TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Pasionario

 

PASIONARIO HISPÁNICO (*)

FAUSTO, GENARO Y MARCIAL

Pasión de los santos mártires Fausto, Genaro y Marcial, que sufrieron martirio en la ciudad de Córdoba bajo el gobernador Eugenio, el día quince de Octubre 1.
R/. Gracias a Dios.

2. En aquellos días, habiendo llegado a Córdoba Eugenio, de mente idólatra e inspiración perversa, pese a que daba la impresión de que se inclinaba más a hacer el censo de los cristianos que a perseguirlos, como diera la orden de adorar a los dioses, de repente estos tres, Fausto, Genaro y Marcial, con decisión valiente, sin cesar en la alabanza de Dios, le hablaron así: «Eugenio impío, ¿por qué te empeñas en odiar a los cristianos, en vez de creer? Hay que adorar a Dios y proclamarlo Dios de infinita eternidad. A Él hay que darle gracias». Entonces Eugenio, encendido con el máximo furor, dijo así: «Hombres desgraciados y perdidos, ¿qué sois vosotros?» Fausto respondió: «Cristianos, que confesamos a Cristo». Eugenio preguntó: «¿Quién es ese Cristo, a quien vosotros decís glorificar?». Contestó Genaro: «Es el solo Dios, por quien todo ha sido hecho y nosotros por Él. Y creyendo en Él solo, deseamos vivir cristianamente». Dijo Eugenio: «¿De dónde os proviene esa desatinada compenetración de decir bajo una sola inspiración que sólo hay un Dios?». Fausto contestó: «Extravío no hay sino en ti solo, que nos obligas a negar a Dios. En ti solo impiedad, que no reconoces al Hijo de Dios Padre».

3. Diciendo esto, Eugenio ordenó a los suyos: «Poned en el potro de tortura a Fausto, que tan impía e irrespetuosamente ha contestado». Genaro dijo a Fausto: «Querido y unido a nosotros en el vínculo de Cristo, con razón sufres esto por haberte asociado a las consecuencias de nuestros pecados». Fausto dijo: «¡Que vuestra compañía sea siempre la mía!» 2. Eugenio dijo: «¿Qué conversación es esa, que ahora tenéis, que habéis respondido ambos tan impíamente?». Genaro contestó: «Donde está la confesión de Cristo, no hay ninguna impiedad. Mayor es tu desgracia, ya que nos obligas a negar al Dios vivo». Eugenio dijo a Marcial: «Veo la demencia de éstos, como si te hubieran atraído a su compañía. No te confíes a esos impíos y malvados que, aunque no han querido hacer sacrificios voluntariamente, sin embargo, incluso a la fuerza serán obligados a adorar a nuestros dioses». Marcial dijo: «Que el Dios uno e inmortal, que hizo el cielo y la tierra 3, te castigue a ti, que nos obligas a adorar maderas y piedras antes que a Dios».

4. Eugenio dijo: «Reponedlos en el potro de tortura». Hecho esto, dijo Marcial: «Oh feliz e inmortal gloria de Cristo, que se ha dignado asociarnos a ti, hermano Fausto». Eugenio ordenó: «Atormentadlos, hasta que adoren a nuestros dioses». Mientras esto se hacía, Félix dijo: «Tan difícil como es que un camello pase por el ojo de una aguja 4, así nos es de difícil apartarnos de la fe de nuestros padres para volvernos a tu perdición». Eugenio repuso: «Los augustos emperadores han ordenado que adoréis a los dioses». Fausto respondió: «Hay un solo Dios. Por Él todo ha sido creado y nosotros por Él. Y vosotros no tenéis dioses, sino a vuestro Padre el Diablo, que se llama Satanás». Eugenio le contestó: «Ahora te aplicaré los tormentos». Y añadió: «Que se le corten las orejas y la nariz, que se le rapen las cejas y se le saquen los dientes de arriba». Realizado esto, dijo Fausto: «Bendito es el Señor inmortal, que ahora a nosotros según las obras de esta vida nos pagará bien por mal. A ti, en cambio, desgraciado e impío, nunca te irá bien».

5. Eugenio dijo a Genaro: «¿Ves, Genaro, cuántos y qué clases de tormentos ha sufrido Fausto por persistir en sus impías palabras?». Genaro contestó: «Que esta impiedad permanezca en mí y no se rompa el vínculo de este amor y la alianza con Cristo no me abandone. Como Él nos ha redimido con su preciosa sangre 5, haga que seamos coronados en la eterna gloria de su alabanza». Eugenio ordenó: «Arrancadle también a éste, lo que ordenamos a aquél».

6. Cumplido esto, Eugenio dijo a Marcial: «¿Ves, Marcial, la locura de tus compañeros y qué males les sobrevienen? Así que, mira por ti y sepárate de su perversa obstinación». Marcial respondió: «Mi consuelo es lo que ellos, alegres y exultantes, atestiguan en voz alta. Por tanto ha de ser proclamado y alabado el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta es para nosotros la Trinidad inseparable, inviolable, inaccesible, infinita, perpetua 6. Esa Trinidad nos aúna, para que sigamos sus pasos; tú sin embargo, violador de la paz, enemigo de la fe, no nos engañarás a nosotros, que queremos ser lo que seremos en el futuro». Eugenio dijo: -Aunque me respondas con una impiedad tan grande y con tal falta de respeto, al menos mira por ti». Marcial respondió: -Si no te enfadas, te digo cuál es nuestro consuelo». Eugenio le contestó: «¡Por los dioses inmortales y las promesas a los Emperadores, yo no me enfadaré!». Marcial dijo: «Tú mira por ti y proclama al Señor y hazte merecedor con nosotros de la gloria, del martirio y del amor». Eugenio añadió: «Dije que no me enfadaría y no lo hago. Tú cree en un solo Dios, tú confiesa a Cristo y que Él os ayude, pero a mí que nunca me suceda esto». Fausto dijo: «No merecerías otra cosa, sino ser echado a la gehena, que desde el origen del mundo ha sido preparada para tu padre, Satanás».

7. Entonces Eugenio, profundamente encolerizado, ordenó que fuesen quemados en una hoguera ritual. Habiendo sido conducidos a la hoguera ritual, así hablaron bajo una misma inspiración al pueblo: «Vosotros, queridísimos, no creáis en este Enemigo, el Diablo, de quien es ahora el tiempo. Reconoced, por el contrario, que habéis sido creados a imagen y semejanza de Dios 7; adoradlo y bendecidlo a Él, que es el creador de todas las cosas; no adoréis, como dicen éstos, las obras de sus manos, puesto que las maderas, las piedras, el oro y la plata son obras de las manos de los hombres. Vosotros, desechando y despreciando los castigos de éste, proclamad a Jesucristo y alabad a Dios sin cesar, incluso cada día». Y como los llevaran los sayones, por cuyas manos habían sido ensangrentados, comenzaron a echarlos al fuego. En seguida que fueron echados al fuego, exultantes, entregaron el espíritu. Y no faltó la asistencia de la Trinidad a los que no faltaba el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Os sirva de ejemplo esta lectura a vosotros para que fortalezcáis valientemente vuestro ánimo para el martirio y por medio de la pasión de éstos, deis testimonio de Cristo 8.

8. Sea bendito el nombre del Señor por los siglos de los siglos. Amén.


*. Riesco Checa, Pilar, Pasionario Hispánico. Ed. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995, pp 193-199.

1 Sobresale esta pasión por su sencillez y la concisión en los interrogatorios al modo de las actas proconsulares. Sin embargo no por ello debe concedérsele demasiada antigüedad. Para Fábrega (P.H. I p. 159) habría sido compuesta en el s. VIII o IX. Se desconoce el año del martirio. Debió de ser en la persecución de Diocleciano.
2. La leyenda convirtió a estos santos en tres hermanos, soldados de la VII legión e hijos del centurión Marcelo. Así las Actas publicadas por Tamayo: Faustus, Januarius et Martialis, ex Legione Septima urbe Hispaniae oriundi patres habuere SS. Marcellum et Monam clarissimam feminam. (cf. Acta Sanc. XII Oct.).
3. Cf. Ps. 145,6.
4. Cf. Mt. 19,24.
5. Cf. 1 Petr. 1,18.
6. La proclamación del misterio de la Santísima Trinidad y de la divinidad de Jesucristo es constante a lo largo del diálogo. Vemos en ello un influjo de los Concilios Toledanos (XII, 12-13; XXIX, 5-12; XXXI, 7-9).
7. Cf. Gen. 1,26; 51,1; 5,3.
8. Esta última frase alude a un ambiente de persecución. Fábrega se inclina a atribuirla a la época de los primeros Omeyas independientes (s. VIII-IX) o la de Abderrahman II (IX).
Las cenizas de estos santos se veneraron en la basílica Cordobesa «Sanctorum Trium» que fue el Templo principal de los mozárabes después de haber cedido la catedral a los árabes. (Eulogio, Memoriale Sanctorum II, 9).

 

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