La Ermita. Rito hispano-mozárabe

 

ARTÍCULOS HISPANO-MOZÁRABES

 

 

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
EN LA LITURGIA HISPANO-MOZÁRABE

 

EDUARDO VADILLO ROMERO

TOLETANA 13 (2005) pp. 75-87

Portada revista Toletana 13/2005

ÍNDICE
Introducción.
1. El Hijo de Dios se prepara una morada.
2. María como nueva Eva sin pecado.
3. La fiesta de la Asunción de María: Hacia la noción de Inmaculada Concepción.
4. Los textos de la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Introducción.

En el rito litúrgico propio de la Iglesia en España encontramos bastantes testimonios, no siempre explícitos, acerca del misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María 1. Es mas, incluso la misma evolución de los textos de nuestro venerable rito nos manifiesta el itinerario de fe que ha seguido la Iglesia hasta la definición del dogma mariano que tratamos.

Ante todo debemos recordar que con el nombre de rito hispano-mozárabe designamos los textos empleados por la Iglesia Católica en la Península Ibérica para celebrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía, y la alabanza divina, hasta el siglo XI, en que fue suprimida para adoptar el rito romano 2. En los siglos sucesivos permaneció como una realidad casi arqueológica, confinada a unas pocas parroquias de la ciudad de Toledo, a la capilla del Corpus Christi de su Catedral Primada y otros lugares muy determinados. El cardenal Cisneros dispuso a finales del siglo XV que se preparara un misal y un breviario impresos, tomando los textos de los diversos manuscritos, y en el siglo XVIII el cardenal Lorenzana reimprimió, con leves retoques, dichos libros. Ya en el siglo XX se han preparado diversas ediciones de los manuscritos mozárabes y el cardenal González Martín dispuso la reforma del Misal, conforme a las indicaciones litúrgicas del Concilio Vaticano II. Nos encontramos, pues, con toda una serie de textos de diversas épocas 3, aunque de inspiración común.

Respecto a las formas litúrgicas hispano-mozárabes, simplemente recordamos que el oficio divino se caracteriza por una alternancia entre versículos sálmicos y oraciones, lo cual explica la abundancia eucológica de estos oficios. La Misa, por su parte, se caracteriza por una gran variedad de formularios, ya que para cada celebración hay al menos nueve oraciones propias, con un estilo menos conciso que en la liturgia romana.

En la época visigoda y mozárabe no existía ninguna fiesta que celebrara la Inmaculada Concepción de María. En el breviario y el Misal de Cisneros, cambio, si encontramos en el calendario la indicación de dicha solemnidad, aunque sin textos especiales en el Breviario, pues se dice que el Oficio divino es el de la Asunción, aunque se deben adaptar los formularios, sustituyendo el término “asunción" por el de “concepción” 4; en cambio en el Misal aparece un formulario propio de Misa. A raíz de la definición dogmática se compone Oficio y Misa de la Inmaculada Concepción, aprobados en 1866, y en el nuevo Misal hispano-mozárabe del cardenal González Martín encontramos para el ocho de diciembre ese formulario aunque algo modificado.

La introducción de la fiesta de la Inmaculada. y su testimonio litúrgico explicito es relativamente tardío, y posterior a la época principal de creatividad litúrgica de nuestro rito, pero sería un error considerar esta fiesta como un añadido externo al rito mozárabe. Como trataremos de mostrar en estas breves páginas, los textos de la liturgia hispana apuntan hacia el misterio de la Inmaculada Concepción desde su época de mayor esplendor y tiende a hacerse cada vez mas explícito. El misterio de la Virgen María en la historia de la salvación aparece con mucha claridad en la liturgia hispana. De esta manera no resulta extraño que poco después de suprimirse el rito mozárabe cada vez fueran más los deseos de los cristianos de España de celebrar la fiesta de la Inmaculada. Por ultimo presentaremos las enseñanzas más relevantes de los textos actuales para la fiesta de la Inmaculada en la liturgia hispano-mozárabe. No pretendemos hacer un estudio exhaustivo ni recargar el texto con  excesivas notas criticas, sino simplemente ofrecer los puntos más relevantes de este misterio mariano en nuestro venerable rito hispano mozárabe.

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1. El Hijo de Dios se prepara una morada

La fiesta principal de la Virgen María en la liturgia hispano-mozárabe es la que tiene lugar el dieciocho de diciembre, y celebra el misterio de la Anunciación a María y su maternidad divina, en la que se subraya su virginidad 5. Sin embargo también aparecen algunas alusiones a la preparación de la Virgen María para ser Madre de Dios, y en ese sentido se apunta a su santidad excelsa.

En los textos de la Misa, la Illatio describe a la Virgen María como santa y santificada 6, antes de hablar de la concepción y el nacimiento de Cristo sin ningún pecado. No se habla de cuándo ni cómo tuvo lugar esa santificación de María, pero es evidente que indica una santidad especial para ser madre de Dios.

En el oficio divino encontramos textos que subrayan todavía más la santidad de María, como el siguiente: «Escucha hija, y mira, puesto que has merecido ser hecha hija del Hijo, servidora del engendrado, madre del Señor, portadora del Salvador altísimo; porque el rey ha deseado la belleza de tu hermosura, y se ha complacido en preparar en tu tierra una morada limpísima...» 7 . Y en esa misma fiesta se habla de la habitación adornada que ha preparado el hijo de Dios en María, y se le pide que también haga de las cristianos una casa santificada para él: «Cristo Dios, sabiduría del Padre Supremo y Verbo, que te edificaste como una mansión adornadísima el útero de María Virgen, en el que tú, justicia celestial. miras... haz de nosotros una casa santificada para ti, desde la cual, como un esposo, aparezcas rodeado por la dignidad de nuestras obras» 8. En este último texto tenemos que destacar que aparece la preparación de María y la santidad de los cristianos como dos elementos relacionados 9.

En otras dos oraciones para el oficio de la fiesta del 18 de Diciembre, aunque se encuentran en el Breviario de Cisneros y no en los antiguos manuscritos mozárabes, aparece también muy destacada la santidad de María. En la oración Sancte Spiritus, dirigida al Espíritu Santo, se pondera la gracia de santificación que ha recibido María, y en la oración Virgo Christi Maria se compara la santidad excelsa de María frente a los miembros del pueblo de Dios que caen en pecados  10.

Podemos afirmar que la liturgia mozárabe emplea una multitud de expresiones para referirse a esta santidad excelente de María. Incluso se le aplica el término Imnmaculata, indicando que sólo ella lo es: así encontramos una antífona de la fiesta de la Anunciación en la que se dice, parafraseando al cantar de los cantares: «Ya respira el día, y se retiran las sombras de la noche, eres la sola hermosa, la sola inmaculada, que viene del Líbano» 11. Es evidente que este texto, por sí solo, no se refiere explícitamente el misterio de la inmaculada concepción, pero si destaca la singularidad de la santidad de María. En los textos de la fiesta de la anunciación, y otros, se pondera siempre la virginidad, que a veces se acompaña con el adjetivo inmaculata, aunque ese término también se emplea para referirse a las vírgenes que han permanecido fieles. Asimismo en la Illatio de la Misa del común de santa María, en el actual Misal, se dice que el Hijo de Dios había elegido una virgen purísima (virgo mundissima) de la que nacer 12. En cualquier caso en los numerosos textos de la liturgia hispano-mozárabe referidos a la maternidad divina nunca se habla, ni se da a entender siquiera, que la Virgen María haya tenido pecado, sino que se subraya que su santidad es algo especial.

Por último citamos un texto algo más explícito respecto al pecado original y María, en la bendición de la fiesta de la anunciación: «Y el que preservó a su Madre del contagio de la corrupción (corruptelae) limpie vuestros corazones del pecado» 13. Como en otras ocasiones el término corrupción puede varios significados, ya que se puede referir al pecado, o la preservación perpetua de la virginidad; en todo caso, apunta a una santidad especial de María que ha recibido antes que los otros fieles la acción de Cristo.

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2. María como nueva Eva sin pecado

Otro grupo de textos que sirven para describir la plenitud de gracia de María, y que también apuntan a su preservación del pecado original, son aquellos en los que se presenta a María como nueva Eva. al lado de Cristo nuevo Adán. De esta manera a María le corresponde deshacer la obra de Eva, lo cual sugiere que fue preservada del pecado original, pues de lo contrario también Ella se habría hallado bajo el dominio de la serpiente y no quedaría tan claro el antagonismo entre la pareja Adán/Eva frente al Mesías y la Mujer. Quizá el texto más expresivo en este sentido es la Illatio de la Misal del común de Vírgenes:

Por cuyo don (Cristo) después de que nació Virgen de Virgen, el sexo débil se hace varonil, el débil se hace fuerte: para que en donde estuvo la debilidad del pecado, allí se encuentre la felicidad de la victoria, y reciba la corona la que mereció la pena. Que reciba en su descendencia lo que perdió en su raíz para que la que fue cautivada por la serpiente, ahora aplaste a la serpiente, y ahora triunfe victoriosa, la que había caído vencida. Esto, por medio de Cristo el Señor, Hijo de la Virgen, lo merecieron las vírgenes y mártires, de manera que no fueran partícipes de Eva, sino de María; no corrompidas de la madre, sino compañeras de la Virgen incorrupta, permanezcan en Cristo... 14.

En este texto se advierte bien la antítesis Eva-María, pues las vírgenes cristianas tienen que participar de la segunda, que se caracteriza por su incorrupción, no de la primera. Este último término, incorruptio, en principio se refiere a la virginidad, pues más adelante en esta oración se alude a que el Señor llena a las vírgenes, pero no las corrompe, pero en el contexto de antítesis Eva-María se está indicando una oposición de María respecto al pecado de Eva. Este mismo tema se encuentra en la oración alia de la Misa común de santa María en el nuevo Misal 15:

Dios omnipotente, digno de adoración y tremendo, que con tu inefable providencia diriges el curso de todas las cosas, y estableces con medida las fuentes de las aguas y los elementos, con cuya mezcla mandas que subsistan los cuerpos, para que muestres los signos de tus maravillas no sólo en lo grande, sino también en lo pequeño. Pero hubiera sido poco para tu majestad el crear todas las cosas, para las que estableciste leyes, si no hubieras reformado la caída del hombre, reparando el pecado al que servía. Una vez que cayó Eva, madre de nuestro duelo, ¿qué habría después más miserable que nosotros? Sin embargo, Señor, ¿qué sería más feliz que la plenitud de gracia con que cubriste a María? Aquélla engendró a los débiles y a los que iban a perecer, esta concibió al Dios hombre, reparador de la caída primitiva. Cayó el hombre, reo infeliz de la primera culpa, asumió Dios de María al hombre que nos redimiría. Esposa bellísima de Dios Padre, elegida antes de los siglos para dar a luz al Hijo de Dios, ruegue por nosotros la piadosa intercesora, de modo que, libres de los pecados, alabemos al Padre con el Hijo y el Espíritu Santo junto con María adoremos sin fin, postrados, al Dios único en la Trinidad por los siglos de los siglos 16.

Otra alusión a la oposición entre el demonio y María, la encontramos también en la fiesta de la anunciación, en el oficio divino, cuando se dice  «Señor, Jesús, que al nacer de la virgen destruiste la cabeza de la antigua serpiente y la contaminación de todo pecado, cuando, como nueva oblación, te dio a luz la madre virgen, a la que la serpiente quería expulsar de su lugar: concédenos detestar las tendencias de esta serpiente y la relación con cualquier pecado» 17. Aquí se advierte el combate entre el demonio y María, y aunque no se dice expresamente, el demonio no puede con Ella, lo cual conlleva la ausencia de pecado y de instintos pecaminosos.

También aparece con cierta frecuencia que el parto virginal de María estuvo exento de los dolores que son consecuencia del pecado de Eva, pues como leemos en la oratio admonitionis de la Misa de la Anunciación: «No era aceptable que tuviera las angustias [del parto], quien daba a luz la alegría de todos, o que el origen de la exultación conociera el poder del dolor» 18. No se dice que la Virgen María fuera preservada en su concepción del pecado origina, pero sí se afirma que no sufrió sus consecuencias en el parto, lo cual nos conduce, al menos de modo implícito, hacia el misterio de la Inmaculada Concepción.

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3. La fiesta de la Asunción de María: Hacia la noción de Inmaculada Concepción

Dado que la fiesta de la Asunción de María se centra más en su figura que la celebración del dieciocho de Diciembre, ya orientada hacia la Navidad, no es extraño que encontremos textos más explícitos acerca de la carencia de pecado en la fiesta de la Asunción. Hay diversos formularios para esta fiesta y sólo nos centraremos en aquellos textos que apuntan hacia el misterio de la Inmaculada concepción 19.

En concreto hay que señalar la oración completuria de las vísperas. En dicha oración se subraya la gloria de la maternidad virginal que le ha merecido la asunción a los cielos, pero también aparecen dos expresiones acerca de su carencia de pecado: «a quien nunca contaminó ni una relación con varón, ni un movimiento lascivo ni pecado alguno» 20. El contexto es el de ensalzar su parto virginal, pero el autor del texto subraya que careció de cualquier pecado, e incluso de los movimientos de la concupiscencia, que son consecuencia del pecado origina. Una vez más advertimos que para la liturgia hispana, no afectan a María las consecuencias del pecado original.

Sin embargo el texto más significativo para nuestro tema se encuentra en la Illatio de una de las Misas de la Asunción conservada en los manuscritos 21. Destacamos las siguientes líneas:

Puesto que adornaste con dignas alabanzas como ornamento sagrado a aquella, en la que no hubo contacto humano de corrupción, para que en el momento de la partida no temiera la mordedura de la muerte. En la cual estuvo libre de toda mancha, y fue gloriosa en su descendencia, alegre en su Asunción, enaltecida por el premio del paraíso y de las vírgenes. No conoció, pues, el daño ocasionado por la degustación prohibida, recogiendo los votos laudables del fruto: no sufrió dolor en su parto, ni tampoco mereció sentirlo en su tránsito. No fue presa de la seducción del placer. No fue tratada con las tristes consecuencias fúnebres, como corresponde a la naturaleza humana, la que había llevado en su seno al autor de la vida 22.

El resto de esta amplia oración insiste en el antagonismo Eva-María, pero ya en el texto transcrito aparece la asunción de la Virgen como una consecuencia de su maternidad divina virginal, pero al mismo tiempo se indica que no ha sufrido las consecuencias del pecado original, y en cierto sentido parece que se la exime de dicho pecado al afirmar que no conoció el daño de la degustación prohibida. En realidad el estado de la teología acerca del pecado original y la situación de la mariología impedían una explicitación mayor, pero lo que queda muy claro en este texto es la oposición que se da entre la Virgen María y el pecado de Eva, raíz del misterio de la Inmaculada concepción.

Podemos afirmar, pues, que en los textos de la liturgia hispano-mozárabe, anteriores a la celebración de la fiesta de la inmaculada no encontramos explícitamente el misterio de su Concepción Inmaculada, pero sí hallamos todos los elementos que conducirán a la Iglesia, en un desarrollo homogéneo del dogma, a esa definición.

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4. Los textos de la fiesta de la Inmaculada Concepción

Finalmente llegamos a los textos de la fiesta de la Inmaculada concepción, solemnidad que en el nuevo Misal se denomina "In diem conceptionis sanctae Mariae Virginis" 23. Como ya dijimos, los textos actuales, tanto de la Misa como del oficio, fueron aprobados en 1866 24, pero no son ajenos a la antigua tradición mozárabe.

En el Misal de Cisneros encontramos una serie de formularios propios para esta fiesta. La oración post Pridie, "Virgo Dei Genitrix", la oración ad Pater "Domine Iesu Christe, qui sic virginem matrem" y la bendición "Exorata Virginis sacrae Mariae" están tomadas de la fiesta de la Asunción, con algunas adaptaciones 25. Las otras oraciones y textos se inspiran en diversas piezas mozárabes y visigóticas con las que compiló Ortiz el Misal de Cisneros, pero sus fuentes son menos claras. No podemos olvidar que en alguna ocasión Ortiz compuso diversos textos para suplir la falta de piezas litúrgicas en fiestas que no existían en la época visigoda o mozárabe. Algunos de estos formularios, como las lecturas y la oratio admonitionis pasaron a la edición de la Misa de 1866.

El Oficio divino fue preparado ex novo en 1866, con apoyo en textos litúrgicos anteriores. Para Vísperas encontramos una serie de versículos de salmos y textos bíblicos que han sido tomados de la tradición hispano-mozárabe, especialmente de los oficios de la Virgen María y de otras Vírgenes 26. No podemos detenernos en explicar cada elemento por separado, pero la idea que subyace siempre es ensalzar la gracia de María y suplicar su intercesión.

En los textos de la Misa, junto con esa plenitud de gracia, se indica la relación que María ha tenido con Cristo y su misión en el misterio de salvación.

La primera lectura está tomada Pr. 8,22-33, el psallendum o versículo responsorial de Ps 44,5-6, en el que se subraya la belleza de la reina, aplicada a María. La segunda lectura, que en la primera versión de esta Misa se tomaba del Ecc 24,7-15 como una de las personificaciones de la sabiduría divina aplicada a María, ha sido sustituida por Gal 3,27-4,7, quizá para indicar mejor la estructura profecía-lectura apostólica de la liturgia hispano-mozárabe. Sin embargo, nos parece completamente injustificado haber sustituido el texto de la Anunciación Lc 1,26-28 por Lc 11,27-28, cuya relación con el misterio de la Inmaculada y con la liturgia hispano-mozárabe referente a María es menor 27. Es cierto que en el Misal de Cisneros se presenta el texto de Lc 11,27-28, pero también aparecía la lectura del libro del Eclesiástico, y sin embargo no ha habido inconveniente en sustituirla por otra.

Las oraciones de la Misa siguen tanto pautas hispanas como al contenido de la Bula Ineffabilis Deus, con la que se declaró el dogma de la Inmaculada Concepción. merece la pena detenerse en algunas, presentando su texto completo y alguna referencia a sus fuentes y teología.

En la primera oración, la oratio admonitionis se toma una oración del oficio matutino de santa Leocadia, pero sustituye la mención a la santa por la referencia a la Inmaculada concepción 28. Dada esta procedencia de la oración nos encontramos simplemente con una mención del misterio de la Inmaculada, pues el texto nos habla de la confianza en Dios y de su ayuda en la tribulación y el auxilio divino para evitar el castigo eterno.

La oratio alia, en cambio, presenta un resumen de la argumentación teológica clásica a favor de la Inmaculada: pudo, era conveniente y así la hizo Dios, sin olvidar la referencia al proto-evangelio ni el paralelismo antitético Eva-María, tan característico de la liturgia hispano-mozárabe.

El Dios inefable anunció al principio del mundo a la Inmaculada Virgen María como misterio sacratísimo y prodigio celestial, en el que la gracia va por delante de la naturaleza. Todo lo que pudo concederle el Padre se lo concedió y la llenó de gracia hasta donde convino, para que desde el primer instante de su animación ya fuera idónea, para lo que desde la eternidad había sido elegida. Dijo el eterno Padre al antiguo enemigo: "Establezco enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ella quebrantará tu cabeza". Esta es la victoria de la Virgen, este es el triunfo y el privilegio de María, este es el mérito de Cristo. Tú Señor, cuyos caminos son la misericordia y la lealtad haznos hijos por tu graciosa dignación 29.

La post nomina es una adaptación de dicha oración en la fiesta de la Anunciación del dieciocho de Diciembre, sólo que en lugar de la encarnación y parto virginal, se hace referencia a la abundancia de gracia y a la liberación del pecado original en María 30: para referirse a esto último emplea el término contagium naturae, que no es ajeno a la tradición litúrgica hispano-mozárabe. Al mismo tiempo pone de manifiesto la profunda relación entre el misterio de la Inmaculada Concepción y la misión de María que captaron los redactores de los textos al recurrir a la fiesta de la Anunciación:

Hijo eterno de Dios que te anticipaste en decorar a la Virgen María con la dulzura de tu bondad y la abundancia de tu misericordia, para que estuviera inmune del contagio de la naturaleza, recibe benigno este sacrificio, hostia de salvación, que te dedicamos en la solemnidad de tan gran misterio, otorgando a los vivos la salud de cuerpo y alma, y a los difuntos la placidez de la reparación eterna 31.
 

La illatio es la oración más desarrollada, y entre expresiones encomiásticas a María hace un resumen de la teología que se encierra en este misterio mariano. Recuerda la costumbre que existe de saludar con Ave María Purísima, como muestra del sensus fidelium respecto a este dogma, la misión de María como Madre de Dios, para lo que era conveniente su Concepción Inmaculada y se detiene en el protoevangelio y el paralelismo antagónico Eva-María. Aunque sea un texto de composición reciente, es el que expresa con más detalle el sentido misterio de la Inmaculada, tal como se explica en la Bula del beato Pío IX, pero con un lenguaje y unos giros que no desdicen del estilo de la liturgia hispana. Es un texto bastante largo, pero merece la pena transcribirlo entero:

Es digno y justo, santo y hermoso, sumo e inefable Dios nuestro, que te alabemos con las mayores alabanzas a que podamos llegar. Tú admirable en tus santos, eres más admirable en la Concepción inmaculada de la Bienaventurada Virgen María. Aquellos se rigen por la ley común y la providencia, éste es ensalzado de un modo singular, pues cuando toda la descendencia de Adán hubo caído, sólo María quedó en pie. ¿Qué podemos decir, pues, para afirmar la fe en el misterio y robustecer la piedad de los fieles, tan pobres y pequeños como somos, sino todo lo que hemos oído desde la cuna y nuestros padres nos enseñaron: lo que pronunciaron nuestros labios no manchados cuando éramos niños, miles de veces con lengua balbuciente, decimos hoy también frecuentemente y encontramos todavía escrito sobre nuestros dinteles: "Ave María purísima; sin pecado concebida"? Pero atrevámonos gozosamente a exponer alguna consideración si Dios mismo nos lo permite, y lo que llevamos en el corazón profiéralo nuestra lengua. Procedes de la boca del Altísimo, primogénita de toda criatura, no por naturaleza, sino por gracia; no se demoró en pensarte aquel que todo lo ve y todo lo decretó, pues te amó más que a los demás, por su divina predestinación, el que es la puerta de la bondad, buscando una madre digna y adaptándola a tal Hijo. Por eso el Señor te tuvo presente en sus obras, al principio de sus caminos de salvación, para que la gloria de tu Inmaculada Concepción redundara en aquel que había de nacer de ti. ¿Acaso no hubiera sido desdoro para el Hijo que su Madre hubiera tenido algo que ver con la culpa cuando la carne del Hijo es carne de la Madre? Pues se ha dicho: Los padres son la gloria de los hijos. Brilló, pues, María en el primer momento de su Concepción con tal pureza que no puede concebirse mayor debajo de Dios. Lleguemos, pues hermanos queridos, con toda diligencia, y celebremos solemnemente este milagro de gracia, mucho antes prometido a nuestros padres desde el cielo, prefigurado en místicos misterios, anunciado en los oráculos de los profetas y cumplido en la plenitud de los tiempos. Dijo Dios a la serpiente: "pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ella quebrará tu cabeza". Saltemos alegres de gozo: María pisa con su ligero pie la cabeza de la serpiente, y el primer instante de su vida fue de victoria y triunfo, porque siempre la hija de Dios fue llena de gracia, fundada en santidad adornada en virtudes, compuesta en sus movimientos, pura sobre los querubines y los serafines, perfecta, finalmente, sobre toda criatura, de modo que ninguna pueda imaginarse mejor que ella. Por lo que debemos alabar a Dios, nuestro Señor, en esta sagrada solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, proclamando con toda la asamblea de los santos  32.

La oración post sanctus recuerda que Dios por la pasión de Cristo justifica a los pecadores, mientras que a la Virgen María la ha preservado de pecado, y pide por intercesión de la Virgen que los fieles se adhieran más y más a Cristo. El aspecto que se explicita es el carácter preveniente de la gracia, que brilló especialmente en el misterio de la Inmaculada, así como la relación entre el misterio de la Redención, operado por Cristo y la Inmaculada.

Verdaderamente eres santo, verdaderamente bendito, Dios omnipotente y eterno, que por los méritos de la pasión de tu Hijo justificas a los pecadores; concede a todos los que confesamos que la Bienaventurada Virgen María fue inmune de todo pecado, por tu gracia que la previno, que por su intercesión quedemos libres de toda culpa 33.

En cambio, la oración post Pridie está inspirada en la de la fiesta de la Asunción 34, y se dirige a la Virgen, para pedirle que, por su intercesión, los fieles, libres del pecado, puedan recibir los sagrados misterios y lleguen a la vida eterna.

La oración que precede al Pater Noster comienza, al igual que la primera de la Misa, con las palabras iniciales de la Bula del beato Pío IX y pide a Dios que, ya que ha querido honrar a María en su Concepción, conceda fe a los cristianos para aceptar este misterio. En esta oración el punto que se pone de relieve es la revelación de este misterio gracias al Espíritu Santo, lo que supone aludir también al sensus fidei que movió a la Iglesia a interpretar algunas afirmaciones de la Escritura sobre la Virgen en el sentido de su Concepción Inmaculada.

Dios inefable, que de tal modo quisiste honrar en este mundo a la madre de tu unigénito Hijo, que nos revelaste por el Espíritu Santo el misterio de la Inmaculada Concepción de la misma Virgen María, a pesar de nuestra indignidad, concédenos creer por la fe en este misterio y en lo que el mismo Señor Jesucristo nos mandó rezar desde la tierra 35.

La bendición de la Misa es la misma que aparece en vísperas y laudes, y está inspirada en la bendición de vísperas del día de la Anunciación, a la que nos hemos referido en uno de los apartados anteriores 36. Por último, la oración final completuria de la Misa está adaptada de la de la fiesta de la Asunción 37, sólo que en lugar de referirse a esa fiesta menciona la fiesta de la Inmaculada; en cualquier caso se solicita la intercesión de la Virgen para alcanzar la liberación de los males presentes y alcanzar los premios eternos.

En resumen, podemos advertir con bastante claridad cómo en la Liturgia hispano-mozárabe, la misión de María en la obra de la salvación conlleva una santidad del todo especial que la separa del pecado; cada vez se tiende a distanciar más a María de las consecuencias del pecado original, y finalmente, ya en época moderna, se incluyen textos para celebrar, de manera explícita, el misterio de su Inmaculada Concepción.

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NOTAS

1. Sobre la Inmaculada Concepción en la liturgia hispana, cfr. A. Pascual, «La Inmaculada Concepción en la Liturgia visigótica», en Liturgia 9 (1954) 174-182; L. R. Sotillo, «El culto de la Santísima Virgen en la Liturgia Hispano-Visigótica-Mozárabe», Miscelanea Comillas 22 (1954) 89-192, para la Inmaculada 168-173. Sobre la Virgen María en la liturgia Hispana, en general, la recopilación de artículos de J. Ibáñez - F. Mendoza, María en la Liturgia Hispana, Pamplona 1975.
2. Una introducción sencilla y actualizada a la liturgia hispano-mozárabe, en la que se describen tanto su historia como su música y formas celebrativas la encontramos en J. M. Ferrer Grenesche (ed.), Curso de liturgia hispano-mozárabe, Toledo 1995.
3. Para referirnos a los textos de las diferentes épocas emplearemos las siguientes abreviaturas: AL: L. Brou - J. Vives (ed.) Antifonario visigótico mozárabe de la catedral de León, Barcelona-Madrid 1959, Br: Breviarium Gothicum, Matriti 1775; LM: J. Janini (ed.), Liber Missarum de Toledo, I-II, Toledo 1982-1983; LO: J. Janini (ed.), Liber Ordinum sacerdotal, Silos 1981; MG: Missale Hispano-Mozarabicum, I-II, Toleti 1991, 1994; OV J. Vives (ed.) Oracional Visigótico, Barcelona 1946.
4. Cfr. Br. Appendix 24.
5. «Sequitur deinde baptizandorum, prout unicuique libitum fuerit, improbabilis et emendanda confusio, quae a nostris consacerdotibus, quod commoti dicimus, non ratione auctoritatis alicujus, sed sola temeritate praesumitur, ut possim ac libere Natalitiis Christi seu Apparitionis, necnon et Apostolorum seu Martyrum festivitatibus innumerae, ut asseris, plebes baptismi mysterium consequantur; cum hoc sibi privilegium et upud nos, et apud omnes ecclesias, dominicum specialiter cum Pentecosti sua Pascha defendat»: Siricio, Epistolae et Decreta. 1. Ad Himerium Episcopum Tarraconensem. c-2, n.3: PL 13,1134; cf. A. di Bernardino (dir.), Patrología III. La edad de oro de la literatura patrística latina (Madrid 2007) 708-709.
6. «Qui in utero sanctificatae et sanctae virginis clementer illapsus, et sine ullo sorde peccati ineffabiliter natus» MG II,140; LM I,105/37,7.
7. «Audi filia, et vide, que meruisti effici filia filii, ancilla geniti, mater Domini, gestatrix salvatoris altissimi; quia cuncupivit rex speciei tuae decorem, et complacuit ei in terram tuam habitaculum sibimet mundissimum preparare» OV 222/74-75.

8. «Christe Deus, sapientia summi patris et verbum, qui edificasti comptissimam domum, Marie virginis uterum, in qua ipse celestis iustitia prospicis... ut sanctificatam nos tibi in domum efficias, de qua, ut sponsus procedens, operum nostrorum dignitate circumfultus appareas» OV 226/76;  Br 353.
9. Parece como si el autor, aunque es muy poco probable, se hubiera fijado en el uso del verbo χαριτόω que se emplea en el Nuevo Testamento sólo en Lc 1,29, en participio perfecto pasivo, y en Ef 1,6 en soristo, para referirse a la acción de Dios de comunicar la gracia a María y a los cristianos, cfr. I. de Potterie, María en el misterio de la Alianza, Madrid 1993, 45-49.
10. Cfr. Br. 351.
11. «Iam adspirat dies et amovebuntur umbre noctis; sola es speciosa, sola es immaculata, veniens a Libano» AL 59v/72.

12. «qui ex semine David secundum carnem Virginem mundissimam, de qua nasceretur, propheticis oraculis se praefatum nascityrum elegerat» MG II,655.
13. «Quique Matrem servavit a corruptelae contagio, sinum cordis vestri emaculet a delicto» OV 203/67; Br 356.
14. «Cuius munere postquam Virgo de Virgine prodiit, sexus fragilis fit virilis, fragilis, efficitur fortis; ut in quo fuit peccandi fragilitas, in eo sit vincendi felicitas, et sumat quae meruit poenam. Sumat nempe in progenie quod perdidit in radice: ut captiva serpentis conterat nunc serpentem, et nunc victrix triumphet, quae dudum victa succubuit. Hoc per Christum Dominum, Filium Virginis, sanctae Virgines ac martyres meruerunt: ut non Evae essent participes sed Mariae; nec corruptae parentis, sed incorruptae sociae Virginis in Christo maneant» MG II,735; LO 701,170

15. Cfr. MG II,653. Dicha misa procede del Misal de Cisneros, que se puede consultar en el tomo 85 de la Patrologia Latina, en concreto se encuentra en las col. 1032-1036; aunque no se conserva en los manuscritos quizá provenga de algunos hoy perdidos, o bien fue compuesta por el editor de dicho Misal, Alfonso Ortiz.
16. «Omnipotens adorande tremendeque Deus, qui providentia ineffabili rerum dirigis cursus cunctarum et pondere libras aquarum gurgites elementaque locis aptas, quorum mixtione corpora subsistere iubes, ut mirabilium tuorum non modo in magnis, sed in parvis insignia ostendas. At maiestati tuae parum erat condidisse omnia, quibus leges imponeres, nisi hominis lapsum, cui servirent, reparando reformares. Quippe cecidisse Evam, luctus nostri parentem, quid pateris miserius nobis? Verum gratiae plenitudine te, Domine obumbrasse Mariam, quid felicius? Genuit illa flebiles et perituros, concepit ista Deum hominem, pristinae ruinae reparatorem. Cecidit homo infelicis culpae reus, suscepit ex Maria hominem, qui nos redimeret Deus. Speciosa Dei Patris sponsa, atque Filium Dei paritura a saeculis praelecta, oret pro nobis pia interventrix, ut piaculis expiati, Patrem cum Filio et Spiritu Sancto vocibus sinceris cum Maria laudemus atque sine fine cernui unum in Trinitate Deum adoremus in saecula saeculorum».
17. «Jesu Domine, qui nasciturus ex virgine, et caput serpentis antiqui et totius delicti contagia proculcasti, dum te oblationem novam virgo mater parturiret in terris, quam exulare cupiebat serpens e sedibus suis: largire nobis, ita serpentis huius instictum, omniumque peccatorum odire contactum» OV 214/71; Br. 352-353.
18. «Neque enim fas erat ut haberet illa suspiria quae omnium gaudia pariebat, aut origo exsultationis nosceret vim doloris» MG II,137-138; LM I,101/35,26-27.
19. Un estudio mariológico de los textos de la fiesta de la asunción se puede encontrar en J. Ibáñez - F. Mendoza, María en la Liturgia Hispana, Pamplona 1975, 191-258.

20. «quam nec virile aliquando commertium, nec titillans unquam lasciv[i]um, neque ullum contaminavit obstinans deliquium» J. Janini, «El oficio mozárabe de la Asunción», Hispania Sacra 28 (1975), 25.
21. En el Misal actual se prefirió el otro formulario para la fiesta de la Asunción.
22. «Dignis siquidem preconiis eam adornaveris infolis, in qua nullum habuit contagium corruptionis, ut vel tempore resolutionis morsu non timeret mortis. In qua prorsus ab omni fuit pollutione libera, de germine nicilominus gloriosa, in Adsumptione vero laeta, paradisi virginumque dote prelata. Nesciens itaque damna de interdictu gustu, vota laudabilia sumens de fructu: nulliusque laboris sensit in partu,neque dolore ita meruit sensere per transitum. Non idcirco humane voluptatis fuit adstricta incelebratione: neque obsequio funeris luctuosius perageretur veluti ut naturae humanae, que talem suo in utero auctorem nostre iam portarat vite», texto citado en L. R. Sotillo, «El culto de la Virgen en la Liturgia Hispano-Visigótica-Mozárabe», Miscelánea Comillas 22 (1954), 189.
23. La Misa de la Inmaculada se encuentra en MG II,113-120.

24. Se publicó para uso de la capilla mozárabe un cuaderno, in-folio, bellamente editado, aunque sin fecha ni pie de imprenta con los textos del oficio y misa de la Inmaculada. Dado que aparecen los decretos de aprobación de la Sagrada Congregación de Ritos, debió ser algo posterior a 1866.
25. Cf. LM I,899/325,2-10; LM I,900/325,12-17; LM I,901/325,19-25.
26. El himno, que se repite en vísperas y laudes Praeclara custos Virgininum, está tomado de la liturgia romana, pero prácticamente todas las oraciones están adaptadas de textos del día de la anunciación, del oficio de la Virgen, compuesto para el breviario de Cisneros o de otros oficios. En concreto, las oraciones a las que nos referíamos en el primer apartado de este breve artículo, las encontramos de nuevo en este oficio, aunque con el contenido inmaculista más explícito.
27. La lectura de Lc 11,27-28 aparece en algún antiguo leccionario para la fiesta de la Asunción, pero junto con Lc 10,38-42, según la técnica de centón muy empleada en esta liturgia, cfr. J. Pérez de Urbel - A. González (ed.), Liber Commicus, Madrid 1950,460
28. Cfr. MG II,1-114 y OV 142/46.
29. «Ineffabilis Deus Immaculatam Virginem Mariam in mundi principio praenuntiavit, sacratissimum mysterium, caeleste prodigium, ut gratia anteverteret naturam. Quidquid ei conferri potuit qui potens est, contulit et gratificavit quantum decuit, ut in primo instanti animationis inveniretur idonea, ad quod electa fuit aeternaliter. Dixit aeternus ad veterem hostem: Inimicitias ponam inter te et mulierem et semen tuum et semen illius, ipsa conteret caput tuum. Haec est victoria Virginis, hoc Mariae triumphus et privilegium, hoc Christi meritum. Tu, Domine, cuius viae misericordia et veritas, filios tuos nos effice gratuita dignatione».

30. Cfr. MG II,115 y MG II,139 o LM I,103/36,14-21.
31. «Aeterne Dei Filius, qui beatam Virginem Mariam dulcedine bonitatis et misericordiae abundantia praevenisti, ut immunem faceres a contagione naturae, suscipe benignus hoc sacrificium et salutarem hostiam, quam tibi in tanti mysterii sollemnitate dedicamus, tribuens et vivis animae corporisque salutem et defunctis aeternae reparationis felicitatem».
32. «Dignum et iustum est, sanctum et pulchrum est, summe et ineffabilis Deus noster, quantum possumus te laudare praeconiis. Qui mirabilis in Sanctis tuis, mirabilior es in Immaculata Conceptione beatae Mariae Virginis. Illo communi lege et providentia, haec singulari modo magnificatur, nam cum omnium hominum Adami propago ruerit, sola steterit Maria. Quid ergo ad firmandam mysterii fidem et roborandam fidelium pietatem tantilli et pusilli et miseri loquamur, nisi quod ab incunabulis nos omnes accepimus, et patres nostri tradiderunt nobis, infantes impollutis labiis millies balbis linguis pronuntiavimus, in die frecuenter dicimus et in superliminaribus adhuc legimus scriptum: Ave Purissima Maria sine peccati labe concepta? Gaudentes perpauca exponere, si Deus ipse donaverit, audeamus libentissime et quod corde credimus, lingua profiteri. Ex ore Altissimi prodiisti primogenita omnis creaturae, non natura, sed gratia, non mora illius, qui simul omnia vidit et decrevit, sed quia plus ceteris dilexit divina praedestinatione, qui est bonitatis fons, diligens ad tanti Filii Dei idoneam et dignam Matrem. ideo Dominus praecepit te in operibus suis initio viarum suarum, ut honor Immaculatae Conceptionis tuae in eum, qui ex te nasciturus erat, redundaret. Numquid non dedecus Filio, quod Mater particeps culpae fuerit, cum caro Filii sit Matris caro? Dictum enim: Gloria filiorum parentes eorum. Immunis ab universali contagione peccati nituit ergo Maria in primo Conceptionis momento ea puritate, quae maior sub Deo nequit intelligi. Conveniamus, dilectissimi fratres, alacriter et celebremus sollemniter gratiae miraculum longe ante Patribus caelitus repromissum, mýsticis praefiguratum mysteriis, oraculis annuntiatum propheticis et in plenitude temporis adimpletum. Dixit Deus ad serpentem: inimicitias ponam inter te et mulierem, semen tuum et semen illius, ipsa conteret caput tuum. Exsultemus et laetemur. Caput serpentis levi pede calcavit Maria, et vitae primum instans fuit victoriae et triumphi, quia semper Dei filia, gratia plena, iustitia condita, virtutibus ornata, motibus composita, pura super Cherubim et Seraphim, perfectior denique omni creatura, ut nulla alia melior ipsa possit creari. Propter quod laudemus Dominum Deum nostrum in hac sacra sollemnitate Immaculatae Conceptionis beatae Mariae Virginis et cum omni beatorum caetu proclamemus ita dicentes».
33. «Vere sanctus, vere benedictus, aeterne omnipotens Deus, qui merito passionis Filii tui iustificas peccatores, tribue nobis ut sicut beatam Mariam Virginem, tua gratia praeveniente, ab omni labe immunem profitemur, ita eius intercessione a culpis omnibus liberi inhaerere mereamur».
34. Cfr. MG II,118 y MG II,504-505 o LM I,899/325,2-10.
35. «Ineffabilis Deus, qui sic Matrem unigeniti Filii tui honorificare voluisti in goc mundo, ut mysterium Immaculatae Conceptionis ipsius Virginis Mariae nobis per Spiritum Sanctum revelaris indignis, da nobis eiusdem mysterii fidem credere et quod idem Dominus noster Iesus Christus praecepit orare e terris».

36. Cfr. MG II,119 y OV 203/67 y Br. 350.
37. Cfr. MG II,120 y MG II,506 o LM I,901bis/325,27-30.

 

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