La Ermita. Rito hispano-mozárabe

TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Pasionario

 

PASIONARIO HISPÁNICO (*)

ARGÉNTEA Y COMPAÑEROS

Vida y martirio de la beatísima virgen Argéntea y de sus compañeros de pasión, que sufrieron martirio en la ciudad de Córdoba bajo el gobernador Tirano, el día trece de Mayo 1.
R/. Gracias a Dios.

2. Entre los gloriosos combates de los mártires, en los que triunfando sobre el mundo superaron a todos los paganos y, una vez alcanzada la victoria, subieron a los Reinos celestiales, ha de proclamarse con extraordinario honor el triunfo de nuestra mártir Argéntea, mediante el cual acrecentó la fe de los hombres y proporcionó alegría inefable en el cielo. En efecto, queriendo la bondad de Dios sostener los cuerpos al igual que las almas, no rehúsa fortalecer los frágiles miembros de las mujeres, para que afronten combates propios de hombres, ya que, recogiendo de aquí y de allí, de distintos sitios, diferentes flores como un jardinero solícito, se afana por acrecentar la frondosidad de su paraíso con las variadas flores de las virtudes. Allí marchó también Santa Argéntea con doble guirnalda de flores: la de la íntegra y pura castidad y también la del martirio sangrante y victorioso, para llegar merecidamente a la mansión del Rey celestial a ofrecer las más puras delicias de ambas. Pero voy a exponer con qué virtudes consiguió estos méritos por la gracia de Dios, cómo afrontó combatiendo la palestra del martirio y cuán santamente vivió casi desde la misma cuna.

3. Santa Argéntea nació en la ciudad de Bobastro de noble familia, siendo su padre el rey Samuel y su madre Columba. Educada en los cuidados reales, criada con lujo en la casa imperial, no fijó sus ojos tanto en el reino terrenal de su padre, en el que era mimada, como en el futuro, hacia cuya beatitud veía que se encaminaba, ya que las palabras del profeta la llamaban y le decían: «Oye, hija, mira, inclina tu oído y olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre, porque el Rey ha deseado tu belleza» 2. La bienaventurada sierva de Dios, inspirada por estos avisos celestiales y atrapada espiritualmente por el abrazo del Rey divino, prefirió ofrecerse con el alma más que con el cuerpo a Cristo, a quien se consideraba ya unida por el compromiso de la fe para, tras abandonar los asuntos del siglo, que afectan al cuerpo y al alma, no servir a nadie, sino sólo a Aquél, a quien se había ofrecido.

4. Por esto, despreciando los honores reales, desechando los lujos de sus padres, menospreciando los servicios de siervos y siervas y aborreciendo las joyas de oro y plata, tomó la senda más estrecha de la sagrada religión para poder acceder a los amplios umbrales de la vida feliz, según dice la Verdad: «Entrad por la puerta angosta, porque amplio y espacioso es el camino, que conduce a la perdición» 3. Perseverando largo tiempo la santa sierva de Dios en este propósito y progresando en los frutos de las virtudes, no pudo ocultarse al testimonio humano la luz, que se veía ya colocada no bajo un celemín, sino sobre un candelabro 4. Estaba, en efecto, ceñida por la honradez, consagrada a la castidad, revestida de pudor, era cuidadosa de su modestia, pronta en las limosnas, compasiva con los pobres y, en general, dotada de todas las virtudes.

5. Muerta su madre Columba y sepultada con funerales solemnes, su padre 5 intentó encomendarle el cuidado del palacio, que con sabiduría desempeñaba la madre, queriendo renovar en su hija lo que desgraciadamente había perdido en su esposa. Pero la sierva de Dios, dispuesta a obedecer a Dios, más que a su padre le habló de este modo: «No es posible, oh padre, el más fiel de los reyes, que yo vuelva a tu obediencia y que sea arrancada del servicio de Aquél, a cuya entrega y total amor estoy ligada. Pues dice el Apóstol de las gentes: "Nadie que milita para Dios se mezcla en los asuntos del siglo, para agradar a Aquél, en cuya milicia se alistó" 6. Conviene que pongas al frente del palacio a un mayordomo, de cuya administración obtengas un servicio provechoso. Pues sabe que a mí ni los ángeles, ni mucho menos los príncipes de este mundo, me apartarán del amor a Jesucristo 7. Únicamente te ruego que me hagas construir una celda apartada dentro de las paredes de este palacio, adonde retirándome del torbellino de este siglo pueda más libremente realizar mi proyecto ansiado en compañía de mis hermanas». Llevado a cabo su deseo, no tardó mucho en entregarse al servicio de Cristo como se había propuesto.

6. El Omnipotente Dios, mirando complacido la devoción profunda de su sierva, no rehusó mostrarle la senda adecuada, para que pudiera conseguir una mayor recompensa ante Él. Vivía en aquel tiempo un religioso, que sirviendo a Dios con largos ayunos anhelaba con todas sus fuerzas escalar la cima del martirio. Divulgada la noticia de él por doquier y extendida por toda la ciudad, finalmente la doncella de Dios se enteró de que servía a Dios bajo el hábito religioso. Entusiasmada por esta noticia, cual sagaz mercader, ardiendo en deseos de saber cómo podían acrecentarse sus méritos, decidió compartir la promesa que había hecho el citado religioso en la esperanza de que podría adquirir mayor ganancia, poseyendo una mayor riqueza de obras. Pues dice el Señor: «Al que tiene se le dará y abundará» 8. Así, pues, la beatísima Argéntea queriendo ser distinguida con el título del martirio decidió escribir su secreto propósito al religioso, rogándole que suplicara al Señor que hiciera partícipes a sus dos compañeras del proyecto que tenía.

7. Pero el Dios celestial, conocedor de todas las cosas, no permitió que el deseo de su sierva quedara mucho tiempo en la incertidumbre y mediante la respuesta y los méritos del santo varón le dio la certeza acerca de lo que consideraba que ella había estado dudosa y en vilo. El mencionado religioso le escribió así: «Santa mujer, sábete que una de tus compañeras me precederá en este ansiado premio, pero te aseguro que la otra no lo conseguirá. Tú, en cambio, lo alcanzarás también, pero pasado un largo espacio de tiempo». La joven sierva de Dios alegrándose por estas palabras y dando gracias a Dios se apartaba y alejaba de las cosas presentes en la medida en que se sentía unida con más gozo a las futuras. Aumentando las mortificaciones y renunciando a los halagos mantenía su corazón infatigablemente fijo en la resolución emprendida.

8. Corría entonces la era 966 (año 934), cuando la citada ciudad paterna fue asolada y devastado el reino de su padre, como conocen algunos 9. Se dirigió entonces junto con sus hermanos y los restantes conciudadanos como forastera a la ciudad de Córdoba, de la que en lo sucesivo sería moradora perpetua, sólo de cuerpo. Entrando en ella comenzó a reflexionar cómo conseguiría su propósito. Uniéndose a jóvenes religiosas en la citada ciudad y entregándose inquebrantablemente según la costumbre a la castidad perpetua, pasó así la mayor parte de su vida. Si intentáramos describir con nuestra pluma con cuán grandes y espléndidas virtudes destacó en esta ciudad, con qué costumbres resplandeció, con qué acciones piadosas brilló, produciríamos cansancio más bien que provecho. Pero con más interés han de exponerse las virtudes, con las que valientemente venció a las armas del Enemigo.

9. Así, pues, en aquellos tiempos un franco, que vivía en las Galias, de nombre Vulfurán 10, lleno de justicia y destacando en santidad, vio en sueños en el descanso de la noche avanzada que Dios se le aparecía y le ordenaba que se dirigiera a Hispania para afrontar dignamente junto con la virgen Argéntea el combate del martirio, asegurándole que Él había prometido a la beata virgen este don y diciéndole: «Corno soy veraz en mis palabras, no quiero privarla del don prometido». Impulsado, pues, el siervo de Dios por esta aparición se apresuró a cumplir en persona lo que por inspiración divina había percibido en su mente. Y poniéndose en camino se dirigió velozmente a la región a él señalada y desde allí a toda prisa se encaminó a la ciudad de Córdoba.

10. Entrando en ella y muy preocupado por la sierva de Dios, no se la mantuvo oculta el Señor, por cuya inspiración había recorrido tanta distancia. Y encontrándola le dijo: «Bienaventurada niña, sin duda eres tú a cuya victoria he sido convocado por la voz de Dios para ser participe de ella. Pues el Señor visitándome en sueños me ha mandado venir a tierras lejanas, para que juntos luchemos contra las ocultas asechanzas del maligno Enemigo». Santa Argéntea repuso: «Entonces, ¿por qué nos demoramos? ¿Por qué esperamos más tiempo? Debemos armarnos con las armas celestiales del rey invicto y correr con paso firme a aplastar las huestes del Enemigo».

11. El beato Vulfurán, admirando la enorme fortaleza de la mujer y fortalecido por su profunda fe, no permitió que se aplazara largo tiempo el martirio, en cuyo deseo veía abrasarse el alma santa de la muchacha. Afrontándolo al instante, detenido por los paganos, cual perros hambrientos en furiosa rabia, es llevado ante la presencia del gobernador y obligado violentamente a renegar de sus creencias. Al negarse y no acceder en absoluto, es llevado a empellones a la mazmorra de la cárcel, para que agotado por las penalidades se apartara por la fuerza de sus propósitos. Pero el soldado de Dios, en cuyo interior vivía Cristo, cuanto más lo amenazaba el Enemigo, tanto más se fortalecía en el Señor.

12. Santa Argéntea al oír que San Vulfurán había sido encarcelado, visitó de inmediato en la cárcel al que consideraba que tenía como compañero en la victoria y oyendo continuamente al mártir de Dios en sus frecuentes visitas, lo que siempre anhelaba en su espíritu afrontar, finalmente lo alcanzó con la ayuda de Dios. Un día realizando una visita al mártir de Dios como de costumbre y rindiéndole testimonio de respeto, se dio cuenta de que estaba rodeada de infieles y oyó que le hacían preguntas en tono injurioso diciendo -Muchacha, ¿no eres tú hija del rey Samuel? ¿Por qué te has atrevido a acercarte a esta casa? o ¿es que quieres unirte estúpidamente a la muerte de este criminal?. Santa Argéntea, alegrándose de alcanzar el martirio siempre deseado, confesó valientemente que no sólo era hija de tal padre, sino que también se mantendría ferviente creyente de la fe católica 11.

13. Enfurecidos por esta declaración, arrastran hasta el gobernador a la sierva de Cristo. Interrogada por él sobre las condiciones de su fe respondió sin vacilación: «¿Por qué me acosáis con tantas preguntas? ¿No he confesado hace poco que profeso la fe cristiana? Pero, ya que según la enseñanza del Apóstol con el corazón se cree para la justicia y con los labios se hace la confesión para la salvación 12, confesaré delante de todos que creo en un solo Dios en tres Personas, lo adoro inseparable en su esencia y lo proclamo diferenciado en sus personas».

14. Se enfureció el Enemigo ante estas palabras y a grandes voces ordenó que la sierva de Dios fuese aherrojada. Santa Argéntea encarcelada, sin cesar en los ayunos y entregada a la atenta lectura de los textos Sagrados, permaneció algunos días encerrada en la cárcel hasta que el emir dio la orden de muerte de ella y de Vulfurán. Tras una deliberación sobre ambos mandó dictar sentencia en estos términos: -Si éstos no creen en nuestra religión, ordenamos que sean condenados a horrible muerte. A Argéntea por insolente rebelde y por obstinada contra el culto sagrado y por menospreciar las recompensas del emir, ordenamos que se le dé muerte atravesada por una lanza, después de ser golpeada con mil azotes y privada de la lengua».

15. Santa Argéntea, recibiendo esta sentencia con alegría y dando gracias a Dios, no tuvo miedo de sufrir el martirio humano, por el que creía que llegaría al tálamo de Cristo. Y armada con la cruz del Rey Divino, como un fuerte atleta, que aspira al triunfo de la competición, avanzó con firmeza al foro diciendo: «Oh el más cruel de los príncipes, ¿de qué te sirve cortar mi lengua, si el plectro invisible de mi alma no cesa de proclamar a Cristo? Continúa, desgraciado, continúa para que me añadas triunfos más codiciable y a ti te prepares eternos tormentos después de la muerte. Pues yo me alegro de ser tanto más feliz, cuanto mayores son los tormentos a que me veo sometida». No soportando más tiempo sus palabras el gobernador, rodeada de verdugos junto con el beato Vulfurán es sometida a tormentos. Y ejecutada la sentencia cruelmente contra ambos, consumado el martirio, alcanzaron la patria celestial.

16. Por la noche llegando fieles cristianos recogieron los cuerpos de ambos y les dieron sepultura con honras solemnes en el año 934. A Argéntea la sepultaron solemnemente en el cenobio de la basílica de los Tres Santos en presencia del obispo y de todo el clero. A Vulfurán lo enterraron con igual honor en otro cementerio. De ambos se producen milagros sin cesar entre nosotros hasta hoy, librando a muchos cuerpos de distintos tipos de enfermedades, porque, aunque están separados de lugar, sin embargo, creemos que han merecido una misma gloria ante el Señor 13.

17. Que con el Padre y el Espíritu Santo tiene una sola y misma gloria por todos los siglos de los siglos. Amén. 


*. Riesco Checa, Pilar, Pasionario Hispánico. Ed. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995, pp. 253-263.

1 Santa Argéntea era de familia mozárabe y su historia se relaciona con uno de los episodios más interesantes de la lucha contra los musulmanes. Su padre era Umar ibn Hafsun según descubrió la perspicacia de R. Dozy (cf. Historia de los musulmanes de España II, Madrid 1982, p. 299 ss.).
2.  Ps. 44,11.
3. Mt. 7,13.
4. Cf. Mt. 5,15.
5. En el año 899 Ibn Hafsun proclamó el retorno a la fe de sus mayores y se hizo bautizar cambiando su nombre por el de Samuel. Esta conversión, acogida con estusiamo por los mozárabes de Andalucía, le acarreó el abandono de los musulmanes y la decadencia de su poderío (cf. Ibn Adari, Al-Bayano 'l-Mogrib, ed. Dozy, año 286).
6. II Tim. 2,4.
7. Rom. 8,38.
8. Mt. 25,29.
9. Umar ibn Hafsun, establecido en su fortaleza de Bobastro, llevó a cabo una encarnizada guerra contra los musulmanes. A su muerte (917) sus hijos Chafar, Soliman, Abderrahman y Hafs intentaron inútilmente continuar la lucha. El 21 de Enero de 928 Hafs se rindió y los habitantes de Bobastro y con ellos Argéntea y su hermano fueron transladados a Córdoba. Hafs sirvió en el ejercito vencedor mientras ella se retiraba a un convento (Cf. Dozy, Historia, II, p. 315). Sobre la localización de Bobastro cf. Simonet, Historia, p. 515 y J. Vallvé Bermejo, «De nuevo sobre Bobastro», Al-Andalus XXX/1 (1965), p. 139-179.
10. En la Historia de España dirigida por R. Menéndez Pidal se habla de una cierta Ulfura como compañera del martirio de nuestra santa. (cf. Historia de España III, Madrid 1935-1980, p. 273).
11. Como los hijos de padre musulmán también debían serlo, y Umar ibn Hafsún lo había sido, fue considerada apóstata. (cf. Simonet, Historia, p. 596-598).
12. Rom. 10,10.
13. Fueron enterrados en el año 937: Sta. Argéntea en la Iglesia de los Tres Santos que a la sazón era la Mayor o Catedral. La presencia del obispo y el clero es interesante pues demuestra su conservación en Córdoba por los años 937. (Cf. Simonet, Historia, p. 598).

 

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