución.

La renovación del misal hispano actual ha querido asumir la praxis y la eucología del primer milenio cristiano, cuando el rito "mozárabe" había adquirido unos modos celebrativos y un ceremonial completo. La misma reforma del Ordo Missæ quiso despojar al misal de los adheridos romanos de la época (s. XV). Por todo esto, el gesto de ponerse de rodillas en el contexto hispano tiene mucho que ver con las disposiciones de los primeros concilios hispanos y universales. Ya en el Concilio I de Nicea (a. 325) se prohibía explícitamente el ponerse de rodillas durante el tiempo pascual. Será durante los siglos XIII-XIV cuando dicha postura se convierte en paradigma de la oración y es asumida por la liturgia romana para varias partes de la misa 1.

En el rito hispano, como en el ambrosiano y en los orientales, el gesto de ponerse de rodillas tenía dos sentidos: el penitencial, razón por el cual el Concilio de Nicea lo excluye para el domingo y el tiempo pascual, que son días de alegría, y el de súplica, sentido que hoy se conserva en el rito ambrosiano cuando los fieles se ponen de rodillas para la oración universal. Prudencio († 410) y algunas actas martiriales hispanas atestiguan la oración de rodillas durante los dípticos. En la Galia se observarán costumbres similares. La razón de este gesto está íntimamente unida al carácter diaconal de los dípticos. En efecto, de sobra es conocida la monición diaconal flectamus genua, que en el rito romano quedará reducida a los oficios del Viernes Santo. Esta monición la realizaba el diácono cuando dirigía alguna oración de intercesión, reclamando la participación interior y exterior de la asamblea.

Después de ver estos datos, nada obsta para que fuera del domingo y del tiempo pascual, se adopte el gesto de ponerse de rodillas durante la recitación de los dípticos, siguiendo así la costumbre ritual que se conserva aún hoy en el rito ambrosiano. Como en éste, esta gestualidad debería ser optativa.

Hemos aludido antes a la costumbre antigua, conservada hoy de forma potestativa en el rito ambrosiano, de ponerse de rodillas durante los dípticos. Sin embargo, la costumbre que algunos han introducido recientemente en la misa hispana imita la costumbre observada en España, Hispanoamérica y otras regiones de arrodillarse durante la recitación del Relato de la Institución. Hay que decir, antes que nada, que esa práctica no es universal en el rito romano: en el ámbito anglosajón se observa la costumbre de ponerse de rodillas durante todo el canon desde el canto del Sanctus hasta la doxología.

Además, la costumbre de arrodillarse al Relato es la puesta en práctica de una teología tardía que considera que la presencia de Cristo en los dones queda asegurada por la sola recitación de dicho Relato sobre el pan y el vino. Sin embargo, esta teología tardía no representa el pensamiento teológico actual sobre esta cuestión en la Iglesia de hoy, que valora la plegaria eucarística en su conjunto. Por otro lado, en la Reforma luterana se vieron los alcances de esta teología cuando Lutero reducía la Cena a la recitación del Relato, conservando también el prefacio por su repertorio musical. En España, san Isidoro hablaba de siete oraciones que, fundamentando en san Pedro la estructura de la misa hispana, serían las que consagrarían los dones: "Fue san Pedro el primero que estableció el orden de la Misa y de sus oraciones, mediante las cuales consagramos a Dios el sacrificio que le ofrecemos, y de esta misma forma se realiza esta celebración en el universo mundo" 2. Por lo tanto, no se trata de una sola oración -p. e. el Relato, que Isidoro no llega a mencionar- sino la totalidad de las oraciones las que consagrarían la oblación a Dios.

Asumir el gesto de ponerse de rodillas como gesto de latría en la actualidad no puede reducirse al Relato de la Institución. Hay que tener en cuenta que la súplica por la santificación de los dones (epíclesis) se realiza normalmente en el Post Pridie, por lo que de asumirse este gesto se debería permanecer de rodillas también en esta parte de la anáfora. Por algo llama san Isidoro al Post Pridie "conformatio sacramenti". Al ser la epíclesis posterior al Relato de la Institución, en algunas partes se a asumido este gesto también durante el Post Sanctus, imitando la costumbre del ámbito anglosajón de permanecer de rodillas después del Sanctus hasta la doxología. Esta costumbre la podemos ver hoy en Madrid y otras partes.

 


NOTAS

1. Cf. Aldazábal, Vocabulario básico de liturgia, Barcelona, 2002, 345.
2. De los Oficios Eclesiásticos, I, 15.

 

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