TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Pasionario

 

PASIONARIO HISPÁNICO (*)

SERVANDO Y GERMANO

Pasión de los santos mártires Servando y Germano, que sufrieron martirio el día veintitrés de Octubre 1.
R/. Gracias a Dios.

2. Las gloriosas pasiones de los santos mártires con el acompañamiento de todos los santos y entre ellos de Servando y Germano ¿qué otra cosa son, sino testimonios gloriosos de fe, de virtud y de perseverante paciencia? Cuando meditamos en ellos y los enaltecemos admirando, como merecen, la valentía del martirio y sus corazones esforzados, consagrados a Dios, proclamándolos con las merecidas alabanzas, nos fortalecemos en la gracia celestial. Y no me pasa por alto que no tengo capacidad para describir cada uno de los extraordinarios méritos de sus virtudes. Hay en mí la pobreza de un talento muy menguado y a menudo un don de palabra escaso. Pero lo que es verdadero no necesita florituras ni exuberancia de palabras, sino el resplandor purísimo de una fe sincera.

3. Servando y Germano, bienaventurados mártires, que vieron brillar el resplandeciente día de su pasión, de elevado y noble linaje, piadosos, buenos, sencillos, sobresalientes en virtud de alma y de cuerpo, cultivaron con obras intachables un espíritu religioso, una fe piadosa, una paciencia escrupulosa. Estos beatísimos mártires, como tuvieran en estos años las almas robustecidas, una conciencia grata a Dios y viril y mantuvieran la observancia religiosa, conscientes de su limpia sencillez, recibieron la gracia ansiada de purificarse de toda la inmundicia de la tierra. Renacidos con el agua y el Espíritu Santo 2, animados del espíritu celestial, se revistieron de las armas de la justicia y en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, expulsaban de los cuerpos posesos los espíritus inmundos y mediante la imposición de sus manos, curaban los miembros de muchos afectados por distintas enfermedades 3.

4. Como el amor a la ley hubiera fortalecido lo íntimo de sus corazones mediante buenas obras, comenzaron ya desde aquel tiempo a triunfar sobre el Viejo Diablo, glorificados por sus muchas virtudes y por la ayuda divina. ¿Para qué recordar cómo estuvieron siempre muy entregados a ayunos y limosnas, cómo despreciaron siempre toda tentación con la fuerza del Espíritu, cómo pisotearon los diversos vicios y pecados de este mundo para llegar corriendo a las palmas y coronas de la perfección por medio de la virtud de la caridad, de la castidad, de la fe y de la paciencia?

5. Mientras desarrollaban en este combate un espíritu piadoso y fuerte, tras un intervalo de tiempo no largo, comenzó a desatarse la sacrílega persecución de los enloquecidos emperadores por el odio del nombre de Cristo 4. De tal manera había infundido la horrible serpiente, el Diablo, en los corazones de todos los hombres descarriados el veneno de su maldad, que los cristianos eran ejecutados inmediatamente, si alguno se negaba a sacrificar a los dioses, y maltratados con prolongados castigos y tormentos, eran obligados a negar el venerable nombre de Cristo. Su crueldad ingeniosa había ideado tan distintos e inauditos tormentos, que las prolongadas torturas vencieron la virtud de ánimo de muchos.

6. En aquellos tiempos, mientras se abatía un tormento sin fin y no llegaba con las heridas la hermosa muerte por el nombre de Cristo, Servando y Germano, soldados muy valientes, estaban contentos de conseguir una gloria mayor por ser atormentados con mayores castigos. Tenían los cuerpos lacerados, pero las almas gloriosas por la victoria y la satisfacción íntima de la conciencia. Como tenían mayor fortaleza, superaban los crueles tormentos. Cuando la crueldad se doblegaba vencida en medio de la conmoción del mundo y el Diablo se dolía de haber sido vencido por los soldados de Cristo, entonces ellos, en aquella destrucción del cuerpo y en aquella dislocación de los miembros, merecieron ser más perfectos por la proclamación del nombre de Cristo. Los mártires, pues, sublimados por estos títulos de victoria proporcionaban a Cristo el gratísimo espectáculo de su fortaleza y daban a sus hermanos ejemplos de valentía santa.

7. Pero he aquí que con la ayuda de Dios pasaron los tiempos que soplaron violentamente en la salvaje persecución, tras la tempestad del furor y la ruina de muchos, cuando apiadándose Dios resplandeció la paz devuelta a la Iglesia 5 . A Servando y a Germano, los primeros mártires, les esperaba mediante otra victoria la corona del martirio. Después que se ordenó que fuesen soltados todos los que estaban en cadenas, en castigos o en tormentos, Servando y Germano no restauraban sus ánimos para la recuperación de la salud, ni creían que la vida de este mundo fuera nada, sino que buscaban la vida eterna de Dios. Así pues, hacían destruir los ídolos de los gentiles, que los hombres necios creían dioses, junto con sus santuarios y altares, para apartar de todas las mentes insensatas los errores de la vana superstición y conducir a los desgraciados de la muerte a la vida y de las tinieblas a la luz clarísima de Cristo. Así pues, muchos comenzaron a abominar de los sacrificios criminales, abandonaban los ídolos que, hechos añicos por los cristianos, de ningún modo podían vengarse por el respeto que les infundían, creían en el nombre de Cristo, corriendo a la Iglesia del Señor, dando gracias al Señor Jesucristo, limpios de las manchas de los pecados.

8. Pero ¡cuán pronto el Diablo lanza un gemido, se enfurece envidioso y de nuevo derrama su veneno en los corazones de los jueces de este mundo! 6 Se da la orden de que los heroicos confesores Servando y Germano sean conducidos por segunda vez a la cárcel, de nuevo a los tormentos, que purificados habían superado. Finalmente el Diablo deseaba que lo antes posible se les aplicara aquella muerte gloriosa, que había rehusado a los futuros mártires, por cuyas obras santas veía que sus criminales ritos habían sido destruidos. Así pues, por instigación del Diablo, Servando y Germano, llenos de gloria también después de las coronas de la proclamación de la fe, dispuestos a triunfar mejor sobre la muerte y sobre el Diablo, son sometidos a la prisión, a los castigos y a los duros tormentos por haber destruido aquellos ídolos, ante cuyos altares se habían negado a hacer sacrificios. Pero de acuerdo con sus convicciones, el crudelísimo juez, en cuyo malvado corazón moraba la vieja Serpiente, unas veces se obstinaba en dar muerte a Servando y Germano, otras veces les reservaba rebuscados tipos de tormentos. Y para que no quedara nada sin probar o intentar por su maldad, ordenó que sus santos cuellos fuesen rodeados por cadenas de hierro y sus piadosas manos fuesen atadas.

9. El Subprefecto llamado Viator, dirigiéndose desde la ciudad de Mérida de la provincia de Lusitania hasta la provincia de Mauretania 8, mandó que ellos marcharan atados con cadenas de hierro detrás de él, para que no faltara ningún tormento a su muerte. Pero ellos soportaban con fortaleza de ánimo el duro esfuerzo del camino, agobiados por las cadenas, por el hambre, la sed, el frío y las tormentas, como valientes soldados de Cristo, para triunfar decididamente sobre el injusto juez y el Enemigo, el Diablo. Mientras que los otros encadenados sentían dolor, tristeza, se lamentaban y gemían en aquel castigo del largo camino, Servando y Germano sentían en lugar de tristeza alegría, en lugar de llanto gozo y, cuando se pensaba que estaban en el máximo sufrimiento, ellos aliviaban sus corazones piadosos con salmos, himnos y alabanzas. Finalmente, habiendo llegado a la finca llamada Ursiano 9, que está en el territorio gaditano, la gracia de Dios derramó sobre este lugar el don extraordinario de que fuese adornada con el regalo divino de la pasión de estos mártires la diócesis gaditana, que era la única que carecía de gloria tan grande.

10. Amaneció, pues, el día de su martirio en el lugar de Ursiano. El subprefecto Viator dictó la sentencia de que los verdugos cortaran el cuello a Servando y a Germano. Entonces son conducidos a una colina, donde hay un lugar algo elevado, que se alza como en atalaya sobre los campos comarcanos, y allí, hincados de rodillas, orando en silencio a Dios, recibieron el golpe de la espada en sus santos cuellos, ofreciéndose como víctimas sin mancha. Sufrieron el martirio por la fe en la verdad el día veintitrés de Octubre, alcanzando la vida eterna después de una muerte gloriosa.

11. ¡Oh cuán dichosa la tierra gaditana, que recibió en su seno la sangre de los santos mártires, donde fue vencida la muerte con el Diablo, donde los valientes soldados de Cristo con este triunfo pasaron a la inmortalidad después de una santa muerte! También las grandes ciudades de Híspalis y Emérita fueron participes del don de su martirio. En efecto, la fértil tierra de Emérita recibió el cuerpo de Germano, que fue sepultado en el cementerio con todo honor junto a Eulalia y a otros mártires. El cuerpo de Servando, sepultado solemnemente, descansa en el cementerio de Híspalis entre las bienaventuradas mártires Justa y Rufina.

12. Reinando Nuestro Señor Jesucristo, que vive con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.


*. Riesco Checa, Pilar, Pasionario Hispánico. Ed. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995, pp 287-305.

1 Fábrega (P.H. 1, p. 161 ss.) defiende la existencia de una redacción primitiva de la pasión, más sobria, en la que se inspirarían los textos litúrgicos. La versión del Pasionario se compondría en el siglo VIII. (Cf. G. Rodríguez, El culto de los Santos, p. 236 ss.).
2. Cf. Ioan 3,5.
3. Cf. Act. 8,18.
4. Debe de tratarse de los últimos años de la primera persecución de Aureliano, en la que nuestros santos fueron confesores.
5. A la persecución de Aureliano siguió un período de paz de la Iglesia en el que los santos se preparaban para el combate definitivo del martirio.
6. Persecución de Diocleciano en la que murieron mártires Servando y Germano sin que dispongamos de datos para precisar la fecha exacta.
7. La Vicaria praefectura era la más alta dignidad del imperio romano en Hispania. Quien la desempeñaba recibía el nombre de Vicarius praefecti praetorii.
8. La Mauretania Tingitana estaba agregada al gobierno civil de Hispania (Tac., Hist. 1,78). Supone Flórez (E.S., XIII, p. 307 ss.) que desvió su camino pues el tránsito de Hispania a Tingi era por Belon, ciudad del estrecho, como expresa el Itinerario marítimo de Antonino (495, 4-5). La causa de este desvío sería el deseo del prefecto de visitar el templo de Hércules.
9. Resulta difícil precisar el lugar exacto de este fundus que caía en el camino de Mérida. (Cf.Flórez, E.S., XIII, p. 314-317).

 

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