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TEXTOS LITÚRGICOS

RITO HISPANO-MOZÁRABE

Pasionario

 

PASIONARIO HISPÁNICO (*)

Martirio de Santiago el Menor. Maestro del epitafio de FLorián Winkler (c. 1477). Museo de Bellas Artes de Budapest

IACOBI FRATRIS DOMINI

SANTIAGO, PARIENTE DEL SEÑOR

1 Vita vel Passio sancti Iacobi apostoli et fratris Domini, sumta de Storia eclesiastica sancti Eusebii Cesariensis episcopi; die quinto kalendas ianuarias.
R/. Deo gratias.

2. In diebus illis, iudei Iacobum fratrem Domini imanitatem nequitie sue verterunt, cui episcopalis in Ierosolymis delata ab apostolis fuerat sedes. Susceperat, inquit, eclesiam cum apostolis frater Domini Iacobus, qui ab omnibus cognominatus est Iustus, ab ipsius Domini temporis perdurans usque ad nos; et multi quidem Iacobi vocati sunt, sed hic ex utero sue matris sanctus fuit: vinum et siceram non bivit, sed neque animal manducavit; ferrum in caput eius non ascendit; oleo non est perunctus; balneis non est usus; huic soli licebat ingredi Sancta Sanctorum; neque laneo utebatur indumento, sed tantum sindone; solus ingrediebatur templum, et  iacebat super genua sua, orans pro populi indulgentia, ita, ut orando, callos faceret in genibus ad modum cameli, semper genua flectendo, nec umquam ab oratione cessando. Itaque pro incredibili continentia et summa iustitia appellatus est Iustus. Et ob alias, quod est interpretatum monumentum populi et iustitia, sicut et prophete indicaverunt de eo.

3. Quidam ergo de septem heresibus, que erant in populo, interrogabant eum quod esset ostium Iesu? At ille dicebat: Hunc esse salvatorem; ex quibus aliquanti crediderunt quia Iesus est Christus. Ille autem hereses, quas supra diximus non crediderunt neque resurrexisse eum neque venturum esse, ut retribuat unicuique secundum opera sua. Qui vero crediderunt, per Iacobum crediderunt. In quibus, quum multi etiam ex principibus credidissent, perturbatio erat iudeorum et scribarum ac phariseorum, dicentium: Nicil iam superest quin omnibus populus credat in Iesum quod ipse est Christus.

4. Convenientes igitur ad Iacobum, dicebant ei: Oramus te ut revoces populum, quia ecce errat in Iesu, putans quod ipse sit Christus. Deprecamur ergo te, ut suadeas omnibus convenientibus in die Pasche de Iesu; tibi enim omnes obtemperamus, et de te testimonium ferimus, quia iustus es, et personam nullius accipis. Ascende itaque excelsum locum pinne templi, ut. in edito positus, appareas omnibus, et verba tua audiantur a cunctis, quia in diebus Pasche convenit et iudeorum et gentilium multitudo.

5. Statuerunt igitur supradicti scribe et pharisei Iacobum supra pinnam templi, et voce magna clamantes, ad eum dicunt: Virorum iustissime cui omnes nos obtemperare debemus, quoniam populus errat in Iesu, qui crucifixus est, enuntia nobis quod sit ostium Iesu. Tunc Iacobus ad eos ingenti voce respondit: Quid me interrogatis de Filio hominis? ecce ipse sedet in celo a dextris summe virtutis, et ipse venturus est in nubibus celi. Quumque hac responsione et testimonio Iacobi multis satisfactum esset, et libenter audissent, que Iacobus protestatus est, ceperunt glorificare Deum, et dicere: Hosianna, Fili David. Tunc rursum ipsi scribe et farisei ceperunt ad invicem dicere: Male fecimus tale testimonium prestare Iesu; sed ascendamus et precipitemus hunc deorsum. ut ceteri terreantur, et non ei credant. Similiter et magna voce clamaverunt, dicentes: O, et Iustus erravit. Et conpleverunt Scribturam, que in Salomone scribta est, dicentem: Auferamus iustum, quia inutilis est nobis.

6. Ascenderunt ergo et precipitaverunt eum, et ceperunt eum urgere  lapidibus. Quo deiecto, non solum mori non potuit, sed conversus, et super genua sua procumbens, dicebat: Rogo, Domine Deus Pater, remitte eis peccatum: non enim sciunt quid faciunt. Quumque eum talia orantem desuper lapidibus perurgerent, unus ex sacerdotibus de filiis Recab, fili Recabin, de quibus Ieremias propheta testatur, exclamavit, dicens: Parcite, queso, quid facitis? Pro vobis orat iustus iste, quem lapidatis. Et unus ex ipsis, fullo, arrepto fuste, in quo res exprimere solent, cerebro eius inlisit, et tali martyrio consummatus est, ac sepultus in eodem loco prope templum. Hic est, qui extitit veritatis testis iudeis et gentibus, quia Iesus est Christus.

7. Cui est honor et gloria, virtus et imperium in secula seculorum.
R/. Amen.

1 Vida y pasión de Santiago apóstol, pariente del Señor, según la Historia Eclesiástica de san Eusebio de Cesarea, obispo; a 28 de diciembre.
R/. Demos gracias a Dios.

2. En aquellos días, los judíos se dirigieron contra Santiago, el hermano del Señor, a quien los apóstoles entregaron el trono del episcopado de Jerusalén. Santiago, el hermano del Señor, es el sucesor, con los apóstoles, del gobierno de la iglesia. A éste todos le llaman "Justo" ya desde el tiempo del Señor y hasta nosotros, porque muchos se llamaban Santiago. No obstante, sólo él fue santo desde el vientre de su madre; no bebió vino ni bebida fermentada; ni tocó carne; no pasó navaja alguna sobre su cabeza ni fue ungido con aceite; y tampoco acudió a los baños públicos. Sólo él tenía permitido introducirse en el santuario, porque su atuendo no era de lana, sino de lino. Asimismo, únicamente él entraba en el templo, donde se hallaba arrodillado y rogando por el perdón de su pueblo, de manera que se encallecían sus rodillas como las de un camello, porque siempre estaba prosternado sobre sus rodillas orando sin cesar. Por la exageración de su justicia le llamaban "Justo" y "Oblías, que significa "protección del pueblo y justicia", del mismo modo que los profetas dan a entender acerca de él.

3. Algunas de las siete sectas del pueblo, procuraban aprender de él acerca de la puerta de Jesús, y él les decía que se trataba del Salvador. Unos cuantos de ellos creyeron que Jesús era el Cristo. Pero las sectas, a las que hemos aludido, no creyeron en la resurrección ni en su inminente regreso para pagar a cada uno según sus obras. No obstante, todos los que creyeron lo hicieron por medio de Santiago. Muchos fueron los convertidos, incluso entre los principales, y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los fariseos, y decían que el pueblo peligraba creyendo que Jesús era el Cristo.

4. Reuniéndose entonces ante Santiago le decían: «Te lo rogamos: sujeta al pueblo, pues se encuentran engañados acerca de Jesús y creen que él es el Cristo. Te rogamos que aconsejes, acerca de Jesús, a cuantos acudan el día de la Pascua, pues todos te obedecemos. Porque nosotros y todo el pueblo damos testimonio de que tú eres justo y no haces acepción de personas. Mantente en pie sobre el pináculo del templo, para que desde esa altura todo el pueblo te vea y oiga tus palabras,  ya que por la Pascua se unen todas la tribus, incluyendo a los gentiles».

5. De este modo los aludidos escribas y fariseos colocaron a Santiago sobre el pináculo del templo, y estallaron a gritos diciendo: «¡Tú, el Justo!, al que todos nosotros debemos obedecer, explícanos cuál es la puerta de Jesús, pues todo el pueblo está engañado, siguiendo a Jesús el Crucificado». Entonces Santiago contestó con voz potente: «¿Por qué me interrogáis acerca del hijo del hombre? ¡El está en el cielo sentado a la diestra del gran poder, y pronto vendrá sobre las nubes del cielo!» Y muchos creyeron de corazón y, por el testimonio de Santiago, alabaron diciendo: «¡Hosanna al hijo de David!». Pero entonces, de nuevo los mismos escribas y fariseos comentaban: «Hemos actuado erróneamente al procurar un testimonio tan grande en contra de Jesús, pero subamos y arrojemos a éste, para que se confundan y no crean en él». Así, gritaban diciendo: «¡Oh!, ¡oh! también el Justo anda en error», y con este acto cumplieron la Escritura en Isaías: "Saquemos al Justo, porque nos es embarazoso".

6. Entonces subieron y lo lanzaron abajo, y empezaron a apedrearlo, pues no había muerto al ser arrojado. Pero él, volviéndose, hincó las rodillas diciendo: «Señor, Dios Padre, te lo suplico: perdónalos, porque no saben lo que hacen». Mientras lo apedreaban, un sacerdote de los hijos de Recab, hijo de Recabín, de los que el profeta Jeremías dio testimonio, rompió a gritar diciendo: «Deteneos, ¿qué hacéis? El Justo pide por vosotros». Y cierto hombre entre ellos, un batanero, le golpeó en la cabeza con el mazo que usaba para batir las prendas, y de este modo se consumó el martirio. Y allí le enterraron al lado del templo. Fue un testigo verdadero para los judíos y griegos de que Jesús es el Cristo.

7. De quien es el honor y la gloria, el poder y el imperio, por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

 


NOTAS

*. Texto latino: Fábrega Grau, Ángel, Pasionario Hispánico, Vol. II. Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Instituto P. Enrique Flórez. Monumenta Hispaniae Sacra. Serie Litúrgica, Vol. VI. Madrid-Barcelona, 1955, pp. 98-100.
Traducción: Cf. Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica. Libro 2, capítulo XXIII. Editorial CLIE, 1988.

 

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