La Ermita. Rito hispano-mozárabe

TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Textos propios de la liturgia del Viernes de Parasceve (Liturgia de la Palabra). Año I

 

Rito Hispano-Mozárabe

Feria VI in Parasceve (1)
Ad nonam pro indulgentia
Annus primus

Liturgia verbi

 

Viernes de Parasceve
Oficio de nona por la indulgencia
Año I

Liturgia de la Palabra

Viernes Santo. Año I. Liturgia de la Palabra (Paso procesional de Ntro. P. Jesús de las Penas. Hdad. de San Roque, Sevilla)
 

Ad nonam pro indulgentia

Eo vero die, hora nona, signum sonat; et hora legitimæ Nonæ ingrediendum est ad Officium, quando legimus Christum in cruce positum emisisse spiritum. Et discinctis religiosis omnibus, lignum sanctæ Crucis levatur a diacono in patena ad præparatorium, precedendo celebrantem ante Evangelium sine cooperturio. Ingressus in ecclesia fit sub silentio, et mox ut ipsum Lignum positum fuerit super altare, et celebraris cum ministris ascenderint ad sedes, a lectore incipiatur prima lectio (anno primo), vel imponatur a celebrante versus «Popule meus» (anno secundo).

Annus primus / Año I

Liturgia verbi / Liturgia de la Palabra

Lectio sapientialis / Lectura sapiencial Prov 3,24-26
Léctio libri Proverbiórum.
R/.
Deo grátias.
Lectura del libro de los Proverbios.
R/.
Demos gracias a Dios.

Fili: Si dormíeris, non timébis; quiésces, et suávis erit somnus tuus. Ne páveas repentíno terróre et irruéntem tibi túrbinem impiórum, cum vénerit. Dóminus enim erit in látere tuo et custódiet pedem tuum, ne capiáris.

R/. Amen.

Hijo: Si te sientas, no tendrás temor; si te acuestas, tu sueño será dulce. No tendrás que temer al terror repentino ni la ruina que cae sobre los delincuentes, porque el Señor será tu confianza, él preservará tu pie de toda red.

R/. Amén.

Deinde dicat vel cantet celebrans primum versum sequentis responsi:

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Responsus / Responsorio Miq 6,1-8 (2)
Pópule meus quid feci tibi? Aut in quo contristávi te? Respónde mihi. Quia edúxi te de terra Ægýpti, parásti crucem mihi.

V/. Audíte quæ Dóminus lóquitur; surge, contende iudícium advérsus montes, et áudiant colles vocem tuam.
R/. Quia edúxi te de terra Ægýpti, parásti crucem mihi.

V/. Audíte montes iudícium Dómini et fórtia fundaménta terræ, quia iudícium Dómini cum pópulo suo et cum Ísrael altercábitur, dicens:
R/. Quia edúxi te de terra Ægýpti, parásti crucem mihi.

V/. Pópule meus quid feci tibi? Aut in quo te contristávi? Aut in quo tibi moléstus fui? Respónde mihi. Quia edúxi te de terra Ægýpti, et de domo servitútis liberávi te, et misi ante fáciem tuam Moysen, Áaron et Maríam.
R/. Parásti crucem mihi.

V/. Si affíget homo Deum, quia vos confixístis me et dixístis: in quo confixímus te? Invaluérunt super me verba vestra, et confixístis me gens tota.
R/. Parásti crucem mihi.

V/. Quid dignum ófferam Dómino. Curvabo génua Deo excélso; numquid ófferam ei holocaustómata, aut vítulum annículum? Numquid placári póterit Dóminus in mílibus ariétum, aut in multis mílibus hircórum pínguium?
R/. Parásti crucem mihi.

V/. Numquid dabo primogénitum meum pro scélere meo, fructum ventris mei pro peccáto ánimæ meæ?.
R/. Parásti crucem mihi.

V/. Indicábo tibi homo quid sit bonum, aut quid Dóminus quærat a te? Útique fácere iudícium, et dilígere misericórdiam, et sollícitum ambuláre cum Deo tuo.
R/. Parásti crucem mihi.

Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he molestado? Respóndeme. Yo te saqué de Egipto y tú preparaste una cruz para mí.

V/. Escuchad ahora lo que dice el Señor: «¡Levántate, pleitea ante las montañas y oigan las colinas tu voz!».
R/. Yo te saqué de Egipto y tú preparaste una cruz para mí.

V/. Escuchad, montes, el pleito del Señor, prestad oído, cimientos de la tierra, pues el Señor pleitea con su pueblo, entra en juicio contra Israel.
R/. Yo te saqué de Egipto y tú preparaste una cruz para mí.

V/. «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he molestado? Respóndeme. Yo te saqué de Egipto, de la casa de esclavitud te rescaté y mandé a tu frente a Moisés, Aarón y María.
R/. Yo te saqué de Egipto y tú preparaste una cruz para mí.

V/. ¿Puede un hombre engañar a Dios? Sí, vosotros me engañáis y andáis diciendo ¿En qué te hemos engañado? Vuestras palabras me parecen muy duras pues me engañáis vosotros, toda la nación entera.
R/. Tú preparaste una cruz para mí.

V/. ¿Con qué me presentaré al Señor, me postraré ante el Dios del cielo? ¿Me presentaré con holocaustos, con terneros primales? ¿Aceptará el Señor miles de carneros y millones de ríos de aceite?
R/. Tú preparaste una cruz para mí.

V/. ¿Ofreceré mi primogénito por mi delito, el fruto de mis entrañas por mi propio pecado?
R/. Tú preparaste una cruz para mí.

V/. Se te ha dado a conocer, oh hombre, lo que es bueno, lo que el Señor exige de ti. Es esto: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios.
R/. Tú preparaste una cruz para mí.

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Prophetia / Profecía Is 52,13-53,12
Léctio libri Isaíæ prophétæ.
R/. Deo gratias.
Lectura del libro del profeta Isaías.
R/. Demos gracias a Dios.

Hæc dicit Dóminus:

Ecce próspere aget servus meus; exaltábitur et elevábitur et sublímis erit valde. Sicut obstupuérunt super eum multi, sic defórmis erat, quasi non esset hóminis spécies eius, filiórum hóminis aspéctus eius,
sic dispérget gentes multas. Super ipsum continébunt reges os suum, quia, quæ non sunt narráta eis, vidérunt et, quæ non audiérunt, contempláti sunt.

«Quis crédidit audítui nostro, et bráchium Dómini cui revelátum est? Et ascéndit sicut virgúltum coram eo et sicut radix de terra sitiénti. Non erat spécies ei neque decor, ut aspicerémus eum, et non erat aspéctus, ut desiderarémus eum. Despéctus erat et novíssimus virórum, vir dólorum et sciens infirmitátem, et quasi abscondebámus vultum coram eo; despéctus, unde nec reputabámus eum.

Vere languóres nostros ipse tulit et dolóres nostros ipse portávit; et nos putávimus eum quasi plagátum, percússum a Deo et humiliátum. Ipse autem vulnerátus est propter iniquitátes nostras, attrítus est propter scélera nostra; disciplína pacis nostræ super eum, et livóre eius sanáti sumus. Omnes nos quasi oves erravimus, unusquísque in viam suam declinávit;
et pósuit Dóminus in eo iniquitátem ómnium nostrum».

Afflíctus est et ipse subiécit se et non apéruit os suum; sicut agnus, qui ad occisiónem dúcitur, et quasi ovis, quæ coram tondéntibus se obmútuit et non apéruit os suum. Angústia et iudício sublátus est. De generatióne eius quis curábit? Quia abscíssus est de terra vivéntium; propter scelus pópuli mei percússus est ad mortem. Et posuérunt sepúlcrum eius cum ímpiis, cum divítibus túmulum eius, eo quod iniquitátem non fécerit, neque dolus fúerit in ore eius. Et Dóminus vóluit contérere eum infirmitáte.

Si posúerit in piáculum ánimam suam, vidébit semen longævum, et volúntas Dómini in manu eius prosperábitur. Propter labórem ánimæ eius vidébit lucem, saturábitur in sciéntia sua. Iustificábit iustus servus meus multos et iniquitátes eorum ipse portábit. Ídeo despértiam ei multos, et cum fórtibus dívidet spólia, pro eo quod trádidit in mortem ánimam suam et cum scelerátis reputátus est; et ipse peccátum multórum tulit et pro transgressóribus rogat.

R/. Amen.

Esto dice el Señor:

He aquí que mi siervo prosperará, se elevará, crecerá y será magnífico. Y si muchos se habían horrorizado al verlo -tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre-, muchos pueblos se llenarán de asombro; a su vista los reyes cerrarán la boca, porque verán un suceso no contado jamás y contemplarán algo inaudito.

¿Quién creerá lo que oímos decir? ¿A quién se ha manifestado el poder del Señor? Creció ante él como un pimpollo, como raíz en tierra seca. Sin gracia ni belleza para atraer la mirada, sin aspecto digno de complacencia. Despreciado, desecho de la humanidad, hombre de dolores, avezado al sufrimiento, como uno ante el cual se oculta el rostro, era despreciado y desestimado.

Con todo, eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores los que le pesaban, mientras nosotros le creíamos azotado, herido por Dios y humillado. Ha sido traspasado por nuestros pecados, triturado por nuestras iniquidades; el castigo, precio de nuestra paz, cae sobre él, y a causa de sus llagas hemos sido curados. Todos nosotros, como ovejas, andábamos errantes; cada cual siguiendo su propio camino. Y el Señor ha hecho recaer sobre él la perversidad de todos nosotros.

Era maltratado, y no se resistía ni abría su boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante sus esquiladores, no abría la boca. Con violencia e injusticia fue apresado; de su causa, ¿quién se cuida? Fue arrancado de la tierra de los vivos, herido de muerte por los pecados de mi pueblo. Se le preparó una tumba entre los criminales, en su muerte se le juntó con malhechores, siendo así que él jamás cometió injusticia ni hubo engaño en su boca. Pero el Señor quiso destrozarlo con padecimientos.

Si él ofrece su vida por el pecado, verá descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá gracias a él. Después de las penas de su alma, verá la luz y quedará colmado. Por sus sufrimientos mi siervo justificará a muchos y cargará sobre sí las iniquidades de ellos. Por eso le daré en herencia multitudes, y gente innumerable recibirá como botín, pues se entregó indefenso a la muerte y fue contado entre los malhechores, él, que llevaba los pecados de muchos e intercedía por los malhechores.

R/. Amén.

Finita prophetia, dicunt hunc psalmum, tacentibus omnibus, duo psallendo:

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Psallendum / Salmo de meditación Sal 21,2-3.7-23
Deus, Deus meus, inténde in me; quare me dereliquísti? Longe a salúte mea verba delictórum meórum. Deus meus, clamábo per diem, nec exáudies; et nocte, et non ad insipiéntiam mihi.

Ego autem sum vermis, et non homo; oppróbrium hóminum, et abiéctio plebis. Omnes qui vidébant me, subsanábant me; locúti sunt lábiis, et movérunt caput. Sperávit in Dómino: erípiat eum; salvum fáciat eum, quóniam vult eum.

Quóniam tu es, qui eduxísti me de ventre, spes mea ab ubéribus matris meæ. In te iactátus sum ex útero, de ventre matris meæ Deus meus es tu, ne discédas a me. Quóniam tribulátio est próxima, et non est qui ádiuvet.

Circumdedérunt me vítuli multi, tauri pingues obsedérunt me. Aperuérunt in me os suum, sicut leo rápiens et rúgiens. Sicut aqua effúsus sum, et dispérsa sunt ómnia ossa mea.

Factum est cor meum tamquam cera liquefíens in médio ventris mei. Exáruit, sicut testa, virtus mea, et lingua mea adhæsit fáucibus meis, et in púlverem deduxísti me. Quóniam circumdedérunt me canes multi, concílium malignántium obsédit me.

Fodérunt manus meas et pedes meos, dinumeravérunt ómnia ossa mea. Ipsi vero consideravérunt et conspexérunt me; divisérunt sibi vestiménta mea et super vestem meam misérunt sortem. Tu autem Dómine ne elongáveris auxílium tuum a me, ad defensiónem meam, Deus meus, réspice.

Éripe a framea ánimam meam, et de manu canis únicam meam. Líbera me, Dómine, de ore leónis et a córnibus unicórnium humilitátem meam. Narrábo nomen tuum frátribus meis, in medio ecclésiæ laudábo te, Dómine.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, no acudes a salvarme; Dios mío, de día te llamo y tú no me respondes, de noche, y tú no me haces caso.

Mas yo soy un gusano, que no un hombre, vergüenza de los hombres, escarnio de la plebe; todos los que me ven hacen burla de mí, retuercen la boca, menean la cabeza: «Confió en el Señor, pues que él lo libre; que lo salve, si de verdad lo quiere».

Tú me sacaste del vientre de mi madre, me pusiste seguro en su regazo; desde antes de nacer a ti me confiaron, desde el vientre de mi madre eres mi Dios. No te quedes lejos, que el peligro está encima y nadie me socorre.

Toros innumerables me acorralan, me acosan los toros de Basán; ávidos abren contra mí sus fauces, cual leones que rugen y desgarran. Siento que me disuelvo como el agua, todos mis huesos se dislocan.

Mi corazón se ha vuelto como cera, se me deshace dentro de mi pecho; mi garganta está seca lo mismo que cascajo, mi lengua se me pega al paladar; me has hundido en el polvo de la muerte. Me rodea un montón de perros, una banda de criminales me acomete.

Taladran mis manos y mis pies, puedo contar todos mis huesos. No me pierden de vista, me vigilan; se reparten mi ropa y se sortean mi túnica. Mas tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo en mi auxilio.

Libra mi vida de la espada, no dejes que me desgarren esos perros; sálvame de las fauces del león, mi pobre vida de los cuernos del búfalo. Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en plena asamblea te alabaré.

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Apostolus / Apóstol 1Cor 5,6-6,11
Epístola Pauli apóstoli ad Corínthios prima. Primera epístola del apóstol Pablo a los corintios.

Fratres:

Non est bona gloriátio vestra. Nescítis quia módicum ferméntum totam massam corrúmpit? Expurgáte vetus férmentum, ut sitis nova conspársio, sicut estis ázymi. Étenim Pascha nostrum immolátus est Christus. Ítaque festa celebrémus, non in ferménto véteri neque in férmento malítiæ et nequítiæ, sed in ázymis sinceritátis et veritátis.

Scrípsi vobis in epístula: Ne commisceámini fornicáriis. Non útique fornicáriis huius mundi aut aváris aut rapácibus aut idólis serviéntibus, alióquin debúeratis de hoc mundo exísse. Nunc autem scripsi vobis non commiscéri, si is, qui frater nominátur, est fornicátor aut avárus aut idólis sérviens aut malédicus aut ebriósus aut rapax; cum eiúsmodi nec cibum súmere. Quid enim mihi de his, qui foris sunt, iudicáre? Nonne de his, qui intus sunt, vos iudicátis? Nam eos, qui foris sunt, Deus iudicábit. Auférte malum ex vobis ipsis.

Audet áliquis vestrum habens negótium advársus álterum iudicári apud iníquos et non apud sanctos? An nescítis quóniam sancti de mundo iudicábunt? Et si in vobis iudicábitur mundus, indígni estis mínimis iudíciis? Nesíitis quóniam ángelos iudicábimus, quanto magis sæculária?

Sæculária ígitur iudícia si habuéritis, contemptíbiles, qui sunt in ecclésia, illos constitúite ad iudicándum? Ad verecúndiam vestram dico. Sic non est inter vos sápiens quisquam, qui possit iudicáre inter fratrem suum? Sed frater cum fratre iudício conténdit, et hoc apud infidéles? Iam quidem omníno deféctio est vobis, quod iudícia habétis inter vosmetípsos. Quare non magis iniúriam accípitis, quare non magis fraudem patímini? Sed vos iniúriam fácitis et fraudátis, et hoc frátribus. An nescítis quia iníqui regnum Dei non possidébunt? Nolíte erráre: neque fornicárii neque idólis serviéntes neque adúlteri neque molles neque masculórum concubitóres neque fures neque avári, non ebriósi, non malédici, non rapáces regnum Dei possidébunt.

Et hæc quidam fuístis. Sed ablúti estis, sed sanctificáti estis, sed iustificáti estis in nómine Dómini Iesu Christi et in Spíritu Dei nostri.

R/. Amen.

Hermanos:

La cosa no es para que os sintáis orgullosos. ¿No sabéis que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Echad fuera la vieja levadura para ser una masa nueva, puesto que sois panes sin levadura; porque Cristo, nuestro cordero pascual, ya ha sido inmolado. Así que celebremos la fiesta, no con levadura vieja, con levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, panes de sinceridad y de verdad.

Os dije en mi carta que no tratéis con los lujuriosos; pero no me refería, de un modo absoluto, a todos los lujuriosos de este mundo, a todos los avaros, ladrones o idólatras, pues en tal caso tendríais que salir de este mundo. Lo que os decía es que no trataseis con el que presume de cristiano y es lujurioso, avaro, idólatra, calumniador, borracho o ladrón; con éstos, ni comer. A mí no me corresponde juzgar a los de fuera. Pero a vosotros sí os corresponde juzgar a los de dentro. A los de fuera, Dios los juzgará. Echad de entre vosotros al malvado.

Cuando tenéis un pleito con otro, ¿por qué lleváis el asunto a un tribunal pagano, y no lo resolvéis entre los creyentes? ¿No sabéis que los creyentes juzgarán al mundo? Pues si vais a juzgar al mundo, ¿seréis incapaces de juzgar causas más pequeñas? ¿No sabéis que hasta juzgaremos a los ángeles? Con mucha más razón las cosas de esta vida.

Para los asuntos de esta vida elegís como jueces a los que no tienen que ver nada con la Iglesia. ¿No os da vergüenza? ¿No hay entre vosotros algún hombre prudente, capaz de hacer justicia entre sus hermanos? En cambio, el hermano pleitea con el hermano, ¡y encima ante jueces paganos! ¡Ya es una desgracia para vosotros andar pleiteando unos con otros! ¿Por qué no preferís dejaros robar? Pero sois vosotros los injustos y los ladrones, y esto con vuestros hermanos. ¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis; ni los lujuriosos, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los invertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los salteadores heredarán el reino de Dios.

Eso erais antes algunos; pero habéis sido lavados, consagrados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.

R/. Amén.

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Diaconus vel presbyter vel ipse præsidens legit partem secundam passionis.

Evangelium / Evangelio Mt 27,1-11; Jn 18,37; 19,13; ... (3)
Séquitur pássio Dómini nostri Iesu Christi.
R/. Glória tibi Dómine.
Continuación de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.
R/. Gloria a ti, Señor.

Mane autem facto, consílium iniérunt omnes príncipes sacerdótum et senióres pópuli advérsus Iesum, ut eum morti tradérent. Et vinctum adduxérunt eum et tradidérunt Piláto præsidi.

Tunc videns Iudas, qui eum trádidit, quod damnátus esset, pæniténtia ductus, réttulit trigínta argénteos principibus sacerdótum et senióribus dicens: «Peccávi tradens sánguinem innocéntem».

At illi dixérunt: «Quid ad nos? Tu vidéris». Et proiéctis argénteis in templo, recéssit et ábiens láqueo se suspéndit.

Príncipes autem sacerdótum, accéptis argénteis, dixérunt: «Non licet míttere eos in córbanam, quia prétium sánguinis est». Consílio autem ínito, emérunt ex illis agrum Fíguli in sepultúram peregrinórum. Propter hoc vocátus est ager ille ager Sánguinis usque in hodiérnum diem.

Tunc implétum est quod dictum est per Ieremíam prophétam dicéntem» Et accepérunt trigínta argénteos, prétium appretiáti quem appretiavérunt a fíliis Ísrael, et dedérunt eos in agrum Fíguli, sicut constítuit mihi Dóminus».

Iesus autem stetit ante præsidem; et interrogávit eum præses dicens: «Tu es Rex Iudæórum?».

Respóndit Iesus: «Tu dicis quia rex sum. Ego in hoc natus sum et ad hoc veni in mundum, ut testimónium perhíbeam veritáti; omnis, qui est ex veritáte, áudit vocem meam».

Pilátus autem addúxit foras Iesum et sedit pro tribunáli in locum, qui dícitur Lithóstrotos, hebráice autem Gábbatha. Erat autem Parascéve Paschæ, hora erat quasi sexta.

Et dicit Iudæis: «Ecce rex vester».

Clamavérunt ergo illi: «Tolle, tolle, crucifíge eum».

Dicit eis Pilátus: «Regem vestrum crucifígam?».

Respondérunt pontífices: «Non habémus regem, nisi Cæsarem».

Sedénte autem illo pro tribunáli, misit ad illum uxor eius dicens: «Nihil tibi et iusto illi. Multa enim passa sum hódie per visum propter eum».

Príncipes autem sacerdótum et senióres persuasérunt turbis, ut péterent Barábbam, Iesum vero pérderent. Respóndens autem præses ait illis: «Quem vultis vobis de duóbus dimíttam?».

At illi dixérunt: «Barábbam».

Dicit illis Pilátus: «Quid ígitur fáciam de Iesu, qui dícitur Christus?».

Dicunt omnes: «Crucifigátur».

Ait autem: «Quid enim mali fecit?». At illi magis clamábant dicéntes: «Crucifigátur».

Videns autem Pilátus quia nihil profíceret, sed magis tumúltus fíeret, accépta aqua, lavit manus coram turba dicens: «Ínnocens ego sum a sánguine hoc; vos vidéritis».

Et respóndens univérsus pópulus dixit: «Sanguis eius super nos et super fílios nostros».

Tunc dimísit illis Barábbam; Iesum autem flagellátum trádidit, ut crucifigerétur. Tunc mílites præsidis suscipiéntes Iesum in prætório congregavérunt ad eum univérsam cohórtem. Et exuéntes eum, clámydem coccíneam circumdedérunt ei et plecténtes corónam de spinis posuérunt super caput eius et arúndinem in déxtera eius et, genu flexo ante eum, illudébant ei dicéntes: «Ave, rex Iudæórum». Et exspuéntes in eum accepérunt arúndinem et percutiébant caput eius.

Iesus autem báiulans sibi crucem exívit in eum, qui dícitur Calváriæ locum, quod hebráice dicitur Gólgotha, ubi eum crucifixérunt et cum eo álios duos hinc et hinc, médium autem Iesum. Scrípsit autem et títulum Pilátus et pósuit super crucem; erat autem scriptum: «Iesus Nazarénus Rex Iudæórum». Hunc ergo títulum multi legérunt Iudæórum, quia prope civitátem erat locus, ubi crucifíxus est Iesus.

Dicébant ergo Piláto pontífices Iudæórum: «Noli scríbere: Rex Iudæórum, sed: Ipse dixit: "Rex sum Iudæórum"».

Respóndit Pilátus: «Quod scripsi, scripsi».

Mílites ergo cum crucifixíssent Iesum, accepérunt vestiménta eius et fecérunt quáttuor partes, unicuíque míliti partem, et túnicam. Erat autem túnica inconsútilis, désuper contéxta per totum. Dixérunt ergo ad ínvicem: «Non scindámus eam, sed sortiámur de illa, cuius sit», ut Scriptúra impleátur dicens: «Partíti sunt vestiménta mea sibi et in vestem meam misérunt sortem». Et mílites quidem hæc fecérunt.

Et prætereúntes blasphemábant eum movéntes cápita sua et dicéntes: «Vah, qui déstruit templum et in tribus diébus ædificat; salvum fac temetípsum descéndens de cruce».

Unus autem de his, qui pendébant, latrónibus blasphemábat eum dicens: «Nonne tu es Christus? Salvum fac temetípsum et nos».

Respóndens autem alter increpábat illum dicens: «Neque tu times Deum, quod in eádem damnatióne es? Et nos quidem iuste, nam digna factis recípimus. Hic vero nihil mali gessit». Et dicébat: «Iesu, meménto mei, cum véneris in regnum tuum».

Et dixit illi: «Amen dico tibi: Hodie mecum eris in paradíso».

A sexta autem hora ténebræ factæ sunt super univérsam terram usque ad horam nonam. Et circa horam nonam clamávit Iesus voce magna dicens: «Eli, Eli, lema sabactháni?», hoc est: «Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquísti me?».

Quidam autem ex illic stántibus audiéntes dicébant: «Elíam vocat iste». Et contínuo currens unus ex eis accéptam spóngiam implévit acéto et impósuit arúndini et dabat ei bíbere. Ut Scriptúra implerétur, quæ dicit: «Dedérunt in escam meam fel, et in siti mea potavérunt me acéto».

Et clamans voce magna Iesus ait: «Pater, in manus tuas comméndo spíritum meum» et trádidit spíritum.

Et ecce velum templi scissum est a summo usque deórsum in duas partes, et terra mota est, et petræ scissæ sunt; et monuménta apérta sunt, et multa córpora sanctórum, qui dormíerant, surrexérunt et exeúntes de monuméntis post resurrectiónem eius venérunt in sanctam civitátem et apparuérunt multis. Centúrio autem et, qui cum eo erant custodiéntes Iesum, viso terræ motu et his, quæ fiébant, timuérunt valde dicéntes: «Vere Dei Fílius erat iste».

Iudæi ergo, quóniam Parascéve erat, ut non remanérent in cruce córpora sábbato, erat enim magnus dies illius sábbati, rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eórum crura, et tolleréntur.

Venérunt ergo mílites et primi quidem fregérunt crura et altérius, qui crucifíxus est cum eo; ad Iesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum iam mortuum, non fregérunt eius crura, sed unus mílitum láncea latus eius apéruit, et continuo exívit sanguis et aqua.

Et qui vidit, testimónium perhíbuit, et verum est eius testimónium. Et ne nos crédimus quia verum est, ut credéntes vitam habeámus in nómine eius.

Tunc venit homo dives ab Arimathæa nómine Ioseph, qui et ipse discípulus erat Iesu. Hic accéssit ad Pilátum et pétiit corpus Iesu. Tunc Pilátus iussit reddi. Et accépto córpore, Ioseph invólvit illud in síndone munda et posuit illud in monuménto suo novo, quod excíderat in petra, et advólvit saxum magnum ad óstium monuménti et ábiit.

Tunc convenérunt príncipes sacerdótum et pharisæi ad Pilátum dicéntes: «Dómine, recordáti sumus quia sedúctor ille dixit adhuc vivens: «Post tres dies resúrgam». Iube ergo custodíri sepúlcrum usque in diem tértium, ne forte véniant discípuli eius et furéntur eum et dicant plebi: "Surréxit a mórtuis", et erit novíssimus error peior prióre».

Ait illis Pilátus: «Habétis custódiam; ite, custodíte, sicut scitis». Illi autem abeúntes muniérunt sepúlcrum, signántes lápidem, cum custódia.

R/. Amen.

Al amanecer, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo decidieron condenar a muerte a Jesús. Lo ataron y lo llevaron al gobernador Pilato.

Judas, el traidor, al ver que Jesús había sido condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «He pecado entregando sangre inocente».

Ellos dijeron: «¿A nosotros qué? ¡Tú verás!». Tiró en el templo las monedas, fue y se ahorcó.

Los sumos sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro del templo, porque son precio de sangre». Decidieron comprar con ellas el «campo del Alfarero» para sepultura de los extranjeros. Por eso aquel campo se llamó «campo de sangre» hasta el día de hoy.

Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas, y las dieron por el campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.

Jesús compareció ante el gobernador, quien le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?».

Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Yo para eso nací y para eso he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Pilato, al oír estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llamaban «enlosado», en hebreo «Gábbata». Era la víspera de la pascua, hacia el mediodía.

Pilato dijo a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro rey».

Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!».

Dijo Pilato: «¿Voy a crucificar a vuestro rey?».

Los sumos sacerdotes respondieron: «No tenemos más rey que el césar».

Estando en el tribunal, su mujer mandó a decirle: «No resuelvas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho hoy en sueños por causa de él».

Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Y al decirles el gobernador: «¿A quién de los dos queréis que os suelte?».

Ellos respondieron: «A Barrabás».

Pilato les dijo: «¿Qué haré entonces con Jesús, a quien llaman el mesías?».

Todos dijeron: «¡Que lo crucifiquen!».

Él replicó: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». Viendo Pilato que nada conseguía, sino que aumentaba el alboroto, mandó que le trajeran agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Vosotros veréis!».

Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos».

Entonces puso en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado. Luego los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno de él a toda la tropa. Lo desnudaron, le vistieron una túnica de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; y, arrodillándose delante, se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!». Le escupían y le pegaban con la caña en la cabeza.

Jesús quedó en manos de los judíos y, cargado con la cruz, salió hacia el lugar llamado «la calavera», en hebreo «Gólgota», donde lo crucificaron. Con él crucificaron a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato, por su parte, escribió y puso sobre la cruz este rótulo: «Jesús Nazareno, el rey de los judíos». Muchos judíos leyeron la inscripción, porque donde Jesús fue crucificado era un sitio cercano a la ciudad.

Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas "El rey de los judíos", sino que él dijo: "Soy rey de los judíos"».

Pilato respondió: «Lo que he escrito, escrito está».

Los soldados, después de crucificar a Jesús, se repartieron la ropa en cuatro partes, una para cada uno. Dejaron aparte la túnica, tejida de una pieza de arriba abajo sin costura alguna. Por eso se dijeron: «No debemos partirla; echémosla a suertes a ver a quién le toca». Para que se cumpliera la Escritura: Se repartieron mis vestidos y echaron a suertes mi túnica. Es cabalmente lo que hicieron los soldados.

Los que pasaban por allí lo insultaban moviendo la cabeza y diciendo: «¡Bah! ¡Tú, que destruías el templo y lo edificabas en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!».

Uno de los criminales crucificados le insultaba diciendo: «¿No eres tú el mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro le reprendió diciendo: «¿Ni siquiera temes a Dios tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros estamos aquí en justicia, porque recibimos lo que merecen nuestras fechorías; pero éste no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey».

Y le contestó: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».

Desde el mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. Hacia las tres de la tarde Jesús gritó con fuerte voz: «Elí, Elí, lemá sabactani?» (que quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).

Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «¡Éste llama a Elías!». En aquel momento uno de ellos fue corriendo a buscar una esponja, la empapó en vinagre, la puso en una caña y le dio de beber. Para que se cumpliera la Escritura, que dice: «Pusieron veneno en mi comida, cuando tenía sed me dieron a beber vinagre».

Y Jesús, con fuerte voz, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». E inclinando la cabeza, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron; se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que estaban muertos resucitaron y, saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión, por su parte, y los que con él estaban custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, tuvieron mucho miedo y decían: «Verdaderamente éste era hijo de Dios».

Como era la víspera de la pascua, para que no quedaran los cuerpos en la cruz el sábado -pues era un día muy solemne-, los judíos rogaron a Pilato que se les quebraran las piernas y los quitaran.

Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Al llegar a Jesús y verlo muerto, no le quebraron las piernas; pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al punto salió sangre y agua.

El que lo ha visto da testimonio de ello, y su testimonio es verdadero; y creemos que dice verdad, para que creyendo en su nombre tengamos vida.

Entonces vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato, le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato mandó que se lo dieran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca. Hizo rodar una losa grande para cerrar la puerta del sepulcro y se fue.

Entonces, los sumos sacerdotes y los fariseos fueron juntos a Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado de que ese seductor dijo cuando aún vivía: A los tres días resucitaré. Manda asegurar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos, y el último engaño sea peor que el primero».

Pilato les dijo: «Tenéis guardias, id y aseguradlo como creáis». Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y montando la guardia.

R/. Amén.

Brevis homilia fit, qua mysterium Crucis prædicatur et ad pænitentiæ compunctionem populus admonetur.


1. Los textos latinos son los oficiales y están tomados del Liber Commicus I (pp. 256-264). Los textos bíblicos en español están tomados de La Santa Biblia, edición San Pablo.

2. Miq 6,1-4.6-8; Cf. Mal 3,8a.9b.13a. N. de La Ermita.

3. Mt 27,1-11; Jn 18,37; 19,13b-15; Mt 27,19-30; Jn 19,17-20a; 21-24; Mc 15,29-30; Lc 23,39-43; Mt 27,45-48; Sal 68,22; Lc 23,46; Jn 19,30; Mt 27,51-54; Jn 19,31-35a; Mt 27,57b-60; Mt 27,62b-66. N. de La Ermita.

(Se recuerda que hasta la fecha no existe misal oficial en español).

 

 

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