La Ermita. Rito hispano-mozárabe

TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Pasionario

 

PASIONARIO HISPÁNICO (*)

ZOILO

El martirio de San Zoilo. Último cuarto S. XVI. Anónimo. Sacristía de la iglesia de San Zoilo (Carrión de los Condes)

Invención del cuerpo del beatísimo mártir Zoilo, que fue hallado y trasladado por Agapio, obispo de la diócesis de Córdoba, el día cuatro de Noviembre 1.
R/. Gracias a Dios.

Pasión del beatísimo mártir Zoilo, que sufrió martirio en la ciudad de Córdoba el día veintisiete de Junio.
R/. Gracias a Dios.

2. Al venerar con devoción cada año las victorias de los santos alcanzadas en los martirios y al visitar con frecuencia las tumbas que tenemos entre nosotros, rendimos el tributo merecido a estos mismos santos y nos ganamos por ello el apoyo para el premio eterno. Y, como el pueblo prefirió transmitir sus vidas a las generaciones venideras, en el tiempo incierto de la vida, sólo a través de la tradición oral más que escribiéndolas, por eso es ahora necesario transmitirlas escritas a los fieles para los tiempos futuros, no sea que los hechos, que, basados en el recuerdo o la tradición todavía se cuentan como sucedieron, cubiertos por el manto del olvido, al envejecer el mundo, la fe de los que los oyen o transmiten los tenga por fantasías.

3. Así pues, el venerable e ilustre mártir San Zoilo de la ciudad de Córdoba, descendiente de venerables e ilustres varones, detenido de pronto por los paganos, por proclamarse cristiano en su juventud y desde su infancia, fue llevado ante el tribunal del juez y se le exhortó largo tiempo a que se convirtiera al culto de los ídolos. Acosado durante muchos días con insultos y azotes por declararse cristiano, fue condenado por el malvado juez a la pena de muerte y fue sepultado sin honor en el cementerio de la ciudad junto a los cuerpos de los forasteros.

4. Pero mantúvose oculto el tesoro del Señor, lo mismo que el sepulcro de éste, por si alguien intentaba robarlo, para que no fuera encontrado el cuerpo de este santo mártir por los cristianos, mientras que el Señor mantuvo adormecido el don de la verdadera doctrina, al desaparecer la locura de los arrianos y desmoronarse la secta de la idolatría, no dejó de manifestar sus complacencias a los defensores de la verdad, cuando en el tiempo del rey cristiano y ortodoxo Sisebuto, con la fe verdadera fue devuelta la paz a la Iglesia católica en toda España y todo el pueblo fue instruido por las asambleas conciliares. Por su intervención un varón noble de la raza de los visigodos, de ilustre familia, llamado Agapio, buscó desde el estado laica1 la vida monástica y a través de los grados eclesiásticos fue elegido obispo.

5. Pero, como Dios no defraudó de sus bienes a su siervo, pues por amor a Él había renunciado al mundo y a sus riquezas, teniendo el cuerpo agotado por los ayunos, maltrecho por el áspero lecho, cubierto de cilicio y pobre sayal, durante la noche, cuando el sueño se había insinuado en su cuerpo y sus miembros agotados por el trabajo descansaban, apareciéndose le reveló en qué lugar estaba oculto el cuerpo de San Zoilo y que debía utilizar el nombre de Aquél, por amor al cual él había renunciado a su vida. Agapio 2, cuando al correr de las horas, el sol apuntaba en el firmamento, convocando a los hermanos y a todo el clero con el resto del pueblo, les informó de su sueño y de las instrucciones que había recibido y con todo el pueblo se dirigió sin demora al lugar, que le había sido mostrado, y habiendo llegado al lugar que el Señor le había indicado, tomando en la mano una azada comenzó él mismo a cavar, hasta que con la ayuda de Dios llegó al cuerpo del santo mártir, tal como había sido escondido por los paganos.

6. Una vez hallado, el temor sobrecogió a todos. Pero el siervo de Dios y obispo de aquel tiempo besó repetidamente con gran amor el cuerpo santo del mártir, considerándose indigno de tocar con sus manos las reliquias de tan santo varón. De repente, mientras lo besaba una y otra vez, se vio privado de los dientes incisivos superiores. Viéndolos desprendidos de su boca los arrojó al mismo sepulcro, donde fue enterrado el cuerpo del santo mártir 3.

7. Concluido el hallazgo, a la noche siguiente apareciéndosele en sueños le habló así: «¿Por qué me besaste tantas veces, si ya te había concedido el Señor Jesucristo lo que solicitabas por mi intercesión? Ahora estate seguro que todos tus pecados te han sido perdonados por Aquél, por cuyo amor has conseguido sus complacencias y has renunciado al mundo con sus pompas». Y velando durante la noche, el cuerpo del beatísimo mártir Zoilo fue llevado y sepultado con dignidad en esta pequeña basílica, que había sido construida antiguamente en honor del mártir Félix 4.

8. Y como en este lugar estaba construida una pequeña iglesia, fue agrandada por el venerable obispo Agapio con técnica arquitectónica; y haciendo construir una bóveda de grandes proporciones sostenida por columnas sobre el sepulcro del santo, colocó allí con gran pompa un pedestal además de la construcción de la bóveda. Y después fundó un cenobio de cien monjes y padres en este lugar, en el que había sido enterrado el cuerpo del santo, para que de día y de noche presenten ofrendas gratas al Señor Omnipotente al que sirven y para que la gloria de tan gran santo mártir, acrecentándose, se venere por siglos eternos 5.

9. Con la ayuda y la gracia de nuestro Señor Jesucristo que vive con Dios Padre y reina con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.


*. Riesco Checa, Pilar, Pasionario Hispánico. Ed. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995, pp. 245-249.

1 El P. B. Gaiffier ("L'inventio et translatio de S. Zoïle de Cordoue", A.B. 56 (1938), p. 368) cree que nuestro texto es composición no contemporánea de los hechos. Se escribiría entre mediados del s. VIII y principios del IX.
2. El obispo Agapio (que firma en el III Concilio de Toledo y el I de Sevilla), de raza goda y familia noble, atraído por la vida monástica, ingresó en un monasterio. Al poco fue obligado a aceptar la silla episcopal de Córdoba. Su desconocimiento del derecho eclesiástico originó algún desorden que fue objeto de censura en el II Concilio de Sevilla (7). Se le reprochaba haber delegado en presbíteros funciones que correspondían al obispo: quod quidem non est mirum id praecepisse uirum ecclesiasticis disciplinis ignarum et statim a saeculari militia in sacerdotale ministerium delegatum. (cf. Pérez de Urbel, Los monjes españoles en la edad media, I, p. 288).
3. Hasta fines del siglo VI el cuerpo de San Zoilo permaneció en el cementerio de extranjeros de Córdoba que estaba fuera de la ciudad en el Vico Cris.
4. Agapio transportó las reliquias a la Basílica Parvula de San Félix.
5. A principios del siglo VII se atribuye la fundación de la basílica de San Zoilo, en el Vicus Tiraceorum -barrio de los bordadores, Rabad Attaarrazín (Simonet, Historia, p. 331). Se fundó después un Collegium Clericorum que floreció y destacó por la santidad de sus miembros, entre ellos los abades Eulogio y Samsón.

 

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